28.8.12

Diario de Alejandra Pizarnik: Huida de mi casa en 1955....



11 de noviembre, sábado [1960]

Huida de mi casa en 1955. Mamá me buscó en lo de Arturo Cuadrado. La imaginé angustiada como en mis peores momentos, en mis estados horribles. No sé si durmió las noches de mi ausencia. ¿Pensó que tal vez me iba para siempre? ¿O conocía mi poca seriedad? Pero ¿por qué estoy tan segura de su angustia? ¿No se habrá sentido, más bien, culpable? No. Nunca se sintió culpable respecto a mí. Y todo lo que hice toda mi vida no fue más que una larga demostración —ante ella: la sorda, la ciega— de su enorme culpa. Pero tal vez no es ella a quien quise convencer sino a mí. Tal vez necesito de culpables para no morir de absurdo, para no aceptar la realidad, la verdad desnuda: no hay culpables, no hay causas malignas ni monstruos preocupados en perseguirte y hacerte daño, lo único que hay es nada. Ada. Nada. ¿Es que acaso lo comprendes?

Casi lloré al pensar en su rostro lloroso a causa de mi huida. Y la segunda fue venirme a Francia. Esta vez no podía tomar el tren a las seis de la mañana y buscarme en lo de Arturo Cuadrado. Pero tal vez mi triunfo de esclava sería que me viniera a buscar a París. Si lo hiciera creo que me pondría yo tan idiota que hasta perdería el habla. Me veo a los cuarenta años en una plaza con ella, yo jugando (como los idiotas) con una flor rota o una piedra y ella gritando, diciendo que me voy a ensuciar y le voy a dar más trabajo aún del que le doy.

Debo releer El retorno del hijo pródigo.

Muchas veces  me imaginé cómo me expresaría si fuera pintora. Lo sé: como Emil Nolde. Hoy vi las bailarinas (rojas, malvas, deformes como seres no nacidos aún) huyendo y danzando entre velas y cirios enloquecidos por el viento lila y azul y celeste y violeta. También vi algo de Minch, que asocio fuertemente con Kafka. Esos rostros vacíos a causa del miedo paralizador, avanzados por una avenida transitada por seres-sombras, cuerpos sin caras. Esos rostros fijos, “con el miedo pegado a la piel como una máscara de cera”. Lo más impresionante es la perfección fúnebre de la vestimenta. (Mi sueño con mi padre que se viste con más elegancia que nunca, cinco minutos antes de acudir a su cita con la muerte).

Entonces, después de mi deseo de llorar de miedo por el miedo improbable de mi madre a causa de mi evasión pensé en esa persona de la que no quiero enamorarme. Y las ganas de llorar subieron porque supe, más que siempre, que esa persona puede salvarme, si tan sólo me amase. Lo cual es imposible porque si me ama desaparece su imposibilidad y mi amor, por consiguiente.



***
Imagen 1: Candle dancers (1912) de Emil Nolde
Texto: entrada del diario de Alejandra Pizarnik, editorial Lumen.


5 comentarios:

guillo dijo...

alejandra escribia poesia hasta cuando escribia su diario, siempre es poetica nunca deja de serlo ni con su vida ni menos con su obra. fue nuestra poeta nuestra ultima poeta guilo

Adriana Alba dijo...

Una alegrìa descubrir tu espaco.

Saludos y felicitaciones.

Ico dijo...

controvertida y mágica Pizarnik, gracias por regalarnos su palabras

Anónimo dijo...

la que mudó en fragancias de quemazones, en medio del grito

Anna Dutchess dijo...

me encantaron las ultimas lineas que escribió Alejandra en este dia de su diario, son tan ciertas y tan palpables, mientras mas leo y leo cosas de ella mas se convierte mi escritora favorita.