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29.4.26

Hoy no cumplís 90 años



Quiero abrazarte salvajemente. 
Besarte hasta que te alejes de mi miedo 
como se aleja un pájaro del borde filoso de la noche.




***

Fragmento: Diarios (Lumen).

25.9.17

Fotografía (poco conocida) para rememorarla un año más tras su partida


En orden de aparición de izquierda a derecha: Silvina Ocampo, Enrique Pezzoni, Alejandra Pizarnik, Edgardo Cozarinski y Manuel Mujica Láinez.



***
Imagen: fotografía tomada del grupo de Facebook Queremos tanto a Alejandra Pizarnik que nos duele.
Agradecimiento: damos las gracias a Cristina Piña por facilitarnos los nombres de los otros retratados.

22.5.17

¡Yo! ¡Sólo yo sufro!


[...]

¡Háblenme de los hebreos en el desierto!
¡Háblenme de los pobres que mueren de hambre y de frío!
¡Háblenme de los clavos de Cristo!
¡Háblenme de los condenados a la hoguera!
¡Háblenme de las madres con sus hijos muertos!
¡Yo! ¡Sólo yo sufro!
Yo, que estoy tomando un exquisito café y aspirando la dulce fragancia de este cigarrillo.
Yo, que planeo una perfecta apertura social para la próxima semana.
¡Yo! ¡Sólo yo sufro!
Yo, que mientras escribo sonrío a una mosca que mastica azúcar y lloro de soslayo para no
humedecerla.
Yo, sentada, ignota y primaveral riendo de mi jactancia extravagante pero mía.
¡Yo, sólo yo sufro!
¡Háblenme de gitanas sucias y despatriadas!
¡Háblenme de estrellas sin cielo!
¡Háblenme de flores sin pétalos!
¡Yo, sólo yo sufro!
¡Sí! Acá, en mi verde umbrío rincón.
¡Sí! Acá, mientras vivo danzando en la cuerda.
¡Sí! Acá, mustia y pegajosa, llorosa y dolorida.
¡Yo! ¡Sólo yo sufro!
umbrío vidrio estridente marea
al filo sin son de la tarde muerta
tres dríades duermen sentadas
en mi ser cansado ya sin llanto
sombría y terrestre adrede
me extraigo
una verde sonrisa sangrante
¿dónde vas, labio muerto sin fondo?
¿dónde vas, impetuoso lanzallamas?

Alejandra: recuerda. Recuerda bien todo lo que has oído. Primeramente, debes aprender a separar el sueño de la vigilia. Recuérdalo, y no pienses que «estás desnuda o llevas un traje de vidrio».

[...]



***
Texto: fragmento del diario, entrada del 28 de setiembre de 1955 (Diarios, Lumen 2013).
Imagen: fotografía tomada del documental Soy lo que soy: Alejandra Pizarnik, de Sandra Mihanovich.

9.5.17

Apuntes sobre la colección Alejandra Pizarnik, por Daniel Canosa




Me permito una digresión. Hace poco estuve en la Sala Americana de la Biblioteca Nacional de Maestros, el motivo fue un llamado, no sabría describirlo de otro modo, que me llevó a consultar una selección de 12 libros pertenecientes a la poeta Alejandra Pizarnik, muchos de ellos subrayados y comentados por la autora. Se trata de ese tipo de decisiones que no responden a una lógica ni al trazado de un objetivo, decisiones que una vez tomadas, hay que tratar de entenderlas.

Ya se lo interrogaba Daniel Link en su feliz disertación sobre la colección Pizarnik:

¿Cómo usaremos esta biblioteca que llega hasta nosotros? ¿Como el fragmento vivo de una memoria muerta? ¿Como una reliquia? ¿Como una experiencia de videncia o como una historia de fantasmas?

Personalmente no sé muy bien que aporte puedo ofrecer como interpretación de aquellos textos marcados (configurados con un particular sistema de colores). Como bibliotecario pienso en el potencial de la colección, el gesto que se agradece –consultar libremente esos libros– sin otra finalidad que la curiosidad por abordar un material sin precedentes, en cuya compañía la poetisa construyó parte de su literatura.

El interés por la consulta de la colección surgió luego de haber conversado con el poeta y traductor Rodolfo Alonso, quien me había recomendado en una ocasión la lectura de los poemas de Georges Schehade. Como ya había leído parte de la poesía completa de Alejandra Pizarnik (edición a cargo de Ana María Becciu), encontré similitudes entre los textos de ambos poetas. Posteriormente consulto la Colección Personal en el catálogo de la BNM y encuentro el libro de Schehade en el campo de autor, situación que originalmente motivó mi visita a la biblioteca.

Para efectuar la selección tomé por criterio consultar el área de notas de los registros bibliográficos consignados por los responsables del catálogo, en especial aquellos libros que fueron intervenidos por la autora (notas, estudios críticos, subrayados) en detrimento de aquellos que simplemente figuraban con dedicatorias o sin comentarios. Hubo en la elección meras adscripciones estéticas, con la intención de encontrar proyecciones de las lecturas frecuentadas en algunas escrituras de Alejandra Pizarnik, especialmente en los libros Otros poemas (1959), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y algunos poemas dispersos publicados póstumamente. La serendipia me llevó a consultar los libros de Octavio Paz, de ahí asomaron otras variables que intentaré devanar con inevitable precariedad.


Como se sabe, Alejandra Pizarnik (Buenos Aires 1936-1972) hizo de su obra un mito candente de la Literatura Argentina. Según consta en el sitio Web de la BNM, parte de sus libros fueron donados por su amiga y editora Ana María Becciú, constituyendo el espacio denominado Biblioteca Personal Alejandra Pizarnik, permitiendo realizar búsquedas por autor, título y tema, además de contar con índices temáticos y de autores, lo cual nos permite asomarnos al catálogo de las elecciones estéticas, inquietudes intelectuales y afinidades literarias que poblaron los textos literarios y críticos de Pizarnik.

En esa feliz ceremonia tardía, hubo algo que me llamó la atención, que fueran los libros de Octavio Paz –aquel gran escritor mexicano– los más “intervenidos” por Pizarnik, en especial uno de ellos: “Los signos en rotación”, conjunto de ensayos, artículos y notas que cultivan reflexiones en torno a la poesía, inusitadas muchas de ellas, lo cual me permitió trazar una precaria línea con respecto a la atmósfera que sobrevolaron algunos poemas escritos por Alejandra poco antes de morir (mientras estaba internada en la sala 18 del hospital Pirovano). Es como si los artefactos generados por la escritora estuvieran de algún modo embebidos del plano propiciado por aquellas lecturas. Me da la impresión que la prosa de Alejandra Pizarnik tiene un carácter tanto filosófico como confesional, heredado en parte por estos abordajes críticos. No puedo probarlo, se trata de una mera divagación que por alguna razón necesito compartir.

Mientras estuve analizando parte de la colección me detuve en los subrayados que Alejandra remarcó en los versos del poeta libanés-francés Georges Schehade (1905-1989), un “descubrimiento” personal reciente. Allí Alejandra traduce un verso del poeta de la melancolía:
“hay tanto adiós delante de tu rostro”. Lo llamativo es que en el libro “Puertas al campo” de Octavio Paz, hay un pequeño homenaje a la poética de Schehade, donde se encuentra aquel poema traducido, que Alejandra vuelve a remarcar en el mismo verso.

La lectura simple que alguien puede hacer es el impacto o representación de ese verso en la poetisa, un manojo de palabras que “dice” algo de lo que ella es, de lo que piensa con respecto a una situación de vida en donde se ve claramente reflejada: “hay tanto adiós delante de tu rostro” puede significar muchas cosas. Por alguna razón Alejandra lo marcó en dos oportunidades, “algo” de ella estaba en ese verso, “algo” que no merecía ser obviado.

Puede haber muchas interpretaciones en las sucesivas lecturas, de hecho la atmósfera poética de los libros publicados por Alejandra entre 1959 y 1968 comparten un tono con el poeta francés, razón por la cual no pude evitar establecer semejanzas con algunos versos marcados de Schehade, una suerte de correspondencia íntima, de melancólica cercanía hacia una forma de escritura que de algún modo la representó.

La tarea ciclópea que queda por delante es analizar cuánto de esa influencia aparece en los cuadernos y poemas de Alejandra, el sistema de marcado, el criterio de los colores utilizados, y las anotaciones en lápiz, para luego contrastar con los diarios privados desde donde volcaba o elaboraba su propia poesía.

Sin embargo, más allá de no tener conocimiento de la influencia del poeta francés en la poética de Pizarnik, se podría decir que tanto Schehade como Alejandra comparten un plano, hay en ambos un precario hilo en la construcción de algunos versos, algo delicado y a la vez tembloroso, algo que parecen abandonar, visible en las marcas que la poetisa realizó sobre los versos del poeta nacido en Alejandría.


Pero si bien aquí aparecen mínimos subrayados y traducciones, en los libros de Octavio Paz se advierten estudios, análisis, breves cuestionamientos y citas de otros textos, el autor de Libertad bajo palabra ofrece ensayos sobre literatura en los cuales Alejandra se detiene, indagando, "preguntando", hilando conjeturas, y trasladándolas a su propia escritura, de hecho –y haciendo un salto en el tiempo–  los últimos poemas escritos por Alejandra dejan entrever un cuestionamiento metafísico a través de la prosa ¿Cuánto de lo profanado por Octavio Paz aparece en la prosa poética y en los diarios de Alejandra Pizarnik? acaso la respuesta descanse en el “Archivo Alejandra Pizarnik”, ubicado en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, donde finalmente fueron a parar sus manuscritos, variantes y correcciones, correspondencias, cajitas y sobrecitos en los que guardaba palabras o frases recogidas en lecturas y conversaciones, cuadernos en donde anotaba poemas o fragmentos de otros autores (se sabe, luego de la muerte de Pizarnik, y por pedido expreso de su madre, las poetas Olga Orozco, Ana María Becciu y Elvira Orphée recibieron el encargo de proteger estos documentos).

Una opción alternativa es consultar los libros “Pizarnik: prosa completa” y “Alejandra Pizarnik: diarios” ambos publicadas bajo editorial Lumen con edición a cargo de Ana María Becciu.
Curioso destino de estos documentos, además de las publicaciones referidas –que recogen parte del abordaje hacia los mismos– existen pocos espacios donde consultar “objetos” pertenecientes a la escritora, dos de ellos fueron citados: la Universidad de Princeton (escrituras y documentos varios, de enorme valor) y la Biblioteca Nacional de Maestros (los libros adquiridos que conformaron su biblioteca personal).

Si bien en general los ensayos devanados por Octavio Paz provocaron en Pizarnik profundas intervenciones mediante notas y subrayados, es notable el interés que suscitó en Alejandra las ideas del ensayista mexicano sobre el concepto de otredad, relacionando el acto de "ver" en el poema, para lo cual basó sus estudios en extractos de poemas de Arthur Rimbaud (Pizarnik remarca lo siguiente "Para Rimbaud el nuevo poeta crearía un lenguaje universal, del alma para el alma, que en lugar de ritmar la acción la anunciaría", y luego "La novedad de la poesía, dice Rimbaud, no está en las ideas ni en las formas, sino en su capacidad de definir la quantité d'inconnu s'eveillant en son temps dans l'ame universelle (El poeta definirá la cantidad de desconocido despertándose en su tiempo, en el alma universal). Para el escritor mexicano este concepto es "ante todo percepción simultánea de que somos otros sin dejar de ser lo que somos y que, sin cesar de estar donde estamos, nuestro verdadero ser está en otra parte. Somos otra parte" (es posible advertir similitudes con el concepto rimbaudiano "yo es otro", asimismo Pizarnik remarca en otro texto la palabra "simultaneidad" perteneciente al mismo cuerpo de ensayos).

"No soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte..." Para Octavio Paz la imagen poética es la otredad, para luego remarcar "La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia”. Es en este tramo donde la poetisa se pregunta "¿y entonces, cómo la imaginación tiene que proponerse su descubrimiento?" más adelante consideraría como “dudoso” el tema del descubrimiento y la proyección en el poema, dos conceptos desarrollados por el poeta mexicano.

Hubo otra variable que se sumó a este triángulo, en la colección figura un libro de Rodolfo Alonso dedicado a la autora. Se sabe que este poeta argentino tradujo a Schehade (Los poemas, Hilos Editora, 2012) y siendo el miembro más joven de la agrupación Poesía Argentina, había conocido a Alejandra en tertulias literarias, sin embargo, consultando personalmente al autor obtuve por respuesta que no compartió charlas sobre Schehade, como tampoco hablaron de los ensayos de Octavio Paz, que le dedica a la autora sendas dedicatorias de sus libros.


Es interesante detenerse en las prácticas lectoras de Pizarnik, el modo en cómo frecuenta los textos, en ocasiones con remarcados que remiten a escrituras propias ["ver mi diario 24/2"], textos que traen citas o ideas de otros escritos y pequeños ejercicios de literaturas comparadas. En muchos casos las notas de importancia son resaltadas con colores, incluyendo comentarios en lápiz.

Otra característica que se advierten en las lecturas es la demarcación de conceptos:
Metafísica, Misticismo, Dualidad, Pluralidad, Erotismo y religiosidad (John Donne)
Lenguaje natural, Melancolía, Lenguaje y cuerpo, lo indecible (Artaud, De Quincey)
Soledad, Transfiguración, Videncia, Simultaneidad, (Octavio Paz) o como cuando un simple verso se asocia con escrituras de otros autores (de Octavio Paz "toca mi piel, de barro, de diamante" (que en lápiz Alejandra asocia con Mallarmé, Elliot y sobretodo Lorca).

No deja de ser interesante la dedicatoria de este libro:

Alejandra:
"Hay que salvar al viento"
Alejandra
Las palabras se queman en el viento
Hay que salvarlas
Octavio
París, a 18 de febrero de 1961

Ya que Octavio Paz (único Premio Nobel mexicano de Literatura) lo que hace es citar un verso que Alejandra Pizarnik publicó en 1956 en un libro titulado “La última inocencia”, allí se puede leer en el poema “Origen” lo siguiente:

Hay que salvar al viento
Los pájaros queman el viento
En los cabellos de la mujer solitaria
Que regresa de la naturaleza
Y teje tormentos
Hay que salvar al viento.

Como se ve, la importancia de la colección es enorme. El responsable de Sala Americana, Ariel Fort, licenciado en Ciencias Políticas, comenta que la colección Pizarnik es de las más consultadas por investigadores. Siempre consideré que las bibliotecas deberían tener un carácter dinámico e interrogativo con respecto al potencial de sus fondos bibliográficos, es lo que ocurre con esta colección, genera documentos desde los documentos mismos, un verdadero patrimonio cultural al alcance de la mano, solo se necesita tiempo, y dedicar un espacio a la lectura crítica, al análisis de las intervenciones semánticas, al estudio literario de las sucesivas interpretaciones motivadas por ese encanto particular de estar sosteniendo los libros que Alejandra sostuvo. Si nada de esto genera interés, al menos quedará el consuelo, como me ha ocurrido, de poder acceder a otras lecturas por el simple hecho de que la autora les dedicó sus marcados y reflexiones. La literatura es inagotable, y la curiosidad debería ser, como alguna vez lo remarcó el gran bibliotecario argentino Hugo García “inagotable, continua, paciente y persistente…”

Acceder a un libro por intermedio de un comentario o una recomendación es acaso una experiencia que puede cambiar la vida de una persona, el hecho mínimo suscita una inmensa gratitud. Es por las lecturas de Alejandra Pizarnik que terminé comprando el libro de ensayos de Octavio Paz. Es por las apreciaciones de Pizarnik que tomaré un lápiz y trazaré las mismas líneas en los textos frecuentados, como una guía, acaso será un modo de agradecer el intermediario que ella fue, donde arroja con sus anotaciones un poco de claridad conceptual (arbórea, siempre iridiscente) como relámpagos en medio de una noche, o como dice Luis Chitarroni, quien recupera en Siluetas (un gran libro sobre biografías literarias), este texto de Arno Schmidt, de su Dialoge:

Un hombre con pericia y tacto ha hecho de verdad el trabajo duro “leyendo = previamente”, conquistando y desmalezando mil volúmenes de material anticuado para usted. No hacer un uso agradecido de estas sugerencias significaría que mi propia arrogante falta de pensamiento dejaría de lado las horas preciosas, irremplazables que un predecesor venerable pasó leyendo por mí.

Se dice que todos los días se suben en Youtube 100 horas de vídeo por minuto, que en Facebook se publican alrededor de 3.000 millones de fotos al mes (sí, cerca de 3 mil por segundo), que en este momento la humanidad lleva almacenado alrededor de un Zettabyte (el equivalente a más de mil billones de disquetes), que los usuarios de Internet seremos más de 5.000 millones en unos ocho años, y sin embargo en los estantes de las bibliotecas están los libros, esperando lectores, la probabilidad de agregar nuevas páginas a la inmensa construcción, aunque más no sea una divagación, como finalmente ha sido este caso.



***
Texto e imágenes: escrito por Daniel Canosa y tomado del blog Libros Vivientes.

25.9.16

44.° aniversario luctuoso de Alejandra Pizarnik


Domingo. Lento y opaco domingo lleno de garras oscuras que atraen misteriosamente las horas. Domingo. Las sombras cubren mi tristeza que desciende simétricamente hacia el vacío.



***
Texto: Diario (fragmento), 28 de setiembre de 1954 (Lumen, 2013).
Imagen: fotografía de Pizarnik (fecha y origen desconocidos).

30.8.16

Despierto cansada y llorosa...


5 de agosto [de 1955] 

Despierto cansada y llorosa. Los interrogantes entran por la ventana como el viento, como el sol; pero mi alma no se pregunta nada. Sólo mira y reprueba los torneos mundanos que realiza mi cuerpo. Ella sólo desea paz, y como no se la doy, se limita a callar y esperar. La tristeza llena mi cuerpo. Me siento cansada de tanta melancolía. Mi estado de ánimo trueca los resplandores luminosos de cada objeto en simples entes desteñidos. Nada me señala alegría. Nada estira mis labios en verdadera sonrisa. Mi pelo oculta la frente, grávida de horrendas imágenes. Tristeza que entra por un ojo floreciendo en el otro ojo. Podría decir que no puedo más, que me iré, que acabaré con mi vida. Pero sigo y sigo portando esta angustia exacerbante, repetida y renovada. Mis manos se abren desesperadas. Estoy encerrada en la más funesta congoja. Estoy atormentada por el pesar más negro. Mi sufrimiento surge a cada instante, para mayor verosimilitud.

           Del Diario de Katherine Mansfield:
           "La vida no parece más que arena y serrín".

Sólo disfruto de veras en mi propia compañía. Cuando estoy sola, el detalle de la vida, la vida de la vida, es algo realmente maravilloso.

¡Oh, quién fuera un escritor verdadero, consagrado a su vocación y sólo a su vocación!

Hay momentos en los que Dickens se siente dominado por una fuerza que le impulsa a escribir y está como transportado. Ésta es la dicha perfecta. Ciertamente, los escritores de hoy no la poseen. ¡Oh, vida, acéptame! ¡Haz que sea digna de ti! ¡Enséñame!

Al escribir esto, levanto los ojos. En el jardín, las hojas mueren. El cielo es pálido. Me doy cuenta de que estoy llorando. Es difícil, es difícil morir bien.

Mostré algunos poemas a dos compañeros. Los elogiaron extensamente. Me alegré infinitamente y más aún porque esos muchachos no son intelectuales ni mucho menos. Son verdaderos «porteños» devotos de Arlt y Discépolo. ¡¡Cómo me gustó emocionarlos!!

Conté a R. mi separación de L. El relato fue una bella historia de dos seres obligados a separarse en "una época brutal en que no hay lugar para el amor". Creo que al final, no entendió la razón de la separación. ¡Mejor!¡Llegó!

Llegó el miedo. ¡Tengo miedo de existir, de estar sentada en la silla, de pensar en ÉL, de haber hablado de mis poemas, de mi mente, de mi cuerpo, de la poesía, del calor de la estufa! ¿Comprendes, Alejandra?

Sí. Pienso en mí y me asusto. ¡Estoy tan enferma! Pero no es ninguna enfermedad agradable, de ésas en que una está segura en cama y recibe flores y amigos y sonrisas protectoras. Mi enfermedad es, inversamente, de ésas que le dan a una aspecto sano, apto para recibir golpes. Y caen uno más uno, a veces en orden y otras no, ¡pero no importa! La llegada es fiel. Me duele estar enferma. Me angustia
curarme (desfallecer de amor por ÉL). Jamás estaré bien. Jamás mis momentos felices sobrepasarán los momentos dramáticos.

Creo que ya no hay nada que defender. Aun con mi ínfima capacidad reflexiva, puedo deducir mi vida. Ha de ser una vida corta en la que no me casaré ni tendré hijos (hasta diría que no tendré relaciones sexuales). Moriré acá en este cuarto, de alguna cosa aparentemente violenta como es algún choque automovilístico o un cáncer de pulmón.

Hablé de mis tentativas literarias. Siempre las haré, pero nunca llegarán al acto. No escribiré nunca nada bueno, pues no soy genial. No quiero ser talentosa, ni inteligente ni estudiosa. ¡Quiero ser un genio! ¡Pero no lo soy! Entonces ¿qué? Nada. Alejandra, ¡nada! Sigue juiciosa y reprimida como hasta ahora. Sigue diciendo que tu vida no vale nada y temiendo fumar en la calle. Sigue berreando contra la humanidad mientras te asusta esta pobre silla. Sigue entreteniendo una calavera negra cuando tu rostro enfrenta al espejo mientras el corazón late pensando en el dibujo correcto de tus labios. ¡Sigamos caminando, Alejandra, sigamos caminando! Caminaremos hasta la odiada y temida Muerte en la que cesará la odiada y temida Vida. Gime por tus lágrimas mientras te sientes culpable de tu risa. Enciérrate en tu cuarto a escribir sandeces suspirando por los ovarios de D. Sonríe a D. angustiada por el tiempo que corre y la necesidad de estudiar Pascal. ¿Comprendes, Alejandra? Estamos perdidas, lo que se dice ¡completamente perdidas!

Mis lágrimas tienen sabor mundano. Mi pluma destila rostros conocidos y elige: éste, sí; éste, no. Mi cerebro festeja una kermesse facial. Lluvia de rostros: A. B. C. D. ¡ÉL! Finalmente, aparece Picasso llevando a Guernica. Lloro más fuerte. Picasso me obliga a aferrarme a la Vida. ¡Y es mucho más cómodo rechazarla! No puedo decir que el hombre es nada cuando sé que allí está Picasso. Estrujo mi frente. Pienso en ÉL y le envío un mensaje que me cure, que me quite esta sensación de fracaso literario que no soporto.

                    Hay mujeres locas y mujeres de talento, pero ninguna tiene esa locura del
                    talento que se llama genio.
                    SIMONE DE BEAUVOIR

Lo que ocurre es que yo quiero saber el porqué de todo esto. Quiero saber por qué me atrae D. Quiero saber por qué nací. Quiero saber por qué es de noche ahora, por qué la vid se hace vino, por qué esta silla (¿quién la inventó?), por qué existe el lenguaje, por qué sufro tanto, por qué existe el olvido, por qué existe el mundo. Por qué existe la existencia, por qué existo, por qué siento, por qué hay flores (¿quién inventó el color? Por qué se llama color).

Me siento delirar. Me duele mi existencia sin objeto. Yo misma soy un objeto. ¡Qué mundo enfrentar si sola nada soy! ¡Qué mundo explicar si sola nada sé!

Siento el ronco sonido de mi respiración.

Es muy tarde. Estoy cansada. Sólo me veo a mí. De vez en cuando pienso en ÉL. O en mis libros. O en la soledad anhelada. O en aprender seriamente. Pienso en el genio. Es muy difícil que se manifieste desnudo de aprendizajes. ¡Y al final no me importa! Lo dije ya y lo repito pero no llego a convencerme a mí misma.

Es muy tarde y mis párpados se inquietan. Me siento muy sensible y siento que todo vive. Cada cosa grita su ser. Me haré balance. La individualidad exalta mi pluma. Yo. Yo. Yo. Yo. Soy la mujer más egoísta del mundo. No sólo vivo por y para mí, sino que exijo de los demás que den elementos que en mí no hallo, elementos que se refieren a mí, siempre a mí. Sí. Es tarde pero temo separarme del cuadernillo. Temo acostarme, temo llorar. Estoy por llorar. Me siento horriblemente desdichada y
culpable. Mi [palabra ilegible] frívola y cariñosa. [Palabra ilegible] angustia la publicación de mi libro. En el fondo no lo quiero. ¡No! En el fondo quiero estudiar. Quiero escribir lentamente. Quiero esculpir al fuego de la gloire (Pope).

Alejandra seguía rumiando las desconectadas frases. Suspiraba violenta apretando dura su cuadernillo marrón. Sus ojos sin fondo clamaban a Algo. Se [palabra ilegible] esa rareza de la desasimilación. (Pensé que le haría falta un buen tratamiento psíquico.) Me acerqué hacia ella tratando que no me viera. ¡Así fue! Seguía suspirando y escribiendo marcando en su rostro gestos de desesperanza. Sentí pena, a pesar de que su rostro no la inspiraba. Frunció las cejas tan fuerte que yo temí ver su rostro roto de continuar con esas flexiones faciales. Pesaban los minutos. Su cuerpo seguía inerte y desilusionado. Los suspiros fueron reemplazados por un silencio trágico. La miré profundamente. Contuve mis deseos de llorar. ¡Cuánto dolor había en ese cuerpo abandonado! ¡Cuánta angustia en esas manos aferradas al papel! ¡Qué trágico destino el de esta muchacha sentada que escribe y escribe!

¡No pude soportar más y me fui! En la calle, el sol doraba las sombras esfumadas. Aspiré esforzándome por no pensar en Alejandra.

Al pasar por una plaza, una paloma se posó en mi hombro. La acaricié agradecida. Ella levantó sobresaltado vuelo, pero me dejó una bella plumita. Miré el cielo. Presente y compacto de azul definido. Ya me sentía mejor. La figura de Alejandra sólo era una imagen borrosa.



***
Texto: "Cuaderno de agosto de 1955", Diarios (Lumen, 2013).
Imagen: fotografía de Alejandra Pizarnik.

16.5.16

Esto de pasarse la vida auscultándose es depravadamente ineficaz...



1 heure du matin

Esto de pasarse la vida auscultándose es depravadamente ineficaz. ¿Qué quiero? Ya es bastante que viva, que no robe ni mate ni ejerza la prostitución. En vez de ello leo poemas y estoy angustiada y a veces escribo. Nadie lo haría mejor después de todo lo sucedido. Por lo tanto, a estar contenta de mí y a regocijarse por esta atmósfera culta, sana e inofensiva que supe crear alrededor de mí, en vez de dedicarme a la destrucción y la pulverización públicas, en vez de salir a la calle con un cuchillo y agredir a todo el mundo.



***
Texto: Diarios: cuadernos de mayo a agosto de 1962 (escrito entre el 10 y 11 de agosto de 1962).
Imagen: foto de Alejandra Pizarnik, fecha y origen desconocidos. 

16.3.16

Pensando en ella



Alejandra dejándonos una nota, un dibujo, un poema.

Alejandra sonriente, tartamudeando un chiste un sobreentendido como si hablara con Kafka (de la estirpe de Kafka).

Alejandra, un muchachito en apariencia, pelo corto, pantalón eterno, nada bonita, toda encantadora.

Alejandra encanta a los artistas, poetas, escritores. Es así como atrae el talento, la sátira, la broma (Kafkiana sin su recato).

Alejandra que vive en el molde que se creó antes de salir a la vida, poniéndose adentro, y si el molde refleja a los poetas malditos, mejor.

Alejandra que no puede decir: “PARE” y menos pararse en esa curva peligrosa de ser; de ser ella; de ser poeta.

-Duermo de día, escribo de noche, invento, sufro, luego existo. Tengo alucinaciones, luego existo. No puedo dormir, tiemblo, el miedo, la oscuridad, luego existo. Esto es pensar en Alejandra.

Y luego: llega la fama. Veo a Cortazar (también su amigo) y tengo una sensación de extrañeza: pero... si lo conocí antes...: (de la fama) si era mi amigo... si era mi vecino... si éramos jóvenes. Y cuando Alejandra está en París, allá por los años 63 o 64 en esa curva ascendente, tengo la misma sensación de extrañeza pero si la conocí cuando era una muchachita vestida de muchachito tartamudeando, enviando cartas sentimentales. (Conservo una carta llena de amor que terminaba invitándome a “La Martona” (1) porque el pudor puede más).

Y en París, en su cuarto, todavía en la cama; y en el suelo, una fila de vasos de té vacíos puestos uno tras otro como las velas que encienden los enamorados como un juego. Pero Alejandra no juega, no trabaja, no come; escribe, escribe, lee, conquista amigos franceses, latinoamericanos y... se encierra.

La invitamos a cenar tantas veces como pudimos y cuando volvimos a BA, dijimos “se va a morir”. Tanto desamparo, tanta pasión, tanto juego, tantas arañas impacientes seduciendo su mente. Y tardó ocho años en cumplirse nuestra premonición pero ya se veía. Sí, ya se veía. Tanto desamparo detrás del humor de la ambición oscura de ser lo que era: una gran poeta. Detrás del humor, tanto desamparo. Su vida era la palabra, lo goyezco que afloró con el tiempo y que ocultaba, mientras desaparecía, ella, Alejandra y quedaban su escritura, sus poemas, para siempre. Me urge pensar en Alejandra, frágil, hermana, desdichada. Y no en su obra.

¿Sabés Alejandra? la locura me da miedo. Ese límite tenue entre ser y dejar de ser. Nos llamabas a las tres de la mañana porque los vecinos te observaban, te perseguían... (¡A través de las paredes!). Alejandra sabia y pordiosera. Huérfana y madre, hija, hermana, de la poesía. El molde que construyó para volcar su vida, se transformó en caverna, y ya dentro, la caverna se transformó en laberinto ¡y no encontró la salida!

Ordena sus papeles. Ordena. Ha recibido la orden. Está consagrada. El 25 de septiembre de 1972 cumple con la ceremonia.

Perla Rotzait
Junio 06

Nota 1. “La Martona” era una lechería que servía preferentemente a los niños, leche con vainillas. (¡Cómo cambió B.A.!).

Nota 2. Gracias a la invitación de Patricia Venti, recuperé a Alejandra Pizarnik por unas horas. Tomé la “Prosa completa” tomé la “Poesía completa” y me sumergí en el talento y la gracia y la rebelión y el infierno.



***
Texto: testimonio de Perla Rotzait para el blog de Patricia Venti, Alejandra Pizarnik: pública y secreta.
Imagen: foto, con fines ilustrativos (no corresponde al testimonio), tomada del grupo de Facebook "Queremos tanto a Alejandra Pizarnik que nos duele" y fechada: París, 1960.

14.1.16

Mi visita a la tumba de Alejandra Pizarnik, enero 2016


Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar 
y le fue concedido.




Vista panorámica de la tumba de Alejandra Pizarnik, cementerio israelita La Tablada, Buenos Aires, Argentina.



Plano orientador del cementerio La Tablada, con ubicación exacta de la tumba de Flora Pizarnik.



Vista de la manzana 21, que alberga la tumba de Pizarnik.



Tumba de Alejandra y su padre, Elías Pizarnik.



Detalle de la tumba de Pizarnik.



Detalle de la tumba de Pizarnik y ofrendas.



Mi ofrenda...



Vista lateral de la tumba de Alejandra Pizarnik.



Vista alejada de la tumba de Elías y Alejandra Pizarnik (su tumba se encuentra justo en frente a la banca de piedra).


***


Nota: por favor, citar la fuente de las imágenes (alejandrapizarnik.blogspot.com) en caso de utilizarlas.

10.11.15

Conversando con Alejandra Pizarnik



                         Alejandra Pizarnik (In memoriam)

                        "He tenido muchos amores -dije-
                         pero el más hermoso fue mi
                         amor por los espejos". A. P.


Vos, Alejandra,
que te erigiste en pájaro mitológico,
cantando abismos de silencio y palabra,
¿qué abominable destino
te impidió desovar luz allí mismo,
en los meandros de tu mente,
consagrada al ulular de los vientos
que la noche al primer sueño amarra?

Vos, que pudiste amar los espejos,
quizá los mismos que a Borges tanto horrorizaban,
¿cómo no encontraste -en tu visión última-
la imagen prístina que te reconciliase
con la verdadera Alejandra:
aquella que puede conjurar pesadillas
de rostros incendiarios,
para que ella te abriera paso
a la mayor de las auroras:
la que te hubiera nutrido con tu esencia y linaje
de soñadora impenitente,
capaz de atravesar todos los fuegos
para acariciar la rosa distante
y nunca temer sus espinas,
convirtiéndolas -con alquimia de sigilosa lucidez-
en peldaños que te llevaran -sin escalas-
en espiral hacia el Infinito?

Vos, Alejandra,
que arremetiste contra el velo
detrás del cual nos contemplan
nuestros ancestros y aún los dioses,
sin importarte las admoniciones del Dante,
¿a qué poeta iluminado comunicarás
tu privilegiada visión,
lejos por igual del dolor y la apatía?

¿Cuánto habré de preguntarte
antes de que una misma luz
nos permita disfrutar de un eterno presente
jugando a dialogar,
con la íntima certeza de sernos uno,
-olvidados de nuestros nombres
y de la vana insistencia
en sentirnos cuerpos distintos-,
ya sin la sombra de ser, vos, la hechicera
y yo, el hechizado?



***
Texto: poema de Rafael Roldán Auzqui.
Imagen: Alejandra Pizarnik, fuente desconocida.

5.9.15

Cuando era más chica, despertaba llorando y era feliz por la noche...


7 de agosto [de 1960]

Cuando era más chica, despertaba llorando y era feliz por la noche. Ahora es lo contrario. A las seis de la tarde —hora fatal para las solitarias— muero y remuero. Me transformo en una bestia encerrada, impotente en su enorme fuerza inútil. ¿Es esto la adultez?, pregunto. ¿Ser una persona grande es odiar la niebla y la oscuridad? La vida es demasiado larga, creo, siento. No es larga cuando hay muchas cosas que hacer. Pero cuando no se hace nada o se espera todo, que es lo mismo, entonces la vida es larga. Pero yo me veo forzada a pensar en la vida. Desde hace muchos años, desde que me di cuenta que sufría demasiado tuve que pensar en mi vida. Y entonces pensé en mi vida:

-Tienes que salir de esta situación.

-No sé cómo.

-Tú crees que estás sufriendo para algo, para alguien. Aún no sabes que no hay a quién demostrar que se sufre.

-Pero yo debo sufrir. Es como si debiera vengarme.

-Tienes que salir. Ve a un museo, ve a pasear, usa tus ojos, no los guardes, ya es hora de que los uses.

-Quiero que me cosan los párpados, así sabré que no veo no porque no quiero sino porque no puedo.

-Debes salir. Tienes que usar de tu ternura. No puedes dejarla sepultada en tu espera.

-Tengo miedo de salir.

-Todos tienen miedo.

-Pero yo más, porque nunca he salido y los otros ya han salido y tengo que hacer un esfuerzo muy duro cuando estoy con alguien para fingir que yo también he salido. Y no es verdad. Jamás he visto nada ni ido a ninguna parte.

-Tienes que salir y ver a la gente.

-Tengo miedo de la gente. Siento que engaño a la gente. Que la engaña mi cara, mi voz, mi cuerpo. Es un esfuerzo muy duro hablar: como si yo también tuviera una vida propia, como si también a mí me pasaran cosas, es un esfuerzo muy duro ocultar mi sorpresa por estar afuera, hablando.

-Tienes que salir.

-Sí. Voy a salir. Quiero vivir como todos.

-No. No es verdad.

-Sí. No es verdad. No quiero vivir como todos. No puedo creer que yo también entraré en la vida de ellos y yo también haré lo que hacen ellos.

-Te crees distinta.

-Es verdad. No puedo creer que mi vida será como la de ellos. No sé nada, lo ignoro todo, pero no puedo creer que lo que hacen ellos es la vida. Mi vida no será como la de ellos.

-Si no sales tu vida no será nunca nada. Será como ahora. Una espera vacía.

-No sé adónde ir. Todo es provisorio. La gente es provisoria. Son seres que están en tanto no aparezcan los otros, los verdaderos.

-Quieres decir los que no existen, los que habitan tu delirio.

-No puedo ser amiga de la gente, la gente no es mágica, no tiene halo, es como la necesidad de comer y de orinar y de bañarse. Yo quiero que la gente sea del color de mis sueños. Quiero que la gente sea mágica.

-Tienes que salir y ver a la gente.

-Pero tienen mal gusto, como un remedio para la tos. La vida de ellos tiene mal gusto, hay que vivirla con los dientes apretados, pensando en otra cosa, entreteniéndose con otras cosas, porque de lo contrario es insoportable.

-Tienes que vivir como ellos.

-Lo haré. Pero su vida gotea como una canilla rota, da ganas de llorar, como cuando se contempla un reloj viejo y enorme en una sala desierta. Los minutos se suceden como el llanto de un gato. Si es preciso vivir como ellos viviré, pero siento que renuncio a todo.

-Lo que llamas todo es tu espera vacía, tu nada. Ellos tienen poco, pero tienen algo. Tú también debes entrar en la vida de ellos y tratar de conseguir también tú un poco de algo, algo de algo.

-Lo haré. Pero sólo con la voluntad. Nunca con mis deseos.



***
Texto: entrada del diario de Pizarnik, tomada del blog Amor Líquido.
Imagen: fotografía de Alejandra Pizarnik.

21.6.15

A propósito de la poesía de Pizarnik (o La transparencia suicida), de Marcos Vieytes



Notas escritas en los blancos de las páginas de tres o cuatro libros de la autora.

I

La poesía es sonoridad, dejarse llevar por la música interna de las palabras, que no es sólo la del sonido físico de ellas en el idioma original, sino la del espíritu de quien las escribe: es como engarzar trozos del ser en un lapso de tiempo o trazar su contorno en un espacio de papel. El resultado es algo parecido a una radiografía circunstancial del yo, o del yo circunstancial, que ya es otro yo una vez fijado en el poema. La poesía es desnudez, y Pizarnik no conseguía vestirse siquiera con la prosa: ni así podía ocultarse. Es un desprendimiento y desamparo tan agudo el que me abruma cuando la leo, que suelo espaciar la experiencia, escanciarla. Además de que al hacerlo, igual que con El oficio de vivir de Pavese, no me puedo olvidar de su muerte. Y pienso en los textos que leo como si fueran eslabones que le ataron a ella. Como si cada letra suya leída por mis ojos me hiciera cómplice del suicidio.


II

Además, esa mujer no deja nunca de conversar con quien la lee. Es imposible poner distancia entre uno y sus poemas. Arma con la segunda persona una intimidad que lastima. Porque se ofrece, pero uno sabe que ya es tarde. Y no sólo porque ha muerto, sino porque siempre lo fue. Aún con el poeta en vida, la poesía lírica no deja de ser nunca un soliloquio, una prueba de sonido que estamos destinados a ver (antes que oír) separados por un blíndex grueso y mudo, sin otra posibilidad que la de participar a la distancia, interpretando signos ajenos, lisiados. Doblemente crueles son entonces esos mecanismos discursivos, tan frecuentes en ella, por los cuales uno se siente invitado a entrar en sus poemas, a salir de sí mismo, sin ser nunca recibido del todo.


III

La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos


IV

Siento que la suya es una escritura quebradiza. No diría débil porque hay un grado de fortaleza sobrehumano, monstruoso, en la continua exposición de sí misma que lleva a cabo, sino sonoramente frágil: pienso en ese estruendo de las hojas caídas de los árboles cuando son pisadas por las suelas de los zapatos de los transeúntes. Los huesos de los poemas de Pizarnik crujen. También pienso en la escritura de Silvina Ocampo cuando la leo (y en cosas que adelgazan por propia voluntad).


V

Tú haces de mi vida esta ceremonia demasiado pura.


VI

pureza que espanta

no sé si su poesía vuelve helada a la materia, pero sí que materializa la helada o que coagula o cuaja materias heladas: horrores, insanía, soledad

le da vida a lo frío, a lo más feo, a lo más solo y vacío de nosotros mismos

y con dulzura, encima

sin medir jamás las consecuencias

debe ser la más gótica de nuestros poetas, la más Poe-ta de todos


VII

Del combate con las palabras ocúltame y apaga el furor de mi cuerpo elemental.


VIII

Tarkovski decía que lo suyo no era ser profeta, sino poeta, decidor de plegarias. Son muchas las veces en que los versos de Pizarnik tienen forma de petición. ¿Qué hace uno con eso, entonces, impotente oidor de rezos que enfatizan nuestra pequeñez, nuestra falibilidad? Porque ya no hay -ni hubo nunca, es cierto, debo recordármelo para eludir esa fantasía inmodesta del héroe salvador- posibilidad de responder a eso. Leyéndola se queda uno siempre con la conversación atravesada en la garganta.


IX

Hay veces que dan ganas de violarle los versos ("Hay vestidos femeninos tan bellos que se querría desgarrarlos", El oficio de vivir, Cesare Pavese). Ganas de ser Randolph Scott en una de Boetticher, pegarle un par de cachetazos secos como hacían las grandes figuras masculinas del western para volver a la realidad a las mujeres que sufrían un ataque de nervios, y sacarla del trance lírico en el que se mete y nos mete con elocuencia suicida. El yo lírico de Pizarnik reclama una violencia amorosa que le permita recuperar los bordes físicos del mundo, las texturas, los volúmenes, la materia: su propio cuerpo, al fin y al cabo (acaso el amor no debería ser otra cosa que eso capaz de traernos de nuevo al mundo concreto tangible, en lugar de ese viaje fantástico que nos aleja de ello tentados por la especulación. ¿El amor como principio de realidad? También me extraña un poco formularlo, pero sí).


X

tú me desatas los ojos


XI

El destino –la posibilidad de comunicación o comunión- de muchos de sus versos, se juega en el sonido de las ‘des’ y de las ‘eres’. O en una coma de más o de menos (pero el poeta argentino de las comas, creo, es Saer, esto dicho sin haber casi leído a Juan L., de quien desciende o, más bien, deriva como si de un delta se tratara. Ramificación de la poesía de Ortíz, quien acaso sea el poeta argentino de los puntos suspensivos).


XII

La poesía de Pizarnik es una trampa de la comunicación. Proclama una cercanía que no clausura la distancia, sino la acrecienta. Propone un abrazo incorpóreo como el de los personajes de Kiyoshi Kurosawa en Kairo, que rodean el aire reclamados por un recuerdo o por la presencia inasible de los muertos. Pizarnik es la muerta elocuente que solicita ‘ayuda’ desde el más allá, el poema es su abrazo de Medusa o médium, y nosotros los que vamos a ella afantasmándonos con los versos abiertos.


XIII

Hay dolor extremo, insalubre, en Pizarnik, un dolor que te atraviesa como las agujas de las que habla en Una traición mística, un dolor/silencio que se chupa al lector y lo desangra, lo deja seco como en Lifeforce, de Tobe Hopper, en las que una fuerza extraterrestre encarnada en una mujer desnuda le succiona la energía vital a los hombres, y sólo quedan de estos los cuerpos arrugados como pasas de uva o frutos secos. La suya es una especie de poesía vudú, versión poética de Yo caminé con un zombie.



***
Texto: anotaciones de Marcos Vieytes tomadas del blog Hacerse la crítica.
Imagen: fotografía de Pizarnik por Sara Facio.

2.5.15

estos ojos...


estos ojos
sólo se abren
para evaluar la ausencia



***
Texto: "Aproximaciones", Buenos Aires 1956-1958.
Imagen: detalle de un dibujo de Alejandra Pizarnik incluido en el libro Dos poemas iniciales. Alejandra Pizarnik.

10.4.15

Casa de citas


       "J'en parle afin de traduire un etat de terreur".
                                       Georges Bataille


--Hay como chicos mendigos saltando mi cerca mental, buscando aperturas, nidos, cosas para romper o robar.
--Alguien se maravillaba de que los gatos tuvieran dos agujeros en la piel, precisamente en el sitio de los ojos.
--"Odio a los fantasmas"-- dijo, y se notaba claramente por su tono que sólo después de haber pronunciado estas palabras comprendía su significado.
--Abrí la boca un poco más, así se notará que estás hablando.
--Me siento como si no fuera capaz de hablar más en la vida.
--Hablá en voz muy baja. Y sobre todo, recordá quién sos.
--¿Y si me olvido?
--Entonces bramá.


--Estoy pensando que.
--No es verdad. Cosas desde la nada a ti confluyen.


--A lo lejos sonaba indistintamente la voz de una muchacha que cantaba canciones de su tiempo de muchacha.
--¿En qué pensás mientras cantás?
--En que aquel sueño de ir en bicicleta a ver unas cascada rodeada de hojas verdes no era para mí.
--Sólo quería ver el jardín.
--¿Y ahora?
--Siento deseos de huir hacia un país más hospitalario y, al mismo tiempo, busco bajo mis ropas un puñal.
--Como vos, quisiera ser una cosa que no puede sentir el paso de los años.
--Supongo que el envejecimiento del rostro ha de ser una herida de espantoso cuchillo.
--La vida nos ha olvidado y lo malo es que uno no se muere de eso.
--Sin embargo, cada vez nos va peor.
--Entonces la vida no nos ha olvidado.


--Perras palabras. ¿Cómo han de poder mis gritos determinar una sintaxis? Todo se articula en el cuerpo cuando el cuerpo dice la fuerza inadjetivable de los deseos primitivos.
--Apenas digo el espacio donde se escribe el signo del reflejo de un pensar que emana gritos.

--Soy real-- dijo. Y se puso a llorar.
--¿Real? Andate de aquí.
--Algo fluye, no cesa de fluir.
--Dije que te fueras.
--Dijiste que me fuera. Intento hacerlo desde que me parió mi madre.
--Vos no existís, ni tu madre, ni nada, salvo el diccionario.


--Alcancé el maravilloso poder de simpatizar con cualquier cosa que sufriese.
--No entiendo. Fui al prostíbulo, y esa bella constelación de divinas difuntas.
--Entiendo. La crítica de la puta razón.
--Quedé asombrada con cantidad de asombro pues vi a una mujer montada sobre un animal en estado bruto.
--Mi miedo al dar a la vida un solo adjetivo.
--Siempre tropiezo en mi plegaria de la infancia.
--Siempre así: yo estoy a la puerta; llamo; nadie abre.
--Le dije cuanto había en mi corazón.
--Por eso huyó, ¿verdad?
--A la hora de morir uno canta para sí, no para los demás.
--Sólo en su canto podía reconocerse al amante silencioso.
--Dispersados serán por el mundo las mujeres que cantan y los hombres que cantan y todos los que cantan.


--Y entonces se vestirá tranquilamente con el hábito de la locura.
--De nuevo la sombra.
--Y entonces me alejé o llegué. ¿Tendré tiempo de hacerme una máscara para cuando emerja de las sombras?
--La sombra, ella está aquí. Casa de sal volcada, de espejos rotos. Yo había encontrado un pequeño lugar solitario, propicio para llorar. Esta vez la sombra vino a la tarde, y no como siempre por la noche. Yo ya no encuentro un nombre para esto.
--Esta vez vino por la tarde, y no como siempre por la noche. Volvió a venir, más ya no hallé, aun siendo día, un nombre para aquello. Esta vez parecía amarillo. Yo estaba sentada en la cocina con un fósforo quemado entre los dedos.


                                                     1971


***
Texto: legajo de dos hojas y media, papel tipo avión, corregido a mano por A. P. Versión publicada en Textos de Sombra y últimos poemas, Sudamericana, Buenos Aires, 1982.
Imagen: foto de Alejandra Pizarnik (fecha desconocida).

15.3.15

Alejandra Pizarnik




¿quién puede olvidarte?
tus dientes madrugan
en mi almohada

la saliva de tus ojos
entra por la ventana
con el viento del invierno

en tu luz -oscura- allá
entre las hojas secas
en el río

¿quién podría esperarte?
mi querida hermana Alejandra

óyeme cantar en el día
óyeme cantar



***
Texto: poema de Diana Ávila, escritora costarricense.
Imagen: Alejandra Pizarnik, tomado de Perras Palabras.

25.1.15

Dificultades barrocas



Hay palabras que ciertos días no puedo pronunciar. Por ejemplo hoy, hablando por teléfono con el escritor D. -que es tartamudo- quise decirle que había estado leyendo un librito muy lindo titulado L'impossibilité d'écrire. Dije "L'impossibilité..." y no pude seguir. Me subió una niebla, me subió mi existencia a mi garganta, sentí vértigos, supe que mi garganta era el centro de todo y supe también que nunca más iba a poder decir "écrire". D. -bien o mal- completó la frase, lo cual me dio una pena infinita pues para ello tuvo que vencer no sé cuántas vocales a modo de escollos. ¡Ah, esos días en que mi lenguaje es barroco y empleo frases interminables para sugerir palabras que se niegan a ser dichas por mí! Si al menos se tratara de tartamudez. Pero no; nadie se da cuenta. Lo curioso es que cuando ello me sucede con alguien a quien quiero me inquieto tanto que redoblo mi amabilidad y mi afección. Como si debiera darle sustitutos de la palabra que no digo. Recién, por ejemplo, tuve deseos de decirle a D.: Si es verdad lo que me dice tantas veces, si es verdad que usted se muere de deseos de acostarse conmigo, venga, venga ahora mismo. Tal vez, con el lenguaje del cuerpo le hubiera dado algo equivalente a la palabra écrire. Ello me sucedió una vez. Una vez me acosté con un pintor italiano porque no pude decirle: "Amo a esta persona". En cambio, respondí a sus pedidos con una vaga serie de imágenes recargadas y ambiguas y es así como terminamos en la cama sólo porque no pude decir la frase que pensaba. Terminé también llorando en sus brazos, acariciándolo como si lo hubiera ofendido mortalmente, y pensando, mientras lo acariciaba, que en verdad no lo compensaba mucho, que en verdad yo le quedaba debiendo.



***
Nota de la editora Ana Becciu: "Hoja mecanografiada y corregida a mano por A. P. Escritas a mano en el ángulo superior derecho las iniciales J. C. Sin fecha.

Texto: tomado de Alejandra Pizarnik. Prosa completa (prólogo de Ana Nuño y edición de Ana Becciu). Editorial Lumen, Barcelona.
Imagen: fotografía tomada del blog Perras Palabras.

13.1.15

¿Por qué necesito humillarme?


12/ III [1965]

¿Por qué necesito humillarme?

¿Por qué necesito llamar a quien no quiere venir y por qué me entristece recibir a quien llega con deseos de verme? ¿Por qué el amor de alguien a mí infunde en mí odio por ese alguien y por qué la indiferencia de cualquiera me fascina?

Aun si todo va más o menos serenamente necesito, cada dos o tres meses, una noche de hundimiento.

Necesidad de encarnar presagios y sueños. El mundo externo se opone. Esto es obvio y no obstante no puedo admitirlo; lo quiero --en nombre de mi, digamos, instinto de conservación--, lo quiero, digo, pero no puedo. Queda por averiguar si lo quiero verdaderamente.

Luego, por más que crea haber progresado y madurado, mi sentimiento del amor y del deseo es difuso y confuso como a los cinco, a los diez y a los quince años. Una noche sexual es un corte tajante. No puedo, no sé, no podré nunca unir esa noche a las obligaciones, relojes, horarios, etc. Siempre, después de una noche sexual, hago planes de orden: ordenación de escritos, de lecturas, etc. Como quien estuvo al borde de la muerte y al incorporarse proyecta actos sanos y enérgicos.

Una noche sexual es agonía, es muerte y es la única felicidad.

Pero ciertos gestos, ciertas palabras, yo pierdo conciencia, yo estoy ebria cuando me desnudan, algo lejano y presente. Se repite lo que no se vio nunca. Siempre hago el amor por primera vez. Mi asombro, mi perdición, mi asfixia, mi liberación.

Soy una cobarde. Lo sexual, para mí, es el único camino de iniciación. Yo a veces lo abandono por miedo. Así como para otros el ascetismo, para mí lo sexual.

Pero esta necesidad, además, de consumirse. Este apalear a un animal muerto. ¿Qué pasa en mí que golpeo puertas cerradas? Lo sexual, sí. Pero no sé por qué me fascinan los que no me desean. Éste es mi emblema. Ésta es mi maldición. Cualquiera que te abandone logrará seducirte. Y viceversa. ¿Cuándo empezó?

[...]




***
Texto: Diarios. Alejandra Pizarnik, edición a cargo de Ana Becciu (Lumen).
Imágenes: fotografías tomadas del blog Perras palabras.