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17.10.10

La inocente. Rubén Vela

                                      
                                            A Alejandra Pizarnik

Desnuda y victoriosa, da de comer
a los animales salvajes.

Ellos lamen sus muslos, le gastan
el sexo dulcemente, se alimentan
de esas aguas más profundas.

Al amanecer, ella cierra sus
sus piernas. Los animales gimen
al principio, rugen luego,
la despedazan con sus garras.

La bella indiferente dice: ¡hasta
mañana! y duerme.

Los animales protegen sus
despojos.

(1969)

Nota (imagen): Nicoletta Ceccoli.
Nota (texto): "La inocente" de Rubén Vela.

27.9.10

Alejandra Pizarnik: 25 de setiembre de 1972

Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido.


Nota (imagen): Retrato de Alejandra Pizarnik por Silvina Ocampo.
Nota (texto): Fragmento de La extracción de la piedra de locura.

29.4.10

Aniversario 74 de Alejandra Pizarnik

22

he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá


Nota (imagen): Fondo de escritorio con fotos de Alejandra Pizarnik. Espero lo bajen y lo disfruten en su computadora.
Nota (texto): Poema número 22 de Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik.

31.3.09

La hija del insomnio



La Hija del Insomnio

Prólogo de Enrique Molina a la re-edición en Botella al Mar de los libros "La última inocencia" y "Las aventuras perdidas" (Buenos Aires, 1976) de Alejandra Pizarnik.

Cuando pienso en Alejandra la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra. Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía, prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma. Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas aldeas de la Alquimia del Verbo, entrevistas en el fondo de un lago. Pero aún allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma. Una desconocida con su mismo rostros avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia. Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles".

Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética. Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror. Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar.

Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora. En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos.

Ahora que tantas parejas enamoradas escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su imposible realidad.

La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto.

24.8.07

Alejandra secreta


Palabras que riman con Pizarnik

"Alejandra secreta" es el último libro de poesía de la escritora Inés Malinow, allí se interna en la poética de Alejandra Pizarnik, un ícono de la literatura argentina.

Alejandra Pizarnik e Inés Malinow se conocieron bastante, con esa frecuencia de una época dorada de artistas unidos por la belleza, la reflexión y el descubrimiento de libertades. Malinow utilizó las cartas que le cedió el psicoanalista León Ostrov, otro personaje, que además de tener como paciente a Pizarnik, tuvo con ella una profunda amistad. Sobre esas cartas edifica la escritora en "Alejandra secreta" poemas que son como pinceladas de una vida.
-¿Cómo es el origen de esta "Alejandra secreta"?
- Conocí bastante a Alejandra Pizarnik hace años. Ella murió alrededor de 1962, vivía relativamente cerca de mío, creo que por las calles Talcahuano y Charcas en Buenos Aires. A veces la veía comprando en una fiambrería donde éramos clientes. Siempre se quejaba de que sus amores no le correspondían, aunque todos podríamos quejarnos, porque una de las definiciones del amor es que vos te enamorás, es lo que le pasa a uno, más allá de lo que el otro pueda sentir... Le pasó a Alejandra y nos pasó a todos, pero ella tenía una orfandad afectiva, y León Ostrov, que fue su psicoanalista y amigo recibía cartas de ella. Después me enteré que Alejandra le mandaba cartas a todo el mundo, lo cierto es que Ostrov me regaló esa veintena de cartas, aunque después se las devolví, dado que años después Pizarnik era más famosa. Con él también fuimos muy amigos, algo que parecía no gustarle a su mujer; estuvimos con un grupo en Piriápolis y la pasamos muy bien. Era una época donde en las relaciones todo era muy elegante, también fue una época en que Alejandra venía mucho a casa, yo creo que le gustaba nuestra amistad. Yo entonces vivía en Elcano y Conde en un departamento chico, donde ella venía y charlábamos de poesía y me explicaba como hacía sus poemas. Era muy interesante, aunque todos los hemos hecho de la misma manera: cambiando palabras, moviéndolas de lugar, porque aunque no tengan rima siempre tienen que tener música. Incluso vino a almorzar con una amiga y llegaron muy tarde. Era fea, aunque con el tiempo ya no la veo así, eso me parecía a los 25 años. Pero su mirada estaba llena de inteligencia como todo lo que decía. Y tenía una risa fuerte muy peculiar.
-¿ Y su poética?
- Hay gente dotada para la música o para la poesía. Ella empezaba por tener un vocabulario muy hermoso, muy misterioso, que se iba aclarando en sus poemas, donde siempre la orfandad y la necesidad de amor eran muy patentes. A ella no le fue bien en el amor, había cierta ambigüedad en sus relaciones. Ella se enamora de un muchacho en París, donde todos hacen cualquier cosa, se entregan a hacer lo que quieren. Pero también se había enamorado de una chica, y después de otras. Yo la encontré en París y había comprado un par de guantes muy finos para regalar a uno de sus amores, pero me dijo : " esto no lo van a apreciar..", estaba siempre con ese tipo de inseguridades. Vivía lejos por Avellaneda o Barracas. Me acuerdo que una vez celebró un cumpleaños y nos divertimos mucho. Todo eso está en mi libro. También era un poco snob, porque provenía de una familia humilde y el poder tener amistades " de alcurnia" a ella le maravillaba. También era snob su lápiz y lo mostraba, el " lápiz de plata" chato era lindo, pero lo lápices siempre eran más lindos que lo que se podía escribir con ellos. Aunque ella escribía maravillosamente, porque para mi tenía el gran vocabulario de la soledad, de la melancolía, de la profundidad.
-Se dice en el libro que los poemas se escriben con palabras ¿solamente?
- Se escriben con palabras, pero señalo que son palabras que provienen del sentimiento, de la hondura. Será tal vez por eso que yo hace fácilmente l0 años que tengo la idea de escribir sobre Alejandra, y en el medio hice varios libros como el de Ana Frank, otra adolescente. Aunque Alejandra no lo era, pero la suya parecía una adolescencia prolongada. Ella estaba preocupada por su madre, el padre había muerto , y ella siempre temía que sus padres descubrieran que ella era distinta. En primer lugar por su sensibilidad, que hacía que su poesía fuera diferente. Ella fue muy amiga de Olga Orozco, cuya poesía era totalmente opuesta a la de Alejandra, Olga hacía grandes párrafos dentro de su magnífica poética, era la obra de una mujer adulta, mientras que lo de Alejandra fue otra cosa. Olga Orozco fue muy querida por su hermana y por su marido, que incluso le dejó mucho dinero, y todo eso da seguridad. Alejandra, con sus amores y sus inseguridades era muy admirada por todos, y no se si ella lo sabía, porque tenía muchas dudas de su valer.
-¿El ir a París el dio más seguridad o libertad?
- En principio si, porque como dice Mario Benedetti un argentino que no va a París es un uruguayo. Había que ir a París, que ha sido la gran confluencia de distintas culturas, y era una ciudad muy libre, un imán para toda la gente que quería hacer algo.
-¿Hubo cambios en tu trabajo literario , en tu poesía?
- Dije que para eso hay que estar dotado, como para la música o la danza. Pero tu cultura ayuda mucho en la poesía y en toda tu obra. Hay un pequeño poema de Alejandra Pizarnik que dice: " ..el sabía..". Saber en poesía es la unión de la cultura con el sentimiento y la palabra. En sus cartas Alejandra se queja de no haber podido terminar sus estudios en Filosofía y Letras, donde conoció a Ostrov. Será también por mis conocimientos que él me dio sus cartas, porque yo las iba a poder utilizar en el buen sentido, difundir, hablar de nuevo de Alejandra, que por otra parte tiene mucha gente que escribió sobre ella. Yo creo que en mi caso la poesía fue madurando como una fruta. La personalidad es la que madura.
Julio Pagani
Retratos poéticos
"Por ese entonces yo vivía entre Belgrano R y Chacarita, Alejandra solía visitarme con algún pretexto, ya le había hecho algunas entrevistas después de su viaje a Europa. Pero creo que la traía un auténtico cariño hacia mis hijas, muy pequeñas en esa época; ella entraba con sus pantalones rojos y con su caminar de patito desabrido.... Algunas veces nos encontrábamos en lo de la pintora Mina Gondler, estaban presentes también Elizabeth Azcona, Romilio Ribero y otros poetas y pintores. En una oportunidad le presté un tapado en color beige a rayas ...y cuando me lo devolvió, tenía un olor tan imposible a cigarrillo que ninguna tintorería logró hacérselo perder...Le maravillaba estar rodeada de gente que la estimaba, en su pequeña habitación caía su carcajada, llenaba de a poco todos los espacios, éramos muy inmortales, con Susana Thénon y Ana María Barrenechea entre otros amigos. No sabíamos más que reírnos, los pulmones llenos de humo y poesía....", dice Malinow. Esto lo cuenta en "Alejandra Secreta" y es otra de sus pinturas poéticas que resumen instantes plenos. (J.P.)

Nota (imagen): Alejandra Pizarnik
Nota (texto): Tomado de http://www.rionegro.com.ar/arch200209/c17j01.html

29.4.07

Para Alejandra en el que sería su cumpleaños número 71


Sólo un nombre

alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra

FRANCÉS
Seulment un nom
alejandra alejandra
là-dessous je suis
alejandra

INGLÉS
Only a name
alejandra alejandra
i am underneath
alejandra

ITALIANO
Soltanto un nomine
alejandra alejandra
sotto sono io
alejandra

PORTUGUÉS
Apenas um nome
alejandra alejandra
debaixo só eu
alejandra

ALEMÁN
Nur ein Name
alejandra alejandra
darunter bin ich
alejandra

NEERLANDÉS
Slechts een naam
alejandra alejandra
daaronder ben ik
alejandra

***



Texto: poema de Alejandra Pizarnik.
Traducciones: gracias a la lengua multicultural de Ricardo Bada.

Por último... Feliz cumpleaños, Alejandra, donde quiera que estés, porque esta rayuela no es lo mismo sin tu cielo.

21.3.07

Proposiciones, poema de Juan Gelman



¿adónde fue la obrera enamorada?
¿fue al aire la obrera enamorada?
la obrera de la palabra murió
¿por qué caminito se fue?
¿se fue por el camino que los días oscuros tejen
como hormigas desesperadas iguales?
¿como vaivén de pases ciegos en un cuarto?
¿tendría la obrera poca luz?
¿y quién le quito la luz a la obrera la constante?
¿quién le fue apagando uno a uno los rostros
de la palabra enterrándolos muertos?
¿quién le cegó la luz de la palabra?
¿la obrera se fue porque ya no podía trabajar?
¿el aire estaba sordo mudo roto y ella
apenas tenía su confianza en la palabra confianza?
yo digo: mejor no llorar
mejor hacer otro mundo
yo digo: mejor hacer otro mundo
mejor hagamos un mundo para alejandra
mejor hagamos un mundo para que alejandra se quede
oh eternidades débiles perdidas para siempre
y vacas tristes entre la duda y la verdad
y sedas y delicias de la sombra
mejor hagamos un mundo para que alejandra se quede


***
T
exto: poema de Juan Gelman. Este texto puede ser un velado homenaje a Alejandra Pizarnik.

Imagen: tomada de Memoria iluminada, documental de Ernesto Ardito para el canal Encuentro.

19.2.07

Pavana para una infanta difunta

                                            
                                    Lloro a Alejandra Pizarnik

Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te adrementa el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.


***
Texto: "Pavana para una infanta difunta", poema de Olga Orozco.
Imagen: Mariana in the South de John William Waterhouse.

29.1.07

Prólogo de Octavio Paz para Árbol de Diana




Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. (Quím.): cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemecia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, peciolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit. y Etnogr.): los antiguos creían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como el sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. Señalemos, sin embargo, que los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas.): escudo de armas parlantes. (Fís.): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada . Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente , los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

Octavio Paz
París, abril de 1962


***
Texto: prólogo para el poemario Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik.

16.1.07

Aquí Alejandra



Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.

Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa


Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,


llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.


Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la Zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo


(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inamité sonore


       las gomas y los sobres
       una papelería de juguete
       el estuche de lápices
       los cuadernos rayados)


Vení, quedate,
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.


Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse


       este vaso es difícil,
       este fósforo,


y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,


quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,


Cómo vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día


No puede ser, decís, no puede ser.
 
            Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrucate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party-para vos, la fiesta entera,

            Erszebet,
            Karen Blixen


ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían


       Leonora Carrington, mirala,
       Unica Zorm con un murciélago
       Clarice Lispector, aguaviva,


burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
 

qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonius,
qué larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
              con las intercesoras


animula      el tabaco
vagula
        Anaïs Nin
blandula
    vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en una palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.


Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,


       y Natalía Ginzburg, que desteje
       el ramo de gladiolos que no trajo.


¿Ves, bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach
, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café

 
              su culebra cantando
              dos terrones   un beso

              Léo Ferré


No pienses más en las ventanas
el detrás        el afuera


Llueve en Rangoon
                Y qué.


Aquí los juegos. El murmullo
 

               (consonantes de pájaro
               vocales de heliotropo)


Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.



 

***
Texto e imagen inferior: apartado "La noche de las amigas" del poemario Salvo el crepúsculo de Julio Cortázar.

17.11.06

In memoriam: Alejandra Pizarnik

Literatura

In memoriam: Alejandra Pizarnik

(* 29.4.1936 - Ü 24.9.1972)

Ricardo Bada



Muchas, y muy calificadas, habrán sido las voces que hayan celebrado hace unos días el centenario del nacimiento de Luis Cernuda. Y no es para menos. Cuando nadie hablaba de él, cuando estaba poco menos que náufrago en el Leteo más crecido, gracias a Carlos Barral descubrí toda la poesía de Cernuda asequible en aquellos momentos, y con esa audacia maximalista que a veces se adueña de mí, les dije a mis amigos que se olvidasen de García Lorca y de Salinas, de Jorge Guillén y Alberti, porque el gran poeta de la generación del 27 es Luis Cernuda.

Sigo pensándolo así, y a mis 63 años es bastante difícil que vaya a cambiar de opinión. Pero respeto al cien por cien las de ustedes, quiero que conste en acta, como se dice en las películas americanas que transcurren en los tribunales.

Ahora bien, como estoy seguro de que Áncora no ha dejado pasar sin su debido recuerdo el centenario del gran Cernuda, de quien hoy quiero hablarles es de Alejandra Pizarnik, la poeta argentina que se suicidó hace treinta años, el 24 de setiembre de 1972, en Buenos Aires, mi Buenos Aires querido, su también Buenos Aires querido.

En estos días ha aparecido en España una antología que se titula Las ínsulas extrañas, y que se propone como un canon de la poesía en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX. En ella no figuran nombres como los de Álvaro Mutis, Mario Benedetti y Alejandra Pizarnik, y al respecto de esta última ausencia, una de las cuatro personas responsables de la antología, la poeta peruana Blanca Varela, ha dicho lo siguiente: "Cada poema elegido tenía que ser aprobado por unanimidad. Los cuatro teníamos nuestras listas y leíamos los versos. Luego discutíamos. Alejandra Pizarnik no pasó el examen: pensábamos que había más literatura en torno al personaje que en su propia obra".

De alguna oscura manera creo que tiene razón en lo que dice, y sin embargo, me duele que Alejandra Pizarnik no encontrase un hueco en ese canon. Como me dolería que lord Byron no figurase en el canon de la poesía inglesa del XIX solo porque hay más literatura en torno a él que en su propia obra, para decirlo con las mismas palabras que la antóloga de Insulas extrañas.

Creo, también de alguna oscura manera, que hay poetas cuya poesía es su vida. En el caso de un Arthur Rimbaud se da la fenomenal coincidencia de una gran poesía escrita y una gran poesía vivida y sufrida. No es lo habitual. Pero hay más ejemplos, y pienso en otro de los dioses de mi parnaso: León de Greiff. O en ese cholo divino que fue César Vallejo, quien padecía el don de ser profeta y anunció su propia muerte en versos que todos conocemos. ¿Y Konstantinos Kavafis y Fernando Pessoa: es que no cuentan sus vidas entre sus mejores poemas? ¿Y Pushkin, que oído recitar en su original es como si estuviésemos escuchando hablar a la pachamama rusa, y saber de su destino hace pensar en el sacrilegio? ¿Y Hölderlin, por los dioses todos, Hölderlin, cuya vida es la más trágica elegía jamás vivida por un elegido de esos mismos dioses?

De acuerdo, dirán ustedes, pero al mismo tiempo que su vida fue poesía, escribieron una poesía imperecedera. De acuerdo, contesto yo: y me pliego con el corazón adolorido ante el dictamen de los sabios. Alejandra Pizarnik, a lo mejor (a lo peor), no daba el nivel que requería ese cuadro de honor de la poesía en la segunda mitad del siglo XX.

La recuerdo, pequeña y desconcertada, aquél día de 1967 en que alguien nos presentó al término de una velada poética que tuvo lugar en una galería de la calle Florida, en Buenos Aires. Desconcertada, explico, al enterarse de que soy español y hablaba como un latinoamericano. Fue un encuentro fugaz del que solo retengo el asombro de sus ojos cuando luego, más avanzada la noche, me oyó recitar "El pasado efímero", de don Antonio Machado, en casa de unos amigos comunes, y creo que supo que las ces y las zetas no me abandonarán nunca jamás cuando se trate de lo más hondo de la poesía: allí donde la fonética define el sentido de un poema, donde no es lo mismo decir "del pasado masiso de la rasa" que decir "del pasado maCiZo de la raZa". Y ese recuerdo de sus ojos, es, si así lo quieren ustedes, mi homenaje a Alejandra Pizarnik en estos treinta años desde que nos dejó.


Nota: Artículo tomado del periódico La Nación, Costa Rica. http://www.nacion.com/ancora/2002/noviembre/24/ancora2.html

12.11.06

Dos princesas: Pizarnik y Joplin


PARA JANIS JOPLIN

(fragmento)

a cantar dulce y a morirse luego.
no:
a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau.
así cantás, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.

1972


Alejandra Pizarnik


***



WORK ME, LORD
Nick Gravenites

Work me Lord, work me Lord.
Please don't you leave me,
I feel so useless down here
With no one to love
Though I've looked everywhere
And I can't find me anybody to love,
To feel my care.

So ah work me Lord, whoa use me Lord,
Don't you know how hard it is
Trying to live all alone.
Every day I keep trying to move forward,
But something is driving me, oh, back,
Honey, something's trying to hold on to me,
To my way of life.

So don't you forget me down here, Lord,
No, no, no, no, no, no, no, no, no,
Ah, ah, don't you forget me, Lord.
Well I don't think I'm any very special
Kind of person down here, I know better,
But I don't think you're gonna find anybody,
Not anybody who could say that they tried like I tried,
The worst you can say all about me
Is that I'm never satisfied. Whoa.

Whoa, oh, oh, work me Lord, hmm, use me Lord,
Please, honey, don't you leave me,
I feel so useless down here.
I can't find me anybody to love me
And I've looked around,
I've looked everywhere, everywhere
And I can't find me anyone to love,
To feel my care.

So honey don't you go and leave me, Lord,
No, no, no, no, no, no, no, no,
Honey, don't you go off and leave me, Lord.
Can't I show you how hard it is
Trying to live when you're all alone.
Everyday I keep pushing,
Keep trying to move forward
But something is driving me, oh, back,
And something's trying to hold on to me,
To my way of life, why.

Oh please, please, oh don't you go and
Forget me down here, don't forget me, Lord.
I think that maybe you can ease me,
Maybe I can help you, said uh whoa,
Oh please, please, don't you go and leave me Lord,
No, no, no, no, no, no, no, whoa, whoa please,
Hmm please, don't you leave me, Lord.


Janis Joplin

8.11.06

Oración-amuleto para Alejandra Pizarnik


“Yo, Gran Cocinero del Rey, mientras miro pasar las nubes, atestiguo por el mismo árbol que da sombra en mi balcón, que Alejandra Pizarnik está perfectamente sana; que no hay nadie que le vaya a pisar siquiera su sombra; que está preparada para salir incólume de cualquier obstáculo, no digamos ya de enfermedades, desastres, cataclismos… [y aquí seguían largas enumeraciones surgidas al calor del impulso verbal]. Lo juro por todas las Musas, agregando cinco más (o por la Lascivia del Rey o la Cebra Heráldica).”


Nota (texto): Oración-amuleto creada por Olga Orozco para su “hija literaria”. En: Piña, Cristina. 1991. Alejandra Pizarnik. Argentina: Planeta.

Nota (ilustración superior): Fotografía de la colección "Historia de una muñeca" de Kati Horna.

Nota (ilustración inferior): Fotografía de Alejandra y Olga Orozco. París. En: Piña, Cristina. 1991. Alejandra Pizarnik.


2.11.06

2.11: día de los muertos

2. noviembre. 2006: Día de los muertos



...Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu… Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño... "Extracción de piedra de locura", Alejandra Pizarnik

...Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo y aun muerta te seguiría buscando, a ti, que fuiste el lugar del amor. "El sueño de la muerte o El lugar de los cuerpos poéticos", Alejandra Pizarnik

R.I.P. (requiescat in pace), Alejandra, en el lugar de los cuerpos poéticos...


Te extraña,

La Maga


Calaveritas de azúcar virtuales en: http://alcyd.com/calaveritas/

Agradecemos especialmente a Amada López la creación de la calaverita de Alejandra Pizarnik para nuestro blog.



28.10.06

Poema de Manucho

Como el buzo en su escafandra
y el maniático en su tic

me refugio en ti Alejandra
Pizarnik.

¡Oh, tú, ligera balandra,
oh literario pic-nic,

con tu aire de salamandra
modelada por Lalique!
¡Oh Alejandra,

oh mi Casandra

chic!


Manucho

Nota: poema recitado la noche de la presentación del libro Los trabajos y las noches de Alejandra Pizarnik.

14.10.06

Alejandra, la cocinera



Alejandra podía irradiar, hasta un nivel inigualable, una atmósfera mágica donde las disonancias y esa especie de despiste general que la caracterizaban adquirían una comicidad maravillosa.

Antes hablé de unos ravioles, pero no fue ésa la noche de su protagonismo, sino una en que había otra gente y Alejandra llamó por teléfono a un amigo -buenísimo y que la quería mucho- para contarle que estaba cocinando -¡acontecimiento nacional!-, pero que no sabía cómo hacer los ravioles. Él le explicó que tenía que poner el agua, la sal y, cuando hirviera, echar los ravioles.

- ¿Pero cuándo están?

- Cuando empiecen a flotar.

Alejandra le dio infinidad de gracias y colgó. Al rato, tras seguir cuidadosamente las instrucciones, los ravioles empezaron a flotar y Alejandra lo llamó de nuevo anunciándole: "Ya flotan, ¿ahora qué tengo que hacer?". "Pinchálos (sic.) con un tenedor para ver si la masa está cocinada. "Pero no -respondió horrorizada- si parecen pancitas de bebés, ¿cómo los voy a pinchar?"


***
Imagen: caricatura de Pizarnik por El Tomi, tomada de la página Telam.
Texto: Alejandra Pizarnik de Cristina Piña. Buenos Aires: Planeta: pág: 190.