—Ahora es la hora de seguir a solas en amistad con mi delirio —dije.
Porque aparecí en un cafetín lleno de gente de circo. A un payaso aún sucio y colorado le recité un poema y le creé un lugar de color en la oreja.
—¡Qué porquería! —dijo.
—La tilinguita… —dijo la gorda del mostrador.
Le di la mano a un chico arrodillado en un rincón y después no vi más mi anillo con la piedra de esmeralda. Mejor. No quiero más que perder. Quiero ser la muchacha del despojo, la violada a medianoche por títeres, por idiotas. Estrellas de una materia frágil, se van a romper en cuanto mis ojos las sigan viendo.
¿Sabés lo que se siente al querer retener a quien quiere irse?
—¿Te sirvo té?
—Ya me voy.
Tenía libros en la mano izquierda y la derecha buscó mi cara para un beso de adiós. Si te vas, Martín, ¿cómo podés irte y dejarme a solas conmigo, a solas con mis manos poderosamente nostálgicas esta noche? Dame la mano. Retiene mi mano. Sufro de un viejo sentimiento de ser dos en la noche en vez de una que solamente llorará. Temblé y permití que mi voz saliera rota.
—Tenía ganas de hablar.
—Es tarde.
El verbo hablar salió envuelto en un sollozo. Dejó los libros y acarició suavemente mi cabeza.
—Habla —dijo.
Me puse a inventar alguna historia fascinante. Estaba tan dolorida que apenas sabía buscar velozmente una historia dolorosa pero bella, algo que le hiciera decir
—Me hacés quedar pero vale la pena.
***
Texto: Diarios, jueves, 13 de junio de 1963.
Arte: Georgia O’Keeffe (1887–1986), Black Pansy & Forget-Me-Nots (Pansy), 1926. Óleo sobre lienzo, 68,9 × 31,1 cm. Brooklyn Museum.






