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7.2.07

Violario


De un antiguo parecido mental con caperucita provendría, no lo sé, el hechizo que involuntariamente despierto en las viejas de cara de lobo. Y pienso en una que me quiso violar en un velorio mientras yo miraba las flores en las manos del muerto.

Había incrustado su apolillada humanidad en la capital de mi persona y me tenía aferrada de los hombros y me decía: mire las flores... qué lindas le quedan las flores...

Nadie hubiera podido conjeturar, viendo mi estampa adolescente, que la vetusta femme de lettres hacía otra cosa que llorar en mi cuello. Abrazándose estrechamente a mí, que a mi vez temblaba de risa y de terror.

Y así permanecimos unos instantes, sacudidos los cuerpos por distintos estremecimientos, hasta que me quedó muy poco de risa y mucho de terror.

Seguí mirando las flores, seguí mirando las flores...Yo estaba escandalizada por el adulterado decadentismo que ella pretendía reavivar con ese ardor a lo Renée Vivien, con ese brío a lo Nathalie Clifford Barney, con esa sáfica unción al decir flores, con ese solemne respeto greco-romano por los chivos emisarios de sus sonetos...

Entonces decreté no escribir un solo poema más con flores.
1965


***
Imagen: Sad and Silent in their grief de Fritzi Brod.
Texto: Pizarnik, Alejandra. Prosa completa.

5.1.07

Los perturbados entre lilas (fragmento)

Seg: La realidad nos ha olvidado y lo malo es que uno no se muere de eso.
Car: Ya no existe la realidad.
Seg: Sin embargo cumplimos años, perdemos frescura, las ganas... Perdemos... Car, ¿no es eso la realidad?
Car: Entonces la realidad no nos ha olvidado.
Seg: ¿Y por qué decís que ya no existe?
Car: ¿Puede darse algo más triste que esta conversación?
Seg: Quizá es triste porque no hacemos nada.
Car: No hacemos nada pero lo hacemos mal.




(Pausa)







Seg: Creés que sos el único que sufre en este mundo porque quisiste un triciclo y no te lo dieron. Te creés muy importante, ¿verdad?
Car: Muy.
Seg: Esto no anda. Pensé que criticarte me divertiría.
Car: Te dejo.
Seg: ¿Tenés que hacer?
Car: Tengo.
Seg: ¿Hacer qué?
Car: Mirar el montón de manos de muñecas que hay en la azotea de Ángelo, el que fabrica muñecas.
Seg: ¿Y para qué mirar manos sin brazos?
Car: Miro manos chiquitas para que se apaguen mis rumores. (Canturrea) "Araca, corazón, callate un poco..."
Seg: ¿Para qué diablos querés apagar tus rumores?
Car: Me hablás con desprecio.
Seg: Perdón. (Pausa. Más fuerte.) Que conste en los complejos anales de nuestra historia que dije perdón. Y vos, como si nada. No sabés cuánto desprecio a los que no se interesan por mí.
Car: Te oigo, te oí.


Nota
(imágenes): Fotografías de Ehekatl Hernández. Títulos, según orden de aparición: "Inmolación", "Redención", "Fe" y "Salvación".
Nota (texto): Pizarnik, Alejandra. Prosa completa. Barcelona: Lumen.

7.12.06

Hilda la polígrafa

-Sras:
Sres:

Sris:
Sros:

Srus:

A continuación, unos fragmentos de "La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa" de Alejandra Pizarnik:

*
Diversiones Púbicas


Como Jesús y Judas, qué amigos eran, iban a ver las series del brazo y tomaban helado del mismo cucurucho como Lavoisier y Lavater.

[...]

Tu rosa es rosa.
Mi rosa, no sé.

GERTRUDE STEIN

[...]

Felicite en fellatio.

[...]
A pesar de todo la divina comedia continúa representándose en los bajos fondos de la vidurria. Por tanto les digo, lectores hinchas, que si me siguen leyendo tan atentamente dejo de escribir. En fin, al menos disimulen. Prosigo. La Coja cojeó de cujus hasta no dejar títere con cabeza. 28 veces por día corríase al camierdote del cogyman quien acto seguido le daba tarros de alpiste para que la cojotorra le acariciase el canario percherón al susobicho. Los amantes parecían, abrazados, una urna electoral. Por desgracia hicieron un batuque de la maroshka y tuvieron que sacarlos a patadas con cotorra y todo. Pero la coja no se amedrentó por unas pinceladas superculíferas y otras nietzchedades. ¿Debo agradecer o maldecir esta circunstancia de poder sentir todavía amor a pesar de tanta desdicha? Sacha, no jodás.


*
Una musiquita muy cacoquímica


Total estoy = Tolstoy


*
La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa

[...]

Lector, soy rigidísima en cuanto atañe a la etiqueta. Es el buen tono, precisamente, lo que me insta a la precisión de un estado de profusa vaguedad.

[...]

¡Qué damnación este oficio de escribir! Una se abandona al alazán objetivo, y nada. Una no se abandona, y también nada.

[...]

Posdata de 1969. -La supieron los discípulos de Orgasmo, autor de una adamantina chupada de medias al loquero cuyo título mis pajericultos lectores conocen.


***

Nota (imagen): Fotografía de Alejandra Pizarnik, vestida de Hilda la Polígrafa, junto a Arturo Carrera.

Nota (texto): Pizarnik, Alejandra. 2002. Prosa completa. Barcelona: Lumen.

1.12.06

La conciencia del fuego...


La conciencia del fuego apagó la de la tierra. Mi visión del mundo se resuelve en un adiós dudoso, en un prometedor nunca.
Culpa por haberme ilusionado con el presunto poder del lenguaje.
Todo es un interior. Por tanto, el poema es incapaz de aludir hasta a las sombras más visibles y menos traidoras.
Hablar es comentar lo que place o disgusta. Lenguaje visceral constatador de los fantasmas de las apariencias.
Escribir no es más lo mío. Con sólo nombrar alcoholes temibles, yo me embriagaba. Ahora –lo peor es ahora, no el miedo a un desastre futuro sino la de algún modo voluptuosa constatación del presente infuso de presencias desmoronadas y hostiles. Ya no es eficaz para mí el lenguaje que heredé de unos extraños. Tan extranjera, tan sin patria, sin lengua natal. Los que decían: "y era nuestra herencia una red de agujeros", hablaban, al menos, en plural. Yo hablo desde mí, si bien mi herida no dejará de coincidir con la de alguna otra supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada.

8 de agosto de 1971

Nota (imagen): La Muse, óleo de Picasso.

Nota (texto): Pizarnik, Alejandra. Prosa completa. Barcelona: Lumen.

16.10.06

Niña en jardín


                            A Daniela Haman

Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
- Te voy a regalar a no sé quién.
- ¿Cómo sabes que le gustaré? -dice.
- Voy a regalarte –digo.
- Nunca tendrás a quien regalar un pájaro –dice el pájaro.

1966


***
Texto: Prosa Completa. Barcelona: Editorial Lumen. 
Imagen: fotograma de la película Sleepy Hollow.