24.7.16

¿Qué se hace en este mundo civilizado cuando se ama así?



Sábado, 7

Ayer visité a M. He perdido. No sólo estoy más enamorada sino que es imposible que me ame. Me odio por amarla. Me odio y la amo sin esperanza.

Su temor de anoche cuando la quise llevar a mi cuarto. Me hacía sentir tan miserable. Y yo sólo quería verla en el sitio en que tanto la soñé: soñada y sonriéndome. He perdido.

Todo lo que le decía ella lo arrojaba como inservible. Mi amor en harapos volaba como un paquete absurdo y nauseabundo.

¿De qué vale anotar esto? Si al menos mi caída perdurara, si mi esperanza se mantuviera, si mi estado de golpeada (como si me hubieran dado anestesia) no cambiara esta noche o mañana.

Mi boca se cierra furiosamente, como si hubiera jurado no sonreír ya nunca más. Sospecho que ayer no hice sino cobrar mi cuota periódica de golpes y humillaciones. Pero creo que se me fue la mano.


Domingo, 8

No hice más que llorar y pensar en M. Anoche tomé diez pastillas para el insomnio. Pero no eran pastillas contra M. Nada puede sacarla de mí, como si yo fuese su prisión a pesar mío. Quién me eligió para llevarla dentro, por qué culpa lo merezco. Pienso en ella y lloro. Es la primera vez que
lloro después de tantos años. La última vez fue, creo, cuando mi amor por Ostrov, hace dos o tres años.

Tratar de ser simple y objetiva.

Este diario no expresa la verdad. Debo decirla. Ser exacta y lúcida y no temer la verdad porque ya no tengo nada que perder.

¿La amo o la odio?
¿La amo porque la odio?
¿La amo porque me odia?
¿La amo porque le soy indiferente?
Repetición de mis juegos antiguos: ir a donde me rechazan. Abstenerme de ir a donde me aceptan.
¿Por qué elegí a M. y no a otra?

En la rue Gay-Lussac un coche viejo lleno de cajones o de cajas de cartón. Me pareció ver adentro sentado a un anciano de abrigo y sombrero negro, pelo blanco, rostro hermoso y tristísimo. Me impresionó su soledad y me dije que nadie en el mundo sabe que este anciano está solo y triste en un auto muy viejo en una calle desierta. Pero de pronto me dije: ¿y si no fuera un anciano? Me acerqué y en efecto no había nadie.

En el cine me senté junto a una muchacha que me rozaba las piernas con gestos furtivos. Me emocioné y lloré en silencio. Después vino otra, su amiga, a buscarla y se fueron. Lloré hasta el final de la película.

En verdad, desde el viernes no hago más que llorar.

Me estoy consumiendo. Siento que me muero como El niño que enloqueció de amor.

¿Y si M. me envidiara mi amor por ella?

Creo que bebí tanto para no verla tal como es. Para ser libre con ella tal como yo la he creado.


Lunes, 9, 8 h

Noche de insomnio a pesar de que tomé diez pastillas. Lloré. Me odio más que nunca y odio mi cara y mi cuerpo pues los miro a través de sus ojos. Odio mi cara que no supo fascinarla.

Amo y no sé qué hacer. ¿Qué se hace en este mundo civilizado cuando se ama así?



***
Texto: Diario, enero de 1961 (Lumen, nueva edición 2013).
Imagen: escena de La vida de Adèle (2013),

22.7.16

Como me iba diciendo: ayer me emborraché...



31 de enero de 1963

Como me iba diciendo: ayer me emborraché.

Me molestó, por primera vez, las frases de desdicha de procedencia alcohólica. Un pintor italiano, ebrio como yo, me sollozaba que la vraie vie est absente. Un pintor español, entre abrazos y proposiciones obscenas, me comunicaba sus fracasos más lejanos. Una muchacha belga me decía "rien ne m’intéress" y después lloró sobre mi hombro. Antes de irme, el italiano me dijo con voz de dictar su testamento: "Si nunca volvemos a vernos quiero que sepas que nunca he sentido a otra persona como a vos esta noche. Pero quiero que recuerdes esto, que lo recuerdes siempre: 'Les sens n’ont rien à avoir avec la nature'". Me reí y le dije: T’en as de la chance! Decís sens y decís nature como si creyeras que existen. Se angustió y yo supe que le había hecho daño.

En cuanto al plan: no. Nunca. Jamás.



***
Texto: Diarios. Alejandra Pizarnik (Lumen, nueva edición 2013).
Foto: Ed van der Elsken.

27.6.16

Todo sustituible. Todo reemplazable. Todo puede morir y desaparecer...




Sábado, 24 de noviembre [sic]


Todo sustituible. Todo reemplazable. Todo puede morir y desaparecer: detrás están los sustitutos, como en los parques de diversiones esos muñecos que caen a cada tiro de escopeta y son súbitamente sustituidos por otros y otros. Es decir, que no hay nada que obligue a vivir, ni nada que desobligue.

Todo o casi todo es mentira porque cae o puede caer. Lo único que es fiel es esta sed de algo por lo que vivir. Pero tampoco lo es absolutamente puesto que está entre otras sedes y hambres y se alterna con ellas, y puede desaparecer por varios años y reaparecer. No creo en nada de lo que me enseñaron. No me importa nada. Sobre todo no me importan los convencionalismos y el demonio sabe hasta dónde y hasta qué extremo infecto somos convencionales.

Convencionalismos poéticos y literarios.

Hasta el ser joven en un convencionalismo. Y la rebelión y la anarquía pueriles. Y el mito del poeta. El mito de la cultura. Hasta el comunismo y el socialismo de mis amigos es un nauseabundo convencionalismo. Como si se pudieran cambiar las cosas hablando y negando. Yo estoy en contra. Ni religión ni política ni orden ni anarquía. Estoy contra lo que niega la verdadera vida. Y todo la niega. Por eso quiero llorar y no me avergüenzo o sí me avergüenzo y quiero esconderme y hasta tengo vergüenza de suicidarme.

Las luchas o contiendas poéticas de B[ueno]s A[ire]s me hacen reír, ahora que estoy lejos. Arte de vanguardia, sonetos dominicales. Todo esto es tan imbécil. Minúsculas, puntuación y rima. Como si alguno se hubiera despertado, una mañana, con ganas de bañarse en alcohol y prenderse fuego porque las palabras no dicen, y el lenguaje está podrido, está impotente y seco. Mis jóvenes amigos vanguardistas son tan convencionales como los profesores de literatura. Y si aman a Rimbaud no es por lo que aulló Rimbaud: es por el deslumbramiento que les producen algunas palabras que jamás podrán comprender. Además, las contiendas literarias sólo las hacen los que están contentos y bien instalados en este mundo. Es una actividad suplementaria, un hobby nocturno, mientras se está en la cama reposando, tomando café o whisky.

Todo esto es tan idiota. Y yo, yo también hablé. Yo también abrí la boca y la llené de miasmas. Pero ahora sé. Ahora sé que no me importa nada. Ahora sé que todo me importa y quiero reventar y quemarme y estallar. Porque esto no es la vida. Y esto no es la poesía. Y quiero cantar y no hay qué cantar, a quién cantar. Sólo hay mierda y a la mierda se la insulta. Pero yo quisiera cantar.

Ampararme en la imagen de mí disparada por mis ojos mudos.

La pieza se cerró y la luz se amaba en la soledad. Todas las cosas estaban de parte mía. Tensión insoportable de los colores y las formas.

La luz se abrió como una herida. El cuerpo sin cabeza entró apartando con un gesto brusco la cortina inexistente. Me hundí en la cama y el cuerpo me siguió. Las cosas hicieron un seco ruido como un músculo al distenderse. Me metí en lo oscuro del abrazo y no vi más que sus labios.


***
Texto: Diarios: Cuaderno de octubre de 1960 a 1961.
Imagen: autorretrato de Francesca Woodman.

23.6.16

Privilegio



I

Ya he perdido el nombre que me llamaba,
su rostro rueda por mí
como el sonido del agua en la noche,
del agua cayendo en el agua.
Y es su sonrisa la última sobreviviente,
no mi memoria.

II

El más hermoso
en la noche de los que se van,
oh deseado,
es sin fin tu no volver,
sombra tú hasta el día de los días.



***
Texto: Extracción de la piedra de locura (1968).
Imagen: Hiroshima Mon Amour (1959), Alain Resnais.

6.6.16

Alguien cae...



                                    Alguien
                                        cae
                                               en
                                                       su
                                                             primera caída.




***
Texto: Poesía completa (Lumen).
Imagen: "El eco de mis muertes" de Santiago Caruso.

4.6.16

Affiche



me esforcé tanto
por aprender a leer
en mi llanto




***
Texto: Poesía completa (Lumen).
Imagen: escena de Vivre sa Vie (1962) de Jean-Luc Godard.

1.6.16

Se revela y se alumbra, de Elizabeth Azcona Cranwell


                    a Alejandra Pizarnik

Quisimos que el amor dijera el porvenir, el oculto mecanismo
      del tiempo, el ruido de la vida.

Le supimos la voz, su propia música oscura en las ventanas.
Y no ha quedado nada, ni un leve resplandor desdeñando su
      forma por las cosas del mundo.

Sin embargo en la rosa tantas veces mirada se ha encendido
      una luz que transforma el sentido de la noche.



***
Texto: poema de Elizabeth Azcona Cranwell, tomado del blog Emma Gunst.
Imagen: "Mirror" de Kamil Vojnar.