1.10.2008

La de los ojos abiertos


La de los ojos abiertos

la vida juega en la plaza

con el ser que nunca fui

y aquí estoy

baila pensamiento

en la cuerda de mi sonrisa

y todos dicen esto pasó y es

va pasando

va pasando

mi corazón

abre la ventana

vida

aquí estoy

mi vida

mi sola y aterida sangre

percute en el mundo

pero quiero saberme viva

pero no quiero hablar

de la muerte

ni de sus extrañas manos.



Nota (texto): "La de los ojos abiertos", La última inocencia, Alejandra Pizarnik.
Nota (imagen): "Los árboles del jardín del asilo" (1889), Vincent Van Gogh.

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11.25.2007

Invisibilidades

En este película de Subiela, se reelabora en el personaje homónimo a nuestra Alejandra Pizarnik. Además, y es necesario, se incluyen algunos de sus textos. Mi opinión no es muy favorable, pero vale la pena verla.

10.24.2007

Niña entre azucenas


Obscenidad en algunos pequeños instantes del día compartido, no de la noche que es sólo mía. Algo tan modesto como una mano abrió mi ardiente memoria. Un gesto tenue al doblar los dedos cuando cerró la mano en forma de azucena. El execrado color de la azucena subió a mi cerebro con todo el peso fatal de su triste y delicado perfume. Instada por la visión de esta mano recogida por sí misma con dedos como cinco falos, hablé de la doble memoria. Evoqué las azucenas detrás de las cuales una vez me escondí, minúscula salvaje, para comer hormigas y cazar moscas de colores. El gesto de la mano dio una significación procaz a la figurita del memorial, la escondida entre azucenas. Comencé a asfixiarme entre paredes viscosas (y sólo debo escribir desde adentro de estas paredes). Tan ofensiva apareció la imagen de mi niñez que me hubiera retorcido el cuello como a un cisne, yo sola a mi sola. (Y luchas por abrir tu expresión, por librarte de las paredes.)


Nota (imagen): fotografía tomada de http://images.search.yahoo.com/search/images/view?back=http%3A%2F%2Fimages.search.yahoo.com%2Fsearch%2Fimages%3Fp%3Dmiedo%2By%2Btiempo%26ei%3DUTF-8%26js%3D1%26ni%3D20%26fr%3DFP-tab-web-t%26b%3D21&w=482&h=500&imgurl=static.flickr.com%2F189%2F479466304_6020dd82b5_m.jpg&rurl=http%3A%2F%2Fwww.flickr.com%2Fphotos%2Fcradlephotos%2F479466304%2F&size=132.9kB&name=479466304_6020dd82b5.jpg&p=miedo+y+tiempo&type=jpeg&no=22&tt=656&oid=b9907632cacdeba8&fusr=cuna_de_frio&tit=Sin+Miedo&hurl=http%3A%2F%2Fwww.flickr.com%2Fphotos%2Fcradlephotos%2F&ei=UTF-8&src=p

Nota (texto): Prosa completa, Alejandra Pizarnik.

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9.13.2007

14. El poema que no digo...


14

El poema que no digo,

el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.


Nota (texto): poema de Alejandra Pizarnik
Nota (fotografía): foto tomada de dejemequelecuente.blogspot.com

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8.24.2007

Alejandra secreta

Palabras que riman con Pizarnik

"Alejandra secreta" es el último libro de poesía de la escritora Inés Malinow, allí se interna en la poética de Alejandra Pizarnik, un ícono de la literatura argentina.

Alejandra Pizarnik e Inés Malinow se conocieron bastante, con esa frecuencia de una época dorada de artistas unidos por la belleza, la reflexión y el descubrimiento de libertades. Malinow utilizó las cartas que le cedió el psicoanalista León Ostrov, otro personaje, que además de tener como paciente a Pizarnik, tuvo con ella una profunda amistad. Sobre esas cartas edifica la escritora en "Alejandra secreta" poemas que son como pinceladas de una vida.
-¿Cómo es el origen de esta "Alejandra secreta"?
- Conocí bastante a Alejandra Pizarnik hace años. Ella murió alrededor de 1962, vivía relativamente cerca de mío, creo que por las calles Talcahuano y Charcas en Buenos Aires. A veces la veía comprando en una fiambrería donde éramos clientes. Siempre se quejaba de que sus amores no le correspondían, aunque todos podríamos quejarnos, porque una de las definiciones del amor es que vos te enamorás, es lo que le pasa a uno, más allá de lo que el otro pueda sentir... Le pasó a Alejandra y nos pasó a todos, pero ella tenía una orfandad afectiva, y León Ostrov, que fue su psicoanalista y amigo recibía cartas de ella. Después me enteré que Alejandra le mandaba cartas a todo el mundo, lo cierto es que Ostrov me regaló esa veintena de cartas, aunque después se las devolví, dado que años después Pizarnik era más famosa. Con él también fuimos muy amigos, algo que parecía no gustarle a su mujer; estuvimos con un grupo en Piriápolis y la pasamos muy bien. Era una época donde en las relaciones todo era muy elegante, también fue una época en que Alejandra venía mucho a casa, yo creo que le gustaba nuestra amistad. Yo entonces vivía en Elcano y Conde en un departamento chico, donde ella venía y charlábamos de poesía y me explicaba como hacía sus poemas. Era muy interesante, aunque todos los hemos hecho de la misma manera: cambiando palabras, moviéndolas de lugar, porque aunque no tengan rima siempre tienen que tener música. Incluso vino a almorzar con una amiga y llegaron muy tarde. Era fea, aunque con el tiempo ya no la veo así, eso me parecía a los 25 años. Pero su mirada estaba llena de inteligencia como todo lo que decía. Y tenía una risa fuerte muy peculiar.
-¿ Y su poética?
- Hay gente dotada para la música o para la poesía. Ella empezaba por tener un vocabulario muy hermoso, muy misterioso, que se iba aclarando en sus poemas, donde siempre la orfandad y la necesidad de amor eran muy patentes. A ella no le fue bien en el amor, había cierta ambigüedad en sus relaciones. Ella se enamora de un muchacho en París, donde todos hacen cualquier cosa, se entregan a hacer lo que quieren. Pero también se había enamorado de una chica, y después de otras. Yo la encontré en París y había comprado un par de guantes muy finos para regalar a uno de sus amores, pero me dijo : " esto no lo van a apreciar..", estaba siempre con ese tipo de inseguridades. Vivía lejos por Avellaneda o Barracas. Me acuerdo que una vez celebró un cumpleaños y nos divertimos mucho. Todo eso está en mi libro. También era un poco snob, porque provenía de una familia humilde y el poder tener amistades " de alcurnia" a ella le maravillaba. También era snob su lápiz y lo mostraba, el " lápiz de plata" chato era lindo, pero lo lápices siempre eran más lindos que lo que se podía escribir con ellos. Aunque ella escribía maravillosamente, porque para mi tenía el gran vocabulario de la soledad, de la melancolía, de la profundidad.
-Se dice en el libro que los poemas se escriben con palabras ¿solamente?
- Se escriben con palabras, pero señalo que son palabras que provienen del sentimiento, de la hondura. Será tal vez por eso que yo hace fácilmente l0 años que tengo la idea de escribir sobre Alejandra, y en el medio hice varios libros como el de Ana Frank, otra adolescente. Aunque Alejandra no lo era, pero la suya parecía una adolescencia prolongada. Ella estaba preocupada por su madre, el padre había muerto , y ella siempre temía que sus padres descubrieran que ella era distinta. En primer lugar por su sensibilidad, que hacía que su poesía fuera diferente. Ella fue muy amiga de Olga Orozco, cuya poesía era totalmente opuesta a la de Alejandra, Olga hacía grandes párrafos dentro de su magnífica poética, era la obra de una mujer adulta, mientras que lo de Alejandra fue otra cosa. Olga Orozco fue muy querida por su hermana y por su marido, que incluso le dejó mucho dinero, y todo eso da seguridad. Alejandra, con sus amores y sus inseguridades era muy admirada por todos, y no se si ella lo sabía, porque tenía muchas dudas de su valer.
-¿El ir a París el dio más seguridad o libertad?
- En principio si, porque como dice Mario Benedetti un argentino que no va a París es un uruguayo. Había que ir a París, que ha sido la gran confluencia de distintas culturas, y era una ciudad muy libre, un imán para toda la gente que quería hacer algo.
-¿Hubo cambios en tu trabajo literario , en tu poesía?
- Dije que para eso hay que estar dotado, como para la música o la danza. Pero tu cultura ayuda mucho en la poesía y en toda tu obra. Hay un pequeño poema de Alejandra Pizarnik que dice: " ..el sabía..". Saber en poesía es la unión de la cultura con el sentimiento y la palabra. En sus cartas Alejandra se queja de no haber podido terminar sus estudios en Filosofía y Letras, donde conoció a Ostrov. Será también por mis conocimientos que él me dio sus cartas, porque yo las iba a poder utilizar en el buen sentido, difundir, hablar de nuevo de Alejandra, que por otra parte tiene mucha gente que escribió sobre ella. Yo creo que en mi caso la poesía fue madurando como una fruta. La personalidad es la que madura.
Julio Pagani

Retratos poéticos

"Por ese entonces yo vivía entre Belgrano R y Chacarita, Alejandra solía visitarme con algún pretexto, ya le había hecho algunas entrevistas después de su viaje a Europa. Pero creo que la traía un auténtico cariño hacia mis hijas, muy pequeñas en esa época; ella entraba con sus pantalones rojos y con su caminar de patito desabrido.... Algunas veces nos encontrábamos en lo de la pintora Mina Gondler, estaban presentes también Elizabeth Azcona, Romilio Ribero y otros poetas y pintores. En una oportunidad le presté un tapado en color beige a rayas ...y cuando me lo devolvió, tenía un olor tan imposible a cigarrillo que ninguna tintorería logró hacérselo perder...Le maravillaba estar rodeada de gente que la estimaba, en su pequeña habitación caía su carcajada, llenaba de a poco todos los espacios, éramos muy inmortales, con Susana Thénon y Ana María Barrenechea entre otros amigos. No sabíamos más que reírnos, los pulmones llenos de humo y poesía....", dice Malinow. Esto lo cuenta en "Alejandra Secreta" y es otra de sus pinturas poéticas que resumen instantes plenos. (J.P.)


Nota (imagen): Alejandra Pizarnik
Nota (texto): Tomado de http://www.rionegro.com.ar/arch200209/c17j01.html

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7.30.2007

Diario 02.02.56

Mar del Plata, 2 de febrero


1

El mar le hizo cosquillas a una mujer que salió gritando: “¡Encontré un fantasma! ¡Encontré un fantasma!”

2

Las olas flirtean con el sol… pero las escolleras observan y luego lo comentan, con gran escándalo de un viejo pulpo.

3

El mar quería sacarme el traje de baño para tocar mis pechos; yo no lo dejé pues aún no existe “confianza” entre nosotros.

4.

Un niño lloraba porque lo mordió una ola; ésta, de lejos, sonreía traviesa…

5

El mar no sabe de dónde viene ni adónde va, a pesar de ls mil teorías al respecto.

6

Esa ola pisó la sombra de un hombre, que huyó avergonzado.

7

El mar gritó de alegría cuando un pájaro de papel rojo le pisó la espuma.

8

El mar firma con su pseudónimo [falta texto].

9

Todos los años el mar realiza un acto de alegría. La causa: la posesión de su amada Alfonsina Storni.

10

Cuando miro el mar, el sol se siente celoso y me oprime los ojos.

11

Pensé que era una ola encendiendo un cigarro: luego vi el barco.

12

El mar se enredó en el corset de una mujer, mientras las olas se morían de risa.

13

El salvavidas es el pendiente de esa ola tan coqueta.

14

Las olas luchan en el crepúsculo, cansadas, llenas de sueño.

15

Una ola arrastró un zapato viejo. Un señor se lo puso y le dijo “gracias”. La ola tendió la mano a la espera de la “propina”.

16

Cuando el atleta entró en el mar, una ola, pudorosa, se bajó la falda.

17

Conmovía aquella olita que tenía miedo de saltar.

18

El mar se restrega los ojos todas las mañanas, cuando el barco toma el café con leche, y las lumas se [ilegible] y se maquillan con mermelada.

19

En los carnavales, el mar es humillado a la categoría de objeto: lo revuelven y tiran sobre los cuerpos, y a él le da vergüenza esos aullidos de terror de las mujeres gordas.

20

Un ola se suicidó al ver su retrato tremolando [falta texto].


Nota (imagen): Pizarnik y unos amigos (no identificados) en la playa.

Nota (texto): Diario de Alejandra Pizarnik.

7.10.2007

Ráfagas de Alejandra Pizarnik

Caricatura de Alejandra Pizarnik- LOREDANO


Por: Nora Catelli

Los diarios de Alejandra Pizarnik, escritos entre 1954 y 1972 -año en que se suicidó-, constituyen un hecho editorial único; no sólo dentro de la tradición argentina, sino en castellano. Su carácter único, dentro de estos géneros, reside en que no existe otro caso conocido en que se vaya a disponer, casi con certeza, aunque no todavía, de una publicación completa, sin filtro de autor, pariente o censor, de un material tan abundante, tan ligado desde el principio hasta el final a un destino de escritora. Por otro lado, se trató de un diario de frecuentación permanente y sistemática, en el que hay tres o cuatro líneas visibles: origen y familia, lengua y educación, identidades, prácticas sexuales y posición subjetiva.

-padres inmigrantes judíos recién llegados, en 1933, al puerto de Buenos Aires- y familia -la típica, pequeña y proverbialmente sórdida familia de clase media- están en íntima vinculación con la lengua, pero no una lengua propia, sino adquirida en la escuela. Por ello, estos diarios permiten asistir al despliegue de un yo cuya relación con el idioma fue tan complicada y en principio aleatoria como la de otros muchos escritores argentinos -Victoria y Silvina Ocampo, por ejemplo-. Pero, al mismo tiempo, es casi su revés: ellas escribían en el francés de institutrices y gobernantes y se traducían al castellano. En cambio, con un horizonte poco prestigioso de yídish y una infancia de escuela hebraica y pública argentina, Pizarnik debió valerse de un solo instrumento, una limitada lengua escolar tal como la recibía, cuyos modelos eran Campoamor, Miró, Jiménez, Machado y José Hernández; ninguno poseía la menor relación con los idiomas de la calle o de la casa; ninguno poseía tampoco el menor vínculo con la lengua viva de la literatura argentina de los años cincuenta -desde Macedonio Fernández o Borges hasta Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo o Cortázar-. Los diarios atestiguan su dificultad para plegar sus necesidades expresivas a ese modelo tan anacrónico y, sobre todo, prueban la lentitud del proceso por el cual se fue apropiando de un canon castellano aceptable y rico, más allá de las lecturas escolares. Por eso el sistema de lecturas registrado aquí no es sólo un lento camino de acceso a la literatura sino un revelador -y fracturado- trabajo de educación del oído.

Mezclado con estos elocuentes repertorios de aprendizaje de un idioma literario aceptable, hay, en los diarios de los años sesenta, secuencias en las que Pizarnik alcanza ciertos atisbos de equilibro expresivo en la plasmación de su vida sexual: "Mi sexo gime. Lo mando al diablo. Insiste. ¡Qué molesto es! ¡Cómo lo odio! Sexo. Todo cae ante él. Fumo para ver si se calma". O: "He descubierto mi tendencia a conversar de temas obscenos, tratándolos con humor". Un espacio familiar neurótico de clase media, con su intimidad obscena, pauta también la escritura: "Sufrimiento cuando estoy a solas con mi padre... De todos modos, jamás lo sentí como padre. Y dudo que él mismo lo haya sentido nunca. Es tan infantil. Tan joven. Debe estar asustado del monstruo que engendró. Él, tan apuesto, tan simple".

Similar incomodidad frente al cuerpo, un cuerpo visto como instrumento insuficiente ante la exigencia radical del género. "Profunda tortura cuando camino por Santa Fe entre el 1200 y el 1800, donde transitan [...] las mujeres más bellas de Buenos Aires. Las miro o mejor dicho no las miro porque yo cuando camino no miro a nada ni a nadie, sino que las intuyo o las veo de alguna manera. Está dicho: una mujer tiene que ser hermosa: aunque escriba como Tolstói, Joyce y Homero juntos". No es una banalidad esta preocupación, obsesivamente presente en Rosa Chacel, entre otras muchas escritoras. Como decía Hannah Arendt, en la mujer la necesidad inapelable de la belleza se debe a que le garantiza una defensa frente a lo exterior, una muralla indispensable para construir la esfera subjetiva.

Junto con esta progresiva asunción de una esfera subjetiva susceptible de ser volcada en palabras, Pizarnik parece estar buscando, no por azar, algún tipo de cláusula más larga, una frase que le permita dominar el mundo y dominarse a sí misma, algo que sólo llegará al final y únicamente como certificación de un fracaso: "Quiero escribir cuentos, quiero escribir novelas, quiero escribir en prosa. Pero no puedo narrar, no puedo detallar nada porque nunca he visto a nadie. Tal vez si me obligaran a ver, si me obligaran a expresar fielmente lo que veo. La poesía me dispersa, me desobliga de mí y del mundo".

un periscopio que se va volviendo hacia sí mismo, Pizarnik fue drástica -quizá de modo inadvertido, pero no por eso menos evidente- en la imposibilidad de inscribir en sus diarios el mundo exterior. Ensimismamiento, autorreferencia, incomodidad ante cualquier tipo de exigencia pública, laboral o institucional, crudeza e ironía en la voz y en la mano (hay dibujos en los cuadernos) que buscan ambas un modo creíble de transmitirse a sí misma ciertos itinerarios sexuales y dos decisiones casi desde el principio asentadas: ser escritora, matarse. Allí se ven -aunque aquí no consten, porque la selección no los incluye- dibujos de revólveres con instrucciones para poder utilizarlos, recetarios de combinaciones de toda clase de somníferos, barbitúricos y tranquilizantes, pactos sugeridos para ser ayudada a morir, adopción sucesiva de distintas máscaras sexuales, amores femeninos y masculinos además de rivalidades literarias drásticas, como cuando se pregunta quién es Olga [se refiere a Olga Orozco] y se responde que es alguien que no acepta la evidencia de que ella -"Alejandrita ¿no-parece-un-ángel?"- es la mejor poeta.

En los últimos años, junto con estos estratos, el horror al embarazo, caprichos, dudas y reproches a amigos y conocidos, e incluso, todo a lo largo de 1971 y 1972 -año que esta edición suprime por completo- amour fou y desposesión, además de torturantes relaciones paranoicas con unos vecinos con los que estableció -al menos, en el diario- una especie de erotizado triángulo. Es la época en que la escritura del diario se acelera y se vuelve agilísima, superando los previos desajustes escolares o sentimentales de sus giros personales, que ahora se adecúan a la experiencia vivida y la transforman en algo relevante, en un modelo de registro de intimidad -tan distinto pero tan revelador como el Oscar Massota de Roberto Arlt, yo mismo (1962)-. Aquí caben lo grotesco, lo procaz, lo sádico, la explosión, la risa, la mueca sardónica o el arrebato.

Pero de las muchas Pizarnik del diario, esta selección recoge sólo los tramos que pueden confluir en una imagen única y, además, discutible: la de poeta sublime. Quedan fuera otras, las que dan a este diario una índole también significativa; la del trabajo con los fantasmas del fracaso, con la corrosión y la fractura de una dimensión subjetiva que no abdicó, ni siquiera al final, de la conciencia de un destino literario.


Nota: Artículo tomado de el diario El País.

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