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9.9.14

Yo debería pintar...



24 de junio [1959]

Yo debería pintar. La literatura es tiempo. La pintura es espacio. Y yo odio el tiempo y querría abolirlo. Pero ni la pintura. Hablo de poder expresarme en un arte que fuera como un aullido en lo oscuro, terriblemente breve e intenso como la muerte.



***
Texto: Alejandra Pizarnik. Diarios (Lumen).
Imagen: fotografía de Alejandra Pizarnik tomada del blog Rayuela, el loco.

2.9.14

En el sueño...


En el sueño el rey moría de amor por mí.



***
Texto: fragmento del poema "Extracción de la piedra de locura" del libro homónimo.
Foto: tomada del Tumblr de Rayuela, el loco.

17.6.14

A Musical Hell


They strike with suns

Nothing couples with anything here

And with so much carrion in this graveyard for the sharp bones of my memory

And with so many nuns who rush like crows to poke between my legs

All these fragments rend me

Impure dialogue

A desperate expulsion of verbal matter

Free unto herself

Shipwrecking into herself



***
Texto: traducción del poema "El infierno musical" tomada del libro A Musical Hell. Traducción de Yvette Siegert.
Fotografía: tomada del Pinterest de MarlynWorld.

3.4.14

De Pizarnik para Cortázar y viceversa (Cortázar de la A a la Z)


Abril, 1970

a Julio
para que no nos
coman los búfalos
del silencio ni "las
medusas del olvido".
Espero inmensa foto
tuya para mí sola.
(Esta es una de 
mis caras secretas)

Love
Alejandra




***
Imagen 1: reproducción de una de las hojas del álbum Cortázar de la A a la Z; a la derecha se reproduce una carta de Cortázar para Pizarnik, donde el cronopio mayor adjunta un poco de su cabello.
Texto: escrito al reverso de un retrato de Pizarnik para Cortázar.
Imagen 2: detalle de una de las imágenes de la hoja del álbum: Alejandra sonriendo.

31.3.14

Octavio Paz y Alejandra Pizarnik

En el marco de la celebración del centenario del nacimiento del escritor Octavio Paz (31.3.1914- 19.4.1998), copiamos su prólogo al poemario Árbol de Diana (1962) de Alejandra Pizarnik. Asimismo, agregamos la traducción al inglés realizada por Joseph Mulligan del blog The Smelting Process.


ÁRBOL DE DIANA de Alejandra Pizarnik. (Quím.): cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de la realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemencia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, pecíolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit. y Etnogr.): los antiguos creían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como el sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. Señalemos, sin embargo, los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas.): escudo de armas parlantes. (Fís.): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada. Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente, los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

Octavio Paz
París, abril de 1962


TREE OF DIANA by Alejandra Pizarnik. (Chem.): verbal crystallization by amalgamation of passionate insomnia & meridian lucidity in a solution of reality subjected to the highest of temperatures. The compound does not contain any deceitful particle at all. (Bot.): the tree of Diana is transparent & gives off no shade. It has its own light, twinkling & brief. It is born in the arid regions of America. The hostility of the climate, the inclemency of the discourses & shouting matches, the general opacity of the thinking species, its neighbors, due to a phenomenon of well-known compensation, stimulates the luminous properties of this plant. It has no roots; the stalk is a cone of slightly obsessive light; the leaves are small, covered by four or five lines of phosphorescent writing, elegant & aggressive buds, toothed edges; the flowers are diaphanous, the females separated from the males, the first axillary, almost somnambulant & solitary. The latter ones in beards, thistles and, more rarely, thorns. (Myth. & Ethno.): the ancients believed that the arc of the goddess was a branch dangling from the tree of Diana. The scar of the trunk was considered as the (feminine) sex of the cosmos. It may refer to a mythical Fig Tree (the sap from the branches is milky, lunar). The myth may allude to sacrifice by dismemberment: an adolescent (male or female?) was chopped apart each new moon, in order to stimulate the reproduction of the images in the mouth of the prophetesses (archetype of the union of the lower & upper worlds). The tree of Diana is one of the masculine attributes of the feminine deity. Some see in this the supplementary confirmation of the hermaphroditic origin of gray matter and, perhaps, all matter; others deduce that it is a case of expropriation of the masculine solar substance: the rite would only be a ceremony of magical mutilation of the primordial ray. In the current state of our understanding, it is impossible to decide on any of these hypotheses. Let us point out, however, that the participants afterward ate incandescent embers—a custom that persists in the present day. (Blaz.): a talking coat of arms. (Phys.): for a long time the physical reality of the tree of Diana was denied. In effect, due to its extraordinary transparency, few can see it. Solitude, concentration & a general refinement of one’s sensibility are indispensable requisites for the vision. Some people, with a reputation for being intelligent, complain that, despite their preparation, they see nothing. In order to dispel their error, it suffices to recall that the tree of Diana is not a body that one may see: it is an (animate) object that allows us to see beyond, a natural instrument of vision. In any case, a small test of experimental criticism will, effectively & definitively, lay to rest the prejudices of the contemporary illustration: placed facing the sun, the tree of Diana reflects its rays & joins them in a central filament called a poem, which produces a luminous heat capable of burning, smelting & even volatilizing the non-believers. This test is recommended to the literary critics of our language.

Octavio Paz
Paris, April of 1962



***
Imágenes: Octavio Paz y Alejandra Pizarnik en sus respectivas bibliotecas.
Texto original: Árbol de Diana (1962).
Texto traducido: tomado del blog The Smelting Process de Joseph Mulligan.

15.3.14

habla al gran espacio vacío...


habla al gran espacio vacío
en donde corre una niña
que ya no reconoces

sólo deseo no tener nada con nada



***
Imagen: fotografía de la Embajada Argentina.
Texto: "Aproximaciones (Buenos Aires 1956-1958)" en Poesía completa, Lumen.

13.8.13

Mi sueño es un sueño sin alternativas...


Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar.



***
Texto: frase de "Extracción de la piedra de locura" del libro Poesía completa (Lumen).
Imagen: tomada de Alejandra Pizarnik, una biografía de Cristina Piña.

21.7.13

Crepúsculo de domingo...


29 de julio [1961]

Crepúsculo de domingo. Las horas me arrastraron con una monotonía brutal. En principio: la palabra domingo es muy fea, no sólo por lo que evoca sino por su sonido, y sobre todo, por lo que no evoca. Pero aun dentro del domingo, aun comprimida dentro de una palabra muy fea, es preciso hacer lo siguiente:

1) Descalzarse; meterse en la cama con diligencia y vivacidad como una carta saltando dentro de un sobre; pasarse la lengua; cerrarse, estampillarse y partir.
2) A los cinco minutos te devuelven la carta. Destinatario desconocido.
3) Que se vayan a la mierda.
4) Comienza la agonía dominical. Qué hacer. Qué deshacer. ¿Qué libro leer, hypocrite lecteur?


***
Imagen: obra de Alicia Besada.
Texto: Alejandra Pizarnik. Diarios (Lumen).

6.6.13

Figuras y silencios


Manos crispadas me confinan al exilio.
Ayúdame a no pedir ayuda.
Me quieren anochecer, me van a morir.
Ayúdame a no pedir ayuda.


***
Texto: Extracción de la piedra de locura (1968).
Imagen: tomada de "Recordando a Alejandra Pizarnik" en la página Poemas del alma. Esta es una de las últimas fotografías de Alejandra Pizarnik.

29.4.13

Natalicio de Alejandra Pizarnik 2013



no más las dulces metamorfosis de una niña de seda


***
Texto: fragmento del poema 12 del libro Árbol de Diana (1962).
Imagen: Alejandra Pizarnik de niña, tomada de Librería del Centro y alterada en "pincel seco".

8.3.13

Me adueñé de mi persona...


Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.



***
Texto: fragmento del poema "Extracción de la piedra de locura" (1964) en Alejandra Pizarnik. Poesía completa (Lumen).
Imagen: Alejandra Pizarnik, tomada de Google.

14.12.12

Debajo está ella, Alejandra

¿Poeta maldita o libretista de su propio mito? A 30 años de su muerte, los nuevos rostros del nombre mas enigmático de la literatura argentina.



Por Raquel Garzon.                                                                                                                                                                                              
Cuentan que cuando Alejandra Pizarnik era ya una poeta de culto, un joven escritor quiso homenajearla con un ramo de lilas, flores emblemáticas de su literatura. Casi sin mirarlo, la autora lo apartó como se despeja al no iniciado de las puertas de un club exclusivo: su devoción por esas flores, se sabía, era puramente literaria. Episodios como éste, en los que el "personaje alejandrino" (mítico ropaje de ficción) se confunde con la mujer blanca, menuda y de ojos verdes de las fotografías, explican que a treinta años de su muerte, Alejandra Pizarnik (1936-25 de septiembre de 1972) siga siendo el nombre más enigmático de la literatura argentina. Un misterio que crece ante la constatación vergonzante de que hoy no existen ediciones de Pizarnik en el país, salvo remanentes en librerías de viejo, porque las recientes publicaciones españolas se agotaron o nunca fueron traídas. Actualmente un conflicto de derechos mantiene demorada la impresión local de su Prosa completa, aparecida en enero en España.

Su obra ("una escritura densa y llena de peligros a causa de su diafanidad excesiva", como ella la definió en un reportaje de 1964), su vida (que terminó una noche en que los barbitúricos, por error o voluntad, fueron demasiados) y su leyenda (alimentada por el ideal surrealista de fusionar vida y literatura) han sido recitadas por devotos en trance y analizadas con lupa por la crítica, que la ha encontrado genial o kitsch, según el viento. En Internet, sus señas disparan 3.107 ofertas entre websites en varias lenguas, reseñas y papers.

¿Quién fue Pizarnik? ¿La transgresora que coquetea con la obscenidad en La bucanera de Pernambuco o la poeta de las palabras "puras", aprendidas en la tradición francesa? ¿La seductora de conversación deslumbrante y dicción de metrónomo o la tímida que, tras sorprender con un beso apasionado al escritor Ricardo Zelarayán, alegaba que había sido "un beso por prescripción médica", para exorcizar deseos lésbicos? ¿La "pequeña náufraga" de la leyenda o la hábil libretista de su propio mito que pinta César Aira en una biografía española, jamás importada a la Argentina? ¿La posesa que escribía durante 14 horas, anotando con colores rabiosos cada libro (como revela su biblioteca, un tesoro escondido en el barrio de Barracas) o la que dudaba de "la importancia de ''ganarse la vida'' una misma"?

En su biografía de AP (Corregidor), Cristina Piña distingue no menos de tres Alejandras adolescentes: la desenvuelta entre amigos; la silenciosa, que ya presiente un lazo con la escritura, y la que en los tiempos de la Facultad de Filosofía y Letras coteja hallazgos con Juan Jacobo Bajarlía, su mentor, mientras espera la aparición en 1955 de La tierra más ajena, su primer libro (del que luego renegará religiosamente). Están además los rostros de las infinitas cartas que escribió, mezclando poemas con dibujos, desde Buenos Aires, Miramar, París entre 1960 y 1964, quizá la época más feliz de su vida, y luego, al regreso. Reunidas por Ivonne Bordelois en Correspondencia Pizarnik (Seix Barral), revelan una Alejandra calidoscópica, tan dada al ruido y la bohemia como a la melancolía. Expurgado con celo —muchos de los nombrados aún caminan—, este epistolario testimonia amistades, blanquea pasiones —sus amores con Silvina Ocampo se llevan el primer puesto— y ofrece una bitácora de época.

A lo ya publicado y agotado, se sumaron de 2000 a esta parte textos que encarnan dos nuevas versiones: la Pizarnik sin cortes de Obra Completa (Lumen) y una breve biografía de César Aira (Omega), ambos publicados en España. La edición de la obra completa llevó veinticinco años. Esos avatares son contados por primera vez por la poeta Ana Becciú, protagonista de esa conjura positiva y factótum de las nuevas ediciones (pág. 3).

Poesía completa, el 1er. tomo, llegó a la Argentina en 2001, pero hoy es inconseguible. Sudamericana la reeditará en diciembre con pie de imprenta argentino. El 2ø, Prosa está demorado. A modo de anticipo, la escritora Ana María Moix lo "lee" para esta edición (pág. 4).

Del otro lado del mar, por la devaluación y la falta de olfato, quedó Alejandra Pizarnik, la biografía de Aira escrita para la colección de Vidas Literarias que dirige la novelista española Nuria Amat. Provocativa y personal, esta versión de Pizarnik garantiza comidilla cuando llegue al Plata. No porque sume información nueva o secreta (de hecho, Aira desestimó la chance de consultar los diarios de AP), sino por su punto de partida —la construcción deliberada del "personaje alejandrino"— y por el tono usado para narrar lo que se elige contar (cuando menos, ligero). En una maratón de 76 páginas se habla de fragilidad psíquica, plagio, adicción a pastillas de distinto tipo y "dificultad de vivir" como elementos usados por Pizarnik para armar su "mito de escritora" maldita (un concepto temprano del autor de Varamo).

Puesto a reconstruir la vida social de Pizarnik, Aira demuele a todo el campo poético de la época. En una operación provocativa típica de la vanguardia, donde resuenan los famosos "Epitafios" de la revista Martín Fierro, carga contra Raúl Gustavo Aguirre, fundador de Poesía Buenos Aires: "Uno de esos hombres angélicos que terminan volviéndose el centro de un amplio círculo porque nadie se decide a hablar mal de ellos". Oliverio Girondo y Norah Lange aparecen como dos divertidos empinadores del codo, Octavio Paz es una "pomposa mediocridad" y Roberto Juarroz, un mal alumno de Antonio Porchia. Luego, suma a Olga Orozco, Enrique Molina, J. J. Ceselli y los despacha en lote: "No eran jóvenes y llevaban apacibles vidas burguesas. (...) Pizarnik, con su cultivado aire de adolescente definitiva, su falta de empleo y sus vagas promesas de autodestrucción, fue adoptada por todos ellos con entusiasmo unánime. (Todos la sobrevivieron, y ninguno dejó pasar la ocasión de dedicarle un poema a su cadáver)."

Aunque la distinga como el último lujo de la literatura argentina, Aira presenta a Pizarnik como una niña eterna, mantenida de sus padres (inmigrantes judíos llegados de Rovne en el 34), torturada por el insomnio y el miedo a la locura. Un identikit de leyenda, incluso contra la intención declarada del autor, que en un brillante libro previo sobre la poesía de AP (Alejandra Pizarnik, Beatriz Viterbo), se había propuesto valorar la obra y erradicar el mito de la escritora suicida.

El personaje Pizarnik, por cierto, existía. Tomándose el pelo a sí misma, AP daba cuenta de él: "Me siento aún adolescente pero por fin cansada de jugar al personaje alejandrino", escribe en los 60 desde París a León Ostrov, su primer psicoanalista, con quien mantuvo una profusa correspondencia (ver pág. 12). De esa época data el proyecto Fragmentos de un diario, París 1962-1963, que se suma a los diarios que Pizarnik llevó entre 1954 y 1972. En ellos, la crítica Nora Catelli rastrea huellas de autores interpelados y asimilados en "bibliotecas paralelas. " Para Catelli, esta obra es única en nuestra lengua. (ver pág. 5)

El grueso de los papeles de Pizarnik se encuentra hoy en la Universidad de Princeton, EEUU. Pero en la Argentina quedan algunos tesoros. Pablo Ingberg, escritor y periodista, cuenta cómo en 1987 la biblioteca de Pizarnik llegó a su casa. "Yo trabajaba con Mario Nesis, sobrino de Pizarnik, en el Banco Central. Un día Mario me dice que había muerto su abuela, Rosa Brommiker, y que su madre —Myriam, única hermana de Alejandra— estaba pensando en donar la biblioteca. Me ofrecieron que eligiera algunos libros. Contraoferté: ''Elijan ustedes los que quieran donar, yo me llevo el resto''". Anotaciones de puño y letra , citas y comentarios son algunas de las sorpresas que depara esta joya en la que pueden rastrearse asombros y preferencias (Lautréamont, Ginsberg...).

Cada uno de estos textos aporta una pieza al rompecabezas Pizarnik, aún incompleto. Bromista lujosa, quizás AP reiría de quienes se debaten entre persona y personaje, encendería un cigarrillo para contrariar al asma que la acompañó toda la vida, y aguardaría el final del puzzle: en Diarios, hoy en suspenso a raíz de la salida de Esther Tusquets de Lumen, están los secretos y los nombres que faltan. Hasta entonces, la mejor tajada es del silencio.


***
Texto: escrito por Raquel Garzón y tomado del blog Escritores "malditos" de todos los tiempos.
Imagen: periódico de la época.

2.12.12

Alejandra Pizarnik revisitada por Luis Benítez

Uno de mis amigos de mayor edad tuvo con ella una relación sentimental: la describe como adorable, extraordinaria e insoportable. Había que turnarse para lograr que se durmiera en el departamento de la calle Charcas, en Buenos Aires, siempre aterrorizada por la posibilidad de que su madre viniera a invadir su espacio. Había que estar atento al teléfono aguardando la repetida noticia: "Alejandra se suicidó" de vuelta, hasta que un día de 1972 la casi rutinaria advertencia se volvió realidad. La conocí en el bar de la Sociedad Argentina de Escritores, ese mismo año. Fue la única vez que la vi: medía un metro y medio y no dejaba de hacer citas literarias hasta el hartazgo. Cuando murió, empezó a ser canonizada lentamente y hoy es una leyenda explotada hasta el límite: todos la trataron, todos fueron sus amigos íntimos, todos tienen la clave de su poesía. Era una poeta auténtica y le tocó la suerte que se puede esperar cuando el talento es ”reconocido”: la incorporación al panteón, previa desfiguración ritual. 


La hija del “cuentenik” de Avellaneda

Fernando es hoy un hombre que pasó de la madurez. Hace más de veinticinco años podía tomar vodka toda la noche, en su departamento del barrio de Congreso, en el centro de Buenos Aires. Tiene todavía un don, Fernando: puede uno instalarse frente a él, sintonizarlo, y escuchar por vía directa la verdad respecto de cómo era la vida literaria cuando tenía 30 años y frecuentaba a Alejandra Pizarnik.

Explicaba Fernando hace más de dos décadas, a las dos de la mañana, que su relación con Alejandra era bastante difícil. Para empezar, la Pizarnik era alguien imprevisible y muy escurridizo.

Alejandra era la hija menor de un cuentenik de Avellaneda, una ciudad pegada a la de Buenos Aires hasta el punto de parecer su misma continuación.

Esta palabra cuentenik, en yiddish, designaba a uno que vendía mercancía de puerta en puerta, en varias cuotas. Hoy ese oficio ha desaparecido, gracias a que nadie le abre la puerta a nadie en Avellaneda ni en ninguna otra parte, pero en los ´30 y en Avellaneda, eso era algo habitual. El señor Pizarnik había emigrado de la URSS buscando barrios mejores y en el exilio, lo mejor era encontrar un sitio donde la colectividad judía no fuera demasiado ultrajada.

Esa Avellaneda, donde la colectividad era lo suficientemente abundante y poderosa como para no ser molestada por las fuerzas en movimiento en el resto del mundo, era el sitio adecuado. El señor Pizarnik se estableció allí e incluso prosperó: vendiendo puerta a puerta ropa barata y manteles de ocasión, alcanzó a establecerse y hasta a comprar un departamento en la calle Lambaré, a una cuadra de la avenida Mitre, donde nació su primera hija, Miriam, que sigue casi tan pelirroja como entonces y tiene 75 años y vive en Buenos Aires. Curiosamente, apunto, la casa de Alejandra Pizarnik distaba pocas cuadras de la de la infancia de otro bienaventurado de la poesía argentina, Néstor Perlongher, hijo de un taxista de Avellaneda.

La esposa del señor Pizarnik, mientras él era tan querido y afable, demostraba un carácter hostil en general: para la época en que nació su segunda hija, Flora Alejandra, todo el barrio le temía -más o menos- hasta que la relación de esposo bien recibido/señora terrible explotó. La mujer comenzó a exacerbar su batalla contra el entorno y especialmente contra sus vecinos inmediatos, los del mismo edificio, a quienes acusó de robarles el agua a ella y a su familia, mientras unas irregularidades en el suministro del líquido municipal atormentaban a toda Avellaneda.

El reparo por lo que fueran a decir sus vecinos llevó al señor Pizarnik a poner tierra de por medio entre tanta discordia: se mudaron al cercano barrio de Barracas, a un departamento en la avenida Montes de Oca. Para ese entonces el antiguo cuentenik había prosperado bastante más, pues alquilaba algunos locales propios de la calle Vélez Sarsfield, en Avellaneda. Cuando sus inquilinos se llegaban a la casa de Montes de Oca a pagarle la renta, eran recibidos por el propietario con el dedo índice sobre los labios y una advertencia: “Shhh, hable por favor en voz baja, que Alejandrita está al lado con los profesores”. Aquel inmigrante modestamente enriquecido, así prevenía sobre molestar a su desgarbada, huraña y hasta extraña hija menor, que recibía en la habitación contigua a gente mayor que ella: poetas, narradores, ensayistas -Alejandra aún no había terminado la secundaria- que la iban formando en aquella no menos extraña afición que no terminaba de comprender: la de escribir versos.

A esas reuniones sigilosas acudía también su terapeuta desde hacía años, León Ostrov, dejándose ganar por el magnetismo de aquella adolescente que, desde entonces, quería ser poeta.

Sin embargo, en aquel entonces susurrado entre inquilinos y propietario, éste -porque nuestros padres, a su manera y leal entender, lo que quieren para nosotros es lo mejor aunque a su propia escala siempre- lo único que deseaba al despedir a sus inquilinos y confidentes era “que Alejandrita, Dios lo quiera, se case cuanto antes”.

Alejandrita se convierte en Pizarnik


Para la memoria de los vecinos de Avellaneda la imagen un poco desdibujada de Alejandra Pizarnik no es demasiado agradable: una chica decididamente fea, pero además antipática, tímida hasta el exceso, “rara”. Rara porque no se daba casi con nadie y cuando se fue a Europa nadie volvió a saber de ella. Más o menos por ahí, por esa época, Alejandrita comenzó a ser Alejandra Pizarnik.

De hecho, precisaba alejarse definitivamente de todo aquello que constituía su historia y su barrio. Para Alejandra, este paso  estuvo dado por su ingreso, en 1954, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde acudía tomándose el colectivo para atravesar el Rubicón entre el pasado y lo que hoy podemos llamar su posteridad.

Primeros libros y amistades literarias


Un año después de ingresar a la facultad la abandona y publica su primer libro: La Tierra Más Ajena, en Ediciones Botella al Mar, aquella que dirigía el poeta español Arturo Cuadrado. Se trata de un libro pequeño en páginas e intenso en versos, ilustrado con grabados de Seoane. En su tapa rústica y rojiza, se leen los nombres de Pizarnik completos: Flora Alejandra, y sería la última vez que firmaría así sus libros.

Aunque sea de ella, es un primer libro, donde aquellos elementos que la llevarían a ser una de las voces más importantes de la poesía argentina del siglo pasado aún están en ciernes. Leerlo es como verla detrás de un espejo empañado. Inclusive, la autora luego le negará a La Tierra Más Ajena el más mínimo reconocimiento, aunque sí, ella ya está en sus páginas.

Abandonada la carrera de Letras, Alejandra se entregará al estudio de la pintura, acudiendo con sus óleos y sanguinas al taller del maestro Juan Battle Planas: no se destacó precisamente como artista plástica, es cierto, pero también es cierto que conservó toda su vida -como André Breton- el gusto por el dibujo y la pintura. Internada años después en el Moyano, se hizo amiga de una artista plástica cabal: Aída Carballo, y conservó aquella amistad labrada en circunstancias trágicas hasta el mismo día de su muerte.

Por otra parte, el conocimiento de la pintura le reportó a Pizarnik un beneficio para su obra literaria: contribuyó a perfeccionar su modo de distribuir el texto -entendido como imagen- sobre la página, al estilo de los célebres Caligramas de Guillaume Apollinaire; un recurso del que abusarían luego los poetas concretistas.

En 1956 publicaría La Ultima Inocencia, un nuevo volumen de versos -más depurados, más suyos- dedicado a su terapeuta, León Ostrov.

Las Aventuras Perdidas se editó en 1958, coincidiendo con el inicio de su amistad con Olga Orozco, también prolongada hasta su desaparición. Por entonces ya frecuentaba asiduamente a otros poetas, como Rubén Vela y Raúl Gustavo Aguirre, este último director de la revista Poesía Buenos Aires, donde habían aparecido publicados algunos poemas de Alejandra. También se relacionó por aquellos años con Susana Thénon, H.A. Murena (seudónimo de Héctor Alvarez), Eduardo Romano, Elizabeth Azcona Cranwell, Horacio Salas, José “Pepe” Bianco -secretario de redacción de la revista Sur- y Alberto Girri. Para ese entonces el tema de la desesperación y el de la muerte ya se iban marcando decididamente en su poesía, aunque sin jugar con estas ideas desde el humor negro, como lo haría después, sino reducida su óptica todavía a una visión trágica de los mismos.

Por esa época se produjo la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, por quien la autora sentía una pasión muy honda, y el hecho no dejó de acentuar su depresión y pesimismo, que luego se volverían extremos.

París, 1960-1964

Los cuatro años que Pizarnik residió en Francia parecen haber sido los de un florecimiento personal: de hecho, algunos de sus mejores poemas los escribió en París, mientras se las arreglaba para sobrevivir con estrecheces, gracias a un mínimo aporte de su familia y a colaboraciones en Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, Les Lettres Nouvelles, la Nouvelle Revue Française y otras publicaciones donde su presencia era más esporádica. Es en la capital francesa donde establece sólidos vínculos amistosos con el mexicano Octavio Paz y el argentino Julio Cortázar, así como con la esposa de este último, Aurora. También frecuenta el trato de los poetas Yves Bonnefoy y Henri Michaux. Recordemos que la primera y hoy inconseguible edición de Arbol de Diana, editado durante la etapa francesa de Pizarnik (1962) lleva un prólogo del propio Paz.

La fatal Buenos Aires

Vuelta a Buenos Aires a finales de 1964, ya su ánimo se ensombrece y de ello da cuenta su siguiente volumen poético, Los Trabajos y los Días (1965), donde el clima desesperado se plasma en versos de un gran rigor y factura, de los mejores que escribió Pizarnik. La concisión que es una marca de su obra alcanza en Los Trabajos y los Días una de sus cumbres y no es extraño que ya tres generaciones literarias hayan “abrevado” de este libro con resultados tan dispares como los que marca el talento necesario para elegir una influencia y vérselas con el logro de la propia obra después.

Por aquel entonces, los poemas de Pizarnik ya iban alcanzando una notable difusión, no sólo a través de sus contactos en Europa, sino también por la publicación de poemas suyos en revistas de varios países latinoamericanos.

Con Los Trabajos y las Noches -un juego, su título, con el del clásico Los Trabajos y los Días, de Hesíodo- Pizarnik alcanza el Primer Premio Municipal de Literatura en la categoría Poesía Edita, así como el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. El Premio Municipal de Poesía significó para ella algún ingreso constante, al estar dotado de una pensión vitalicia, pero de todos modos sus problemas económicos, aunque amenguados, continuaron hasta el final.

Por esos tiempos, cuando ya vivía en el departamento de la calle Charcas donde iba a poner fin a sus días y que era propiedad de su madre, Alejandra colgaba de las paredes  disfraces que de tanto en tanto lucía -frente a amigos y dicen que también a solas-. En esta nueva etapa la poeta fue agudizando el desorden de su personalidad, en una caída atenuada de tanto en tanto por súbitos fogonazos de aquello que llamamos -a falta de una descripción mejor- “estar en la realidad”. De todos modos, se produjeron tres internaciones siquiátricas en siete años, jalonadas por la publicación de Extracción de la Piedra de la Locura (1968), El Infierno Musical (1971) y en este mismo año, La Condesa Sangrienta, un texto prosístico que evoca como pre-texto a Madame Bathory, la versión femenina de Drácula, personaje presuntamente histórico que le sirve a Alejandra para realizar una fantástica proyección sobre páginas cargadas de vampirismo, alienación, sadomasoquismo.

De esta época, mi amigo Fernando recuerda que el grupo de sus conocidos se turnaba para hacer dormir a Alejandra, para lo cual había que contarle cuentos o leerle poemas, para retirarse después como del cuarto de un niño. Siempre según la fuente, lo que más temía Alejandra era la irrupción de su madre, aquella señora que en la infancia de la poeta había logrado que toda la familia se mudara por mantener ella reyertas con todo el vecindario.

También recuerda Fernando que los intentos de suicidio de Alejandra no fueron pocos: algunos ya no le creían cuando los anunciaba. Como en Pedro y el lobo, aquella narración infantil, finalmente el lobo apareció el 25 de septiembre de 1972, con una garra llena de seconal. Una semana después, en Buenos Aires, todavía varias personas descreían de que Alejandra Pizarnik, en una salida de su última internación, se había suicidado para siempre en primavera.


***
Texto: escrito por Luis Benítez y tomado de Espacio latino.com.
Imagen: tomada del libro Biografía. Alejandra Pizarnik de Cristina Piña.

14.11.12

8 preguntas a escritoras, actrices, mujeres de ciencia, de las artes, del trabajo social y del periodismo*


1. ¿Cree que la mujer, en todos los planos, ha de tener los mismos derechos que el varón?

La mujer no ha tenido nunca los mismos derechos que el hombre. Debe llegar a tenerlos. No lo digo solamente yo. Rimbaud también lo dijo "Quand sera brisé l'infini servage de la femme, quand elle vivra pour elle et par elle, l'homme -jusqu'ici abominable-, lui ayant donné son renvoi, elle sera poète, elle aussi! La femme trouvera de l' inconnu. Ses modes d'idées différeront-ils des nôtres?- Elle trouvera des choses étranges, insondables, repoussantes, délicieuses; nous les prendons, nous les comprendrons." [Carta de Rimbaud a Paul Demeny (Chaleville, 15/V/1871).]

Inútil agregar que las exaltadas palabras del poeta conforman un razonamiento utópico. Es que nada temen tanto, mujeres u hombres, como los cambios.

2. ¿Cree que la sociedad actual necesita una reforma y que redundará en beneficios de la mujer?

No creo que la sociedad actual necesite una reforma. Creo que necesita un cambio radical, y es en ese sentido que pueden redundar beneficios para la mujer.

3. ¿Cree necesaria la educación sexual?

Por cierto, puesto que lo sexual es arduo.

4. Por el hecho de ser mujer, ¿ha encontrado impedimentos en su carrera? ¿Ha tenido que luchar? ¿Contra qué y contra quién?

La poesía no es una carrera; es un destino.

Aunque ser mujer no me impide escribir, creo que vale la pena partir de una lucidez exasperada. De este modo, afirmo que haber nacido mujer es una desgracia, como lo es ser judío, ser pobre, ser negro, ser homosexual, ser poeta, ser argentino, etc. Claro es que lo importante es aquello que hacemos con nuestras desgracias.

5. ¿Cree que las leyes que rigen el control de natalidad y el aborto deben estar en manos de la Iglesia y de los hombres que gobiernan o bien en el de las mujeres que, a pesar de ser las protagonistas del problema, no han tenido ni voz ni voto en algo que les concierne vitalmente?


Esta pregunta hace referencia a un estado de cosas absurdo. Cada uno es dueño de su propio cuerpo, cada uno lo controla como quiere y como puede. Es el demonio de las bajas prohibiciones quien, amparándose en mentiras "morales", ha puesto en manos gubernamentales o eclesiásticas las leyes que rigen el aborto. Esas leyes son inmorales, dueñas de una crueldad inaudita. Cabe agregar, a modo de ilustración, la sugerencia de Freud de que aquel que inventara el anticonceptivo perfecto o infalible sería tan importante para la humanidad como Jesucristo.

6. ¿Es partidaria del divorcio?

¿Acaso es posible no serlo?

7. ¿Dónde cree que está el problema más urgente de la mujer?

Los conflictos de la mujer no residen en un solo problema posible de señalar. En este caso, y en otros, la consigna sigue siendo: "Changer la vie".

8. ¿Está usted enterada de la lucha de la mujer por sus derechos en los siglos XIX y XX? ¿Sabe cuáles fueron los primeros en reconocerlos y hasta qué límites?


Ignoro estos temas.


*Reportaje a mujeres trabajadoras e intelectuales argentinas realizado por la revista Sur y publicado en el núm. 326 de septiembre de 1970-junio 1971. Las respuestas de Alejandra Pizarnik figuran en las páginas 327 a 328.



***
Texto: tomado de Alejandra Pizarnik. Prosa Completa (Lumen).
Imagen: fotografía tomada de documental Memoria iluminada (se le agregó una cita de esta entrevista a la imagen).

2.11.12

Los Pizarnik y Hitler


Habla Myriam Pizarnik de Nesis, hermana de Alejandra:

"Mi mamá fue la que cerró las puertas de su casa, ahí en Rovne. Fue la última en venir. Primero, pasaron por Francia. Mi padre tenía dos hermanos en parís. Y luego vinieron hacia la Argentina. Mi madre fue una persona más bien triste, porque recordaba su infancia, su adolescencia, su juventud. Qué bueno, que tenía amigos, que andaban en bicicleta; también iban a bailar. Cuando se congelaban los lagos, se patinaba. En el hospital Fiorito, de Avellaneda, tanto yo como Alejandra nacimos ahí. La vida de mis padres fue una lucha: sin idioma, sin trabajo. Cuando comenzó Alejandra, a los cuatro años, el colegio ídish, era ya una escuela llamada progresista.

Fue muy triste, porque si yo tenía cinco años y me enteraba de que Hitler estaba invadiendo así diversos países. Yo hasta tenía tal temor que pensaba que podía venir acá y me tapaba la cabeza por el temor de que eso siguiera avanzando. Y era una criatura de cinco años. Había ratos que uno se distraía. Se jugaba a las estatuas con prendas; después a la rayuela. Lo peor del día era cuando mi padre recibía todas las tardes el periódico enterándose de lo que sucedía en Europa. Cada vez recibíamos menos cartas de la familia. Fueron unos años muy duros, muy difíciles. A mi abuelo lo habían llevado a hacer caminos, construir caminos, y a mi abuela y a mis tías, ellas estuvieron en campos de concentración. […] Mis tíos de Francia sí pudieron salvarse, escondiéndose en las campiñas". 





***
Texto: transcripción del documental “Memoria iluminada” de Virna Molina y Ernesto Ardito.
Imágenes: tomadas del documental "Memoria Iluminada" y del blog Hablo de mí.
En las fotografías, Alejandra es la niña de cabello oscuro y su hermana Myriam, la rubia.

23.10.12

Los malditos: Alejandra Pizarnik (fragmento Bordelois)


[...] Las primeras semanas [en París] las pasó en casa de sus tíos, pero aguantó muy poco y alquiló una pequeña habitación frente a la iglesia de St. Sulpice. En ese barrio, en un pequeño restaurant, conoció a Ivonne Bordelois, que cuenta:

—Nos presentó mi tía. Alejandra se vino con todo, camionera, puteando. Se imaginaba que iba a encontrar a una niñita acartonada porque yo era de una familia francesa. Y a mí me causaba gracia porque había en ella un esfuerzo demasiado intenso, algo infantil, en tratar de chocarme. Pero cuando empezamos a hablar de literatura, entendí que ella sabía. Era menor que yo y sabía más que yo. Me di cuenta de que no debía dejarla pasar.

Ivonne empezó a alternar sus clases en La Sorbone con visitas al departamento de la rue de St. Sulpice.

—Alejandra destruyó su departamentito desde todo punto de vista, nunca limpió nada, era un caos de papeles, hacía frío. Era maravisollo escucharla hablar de poesía esas tardes y esas noches: decía cosas que yo no había escuchado antes, que ciertamente jamás había escuchado en la academia. Era agudísima en sus juicios. Tenía un humor increíble, negro, judío, delirante. Tampoco había conocido a nadie capaz de hacer lo que ella hacía con el castellano: la sonoridad que le encontró a la lengua es única. Yo creo que Alejandra es la Rimbaud del español: llevó el lenguaje a lugares donde nadie más llegó. Con una diferencia: fue más valiente que Rimbaud. Él abandonó la poesía, mientras que Alejandra luchó con el lenguaje hasta el final, puso el cuerpo. Era fascinante. Todos los que la conocían quedaban fascinados.

[...] Sus amigos recuerdan mucho más su humor que su desdicha.

—Yo lamento que haya trascendido con el halo trágico. Suicidarse se suicida mucha gente: ella era distinta, era una visionaria. Su humor tenía cantidad de matices y hacía cosas preciosas cuando conversaba —dice Ivonne Bordelois.

[...]

***
Texto: tomado del libro Los malditos de la editora Leila Guerriero, Ediciones Universidad Diego Portales. La biografía sobre Alejandra Pizarnik pertenece a Mariana Enríquez.
Imagen: tomada del documental Memoria iluminada del canal Encuentro e ilustrada con una frase de Ivonne Bordelois.

24.9.12

Proyecto "Sólo un nombre": cuarenta traducciones para Alejandra Pizarnik en el cuarenta aniversario de su partida


 * El proyecto "Sólo un nombre" fue publicado el viernes 21 de setiembre de 2012 en la revista digital Fronterad y puede ser consultado en el siguiente enlace: Fronterad: Sólo un nombre. Aprovechamos nuestro espacio para agradecer al señor Alfonso Armada, editor de Fronterad.



Proyecto Sólo un nombre
Cuarenta traducciones para el poema "Sólo un nombre" en el cuarenta aniversario de la muerte
de Alejandra Pizarnik

Por alejandrapizarnik.blogspot.com


                         La muchacha halla la máscara del infinito
                         y rompe el muro de la poesía


                         "Salvación", Alejandra Pizarnik.


Este proyecto nació con un objetivo en mente: obtener cuarenta traducciones del poema "Sólo un nombre" en el cuarenta aniversario de la muerte de su autora. Para lograrlo, necesitaríamos de traductores, hablantes nativos y amigos, quienes donaron su tiempo. Muchos de ellos no se dedican a la interpretación de manera profesional, pero, como acto de buena fe, todos dieron su nombre para respaldar su trabajo.

Otras traslaciones o comentarios podrían surgir de este dispositivo y esto solamente continuaría la dinámica original y demostraría, además, que el texto es un tejido vivo. En el mes del cuarenta aniversario de la partida física de Alejandra Pizarnik, nos complace celebrarla con su poesía; en específico, con este poema de su libro La última inocencia, publicado en 1956.

ESPAÑOL (Alejandra Pizarnik)
Sólo un nombre
alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra


1. AFRIKÁANS (Alicia Isaacs)
Net 'n naam
alejandra alejandra
ek is onder
alejandra

2. ALEMÁN (Ricardo Bada)
Nur ein Name
alejandra alejandra
darunter bin ich
alejandra

3. ÁRABE (Carmen Ruiz)
مجرّد اسم
الكْسنْدرا .. الكْسنْدرا
ومن تحته أنا
الكْسنْدرا

4. BRIBRI (Alí García)
Kiè ë
alejandra alejandra
e’ tkĩ̀ ã ye’ tso’
alejandra

5. CATALÁN (Viviana Nieto)
Només un nom
alejandra alejandra
abaix estic jo
alejandra

6. CHICHEWA (Mason R. Hults)
Ndi dzina chabe
alejandra alejandra
mkati mwanga ndine
alejandra

7. CROATA (Dav)
Samo jedno ime
alejandra alejandra
ja sam ispod
alejandra

8. DANÉS (Marianne Rasmussen)
Kun et navn
alejandra alejandra
nedunder er jeg
alejandra

9. ESLOVENO (Lucía Ramallo)
Samo eno ime
alejandra alejandra
spodaj sem jaz
alejandra

10. ESPERANTO (Guido Hernández)
Nur unu nomo
alehandra alehandra
sube mi estas
alehandra

11. EUSKERA (Idoia Gillena)
Izen bat besterik ez
alejandra alejandra
azpian ni nago
alejandra

12. FINÉS (Heli Pessala)
Vain yksi nimi
alejandra alejandra
sen alla olen minä
alejandra

13. FRANCÉS (Manuel I. Morales)
Rien qu'un prénom
alejandra alejandra
je suis en dessous
alejandra

14. GALÉS (Brione)
Dim ond enw
alejandra alejandra
o dan rydw i yn
alejandra

15. GALLEGO (Daniel Otero)
Só un nome
alexandra alexandra
debaixo estou eu
alexandra

16. GRIEGO (Ángel García)
μóνo  τo  óνoμα
αλεξάνδρα  αλεξάνδρα
απo κατω  είμαι εγώ
αλεξάνδρα

Móno to ónoma
alejandra alejandra
apo kato eímai egó
alejandra

17. GUARANÍ (Ana Carmen Espinosa)
Peteî téra añónte
alejandra alejandra
iguýpe aime che
alejandra

18. HAUSA (Mason R. Hults)
Suna kadai
alejandra alejandra
ina kalkashin
alejandra

19. HEBREO (Luis D. Marín)
רק שם אחד
אלחנדרה אלחנדרה
מתחת אני
אלחנדרה

Rak shem ejád
alejandra alejandra
metaját aní
alejandra

20. HINDI (Javier Zamora)
सिर्फ एक नाम
आलेहान्द्रा आलेहान्द्रा
अन्दर मैं हूँ
आलेहान्द्रा

Sirf ek naam
alejandra alejandra
andar main hoon
alejandra

21. HÚNGARO (Iris Meléndez)
Csak egy név
alejandra alejandra
allat vagyok
alejandra

22. INGLÉS (Laura Solano)
Only a name
alexandra alexandra
underneath i am
alexandra

23. ITALIANO (Ricardo Bada)
Soltanto un nome
alejandra alejandra
sotto sono io
alejandra

24. JAPONÉS (Marlon Arce)
一つの名前だけ
アレハンドゥラ アレハンドゥラ
私は下にいる
アレハンドゥラ

Tada hitotsu no namae (Blanca Miosi)
alejandora alejandora
watashi wa shita ni iru
alejandora

25. KIMERU (Mason R. Hults)
Riitwa rionka
alejandra alejandra
ndi riungu rwa
alejandra

26. KINYARWANDA (Mason R. Hults)
Izina gusa
alejandra alejandra
hasi ndi
alejandra

27. KISWAHILI (Mason R. Hults)
Jina peke yake
alejandra alejandra
niko ciini
alejandra

28. LATÍN (Ángel García Ronda)
Solum modo nomen 
alejandra alejandra
subsum
alejandra

29. MANDARÍN (Manuel I. Morales)
《只以名之名》
雅丽山德拉,雅丽山德拉,
我在你名之下,
雅丽山德拉。

30. NEERLANDÉS (Ricardo Bada)
Slechts een naam
alejandra alejandra
daaronder ben ik
alejandra

31. NORUEGO (Marianne Rasmussen)
Bare ett navn
alejandra alejandra
under er jeg
alejandra

32. POLACO (Blanca Miosi)
Tylko jedno nazwisko  
alejandra alejandra
jestem pod                      
alejandra

33. PORTUGUÉS (Ricardo Bada)
Apenas um nome
alejandra alejandra
debaixo só eu
alejandra

34. RUSO (Maria Dyukova)
Только одно имя
Александра Александра
Ниже нахожусь я
Александра

Tol'ko odno imya
alexandra alexandra
nizhe nahozhus' ya
alexandra

35. SERBIO (Snezana Stanojevic)
Samo jedno ime
alehandra alehandra
ispod sam ja
alehandra

36. SUECO (Marianne Rasmussen)
Bara ett namn
alejandra alejandra
nedan är jag    
alejandra

37. TSWANA (Sibongile Mashinini)
Leina fela
alejandra alejandra
ke ka fo tlase ga
alejandra

38. TURCO (Fuad Alican)
Yalnızca bir isim
alejandra alejandra
altında ben varım
alejandra

39. XHOSA (Sibongile Mashinini)
UAlejandra alejandra ligama lodwa, ndingaphantsi koalejandra

40. ZAZAKI (Hassan Yildiz)
Teyna ju nameo
alejandra alejandra
bine lingane tode ez esta
alejandra

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Alejandra Pizarnik, pequeño acercamiento biográfico

Flora Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, Buenos Aires. Fue la segunda hija de un matrimonio judío de inmigrantes de Europa Oriental. Publicó su primer libro de poemas, La tierra más ajena, cuando contaba apenas con 19 años. Antes de cumplir los 23 años, tenía dos publicaciones más: La última inocencia y Las aventuras perdidas.

En la década de los sesenta, vivió una temporada en París, donde comenzó una amistad profunda con grandes figuras literarias, como Julio Cortázar y Octavio Paz. Asimismo, desarrolló otra de sus pasiones: la traducción. Ella tradujo, entre otros, a Paul Eluard, André Bretón, Antonin Artaud, Henry Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy. Durante su estancia en Francia, Árbol de Diana, su cuarto poemario, circuló por las calles porteñas.

De regreso a su país natal, publicó el resto de sus libros: Los trabajos y las noches (Primer Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires), Extracción de la piedra de locura, Nombres y Figuras (antología de poemas), El infierno musical, La condesa sangrienta (prosa basada en el libro Erzébet Báthory, la comtesse sanglante de Valentine Penrose) y Los pequeños cantos (antología). Expuso, además, algunas de sus acuarelas y pinturas en la galería de arte El Taller y ganó, gracias a su trabajo escritural, dos prestigiosas becas: la Guggenheim y la Fulbright.

Murió en Buenos Aires el 25 de setiembre de 1972 a los 36 años de edad. Sus restos mortales fueron sepultados, junto a los de su padre, en el cementerio judío de La Tablada.


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Nota para citas: para citar este artículo recurra a la fuente principal: revista Fronterad. Cita: Solano, Laura. 2012. "'Sólo un nombre', cuarenta traducciones de un poema de Alejandra Pizarnik". En: revista Fronterad, semana del 21 al 26 de setiembre de 2012.

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