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3.7.15

Recuerdo de Alejandra por León Ostrov



Hace veinticinco años —fue a mediados del 57— una mujer me llamó por teléfono para pedirme una entrevista. Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron sus grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos. (Me acordé de esa criatura perdida en el mar de un cuento de Supervielle). El diálogo que entonces iniciamos, y que duró poco más de un año, continuó después, ya instalada en París, en cartas que no hacían más que corroborar lo que desde los primeros momentos supe: que con Alejandra Pizarnik, romántica y surrealista, pero por encima de todo, ella, Alejandra, inclasificable y única, algo importante se incorporaba a nuestras letras.

Alejandra me traía, habitualmente, un poema, páginas de su diario, un dibujo (había comenzado a asistir al taller de Batlle Planas). Y ahora lo puedo decir: no podía sustraerme al goce estético que su lectura, su visión suscitaban en mí, y quedaba, en ocasiones, si no olvidada, postergada mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí.

La entrega de Alejandra a la poesía era total, absoluta. Fue lo que le permitió resistir —hasta que decidió abandonar la lucha— los embates del viento feroz. La irrenunciable y heroica tarea de acercarse al caos para entrever su ley secreta, de atisbar en las tinieblas para iluminarlas con el relámpago de la palabra precisa y bella fue la tarea que eligió como definición de su destino. (Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario, no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades… Hoy me apliqué varias horas a Góngora… él "sabía", se daba cuenta de las palabras, de todas y de cada una).

Siempre confié en Alejandra. Más allá de sus desfallecimientos, de susabandonos, de sus renuncias, de sus angustias, de sus muertes —de su muerte— sabía yo que estaba salvada, irremediablemente, porque la poesía estaba en ella como una fuerza inconmovible. Y si los poderes oscuros,algunas veces, parecían ganar terreno, no era más que el trámite inevitable para que, después, lo terrible entrevisto se convirtiera en condición decrecimiento y de mayor lucidez. Hasta que Alejandra —hace diez años— decidió interrumpir su búsqueda. ¿Porque había ya encontrado? ¿Porque sintió que nunca encontraría? (Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie…¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un "saber volver". Ni lo querré acaso).

En una carta le contaba que en mis últimos días de París, allá por el 55, había resuelto llevarme algo de la ciudad —el inexcusable souvenir— y morosamente le narraba mi aventura. Alejandra, a su vez, me confió que detener que llevarse algo, como recuerdo de su estancia en París, se llevaría la fachada de una casa medio derruida que había visto en un pueblito — Fontenay-aux-Roses— cuya estación de ferrocarril está llena de rosas. Las ventanas de esa casa eran de color lila, pero de un lila tan mágico, tan como los sueños hermosos, que imaginaba que entraba en ella, y una voz la recibía: Hace tanto que te esperaba… Y allí se quedaba —para siempre — porque ya no tendría que buscar más.



***
Texto: palabras del psicoanalista León Ostrov, tomadas del libro Alejandra Pizarnik |León Ostrov. Cartas (Euvim).
Imagen: fotografía "Cosido a mi corazón" de Anna O.

3.4.14

De Pizarnik para Cortázar y viceversa (Cortázar de la A a la Z)


Abril, 1970

a Julio
para que no nos
coman los búfalos
del silencio ni "las
medusas del olvido".
Espero inmensa foto
tuya para mí sola.
(Esta es una de 
mis caras secretas)

Love
Alejandra




***
Imagen 1: reproducción de una de las hojas del álbum Cortázar de la A a la Z; a la derecha se reproduce una carta de Cortázar para Pizarnik, donde el cronopio mayor adjunta un poco de su cabello.
Texto: escrito al reverso de un retrato de Pizarnik para Cortázar.
Imagen 2: detalle de una de las imágenes de la hoja del álbum: Alejandra sonriendo.

12.9.12

La amistad entre Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar en dedicatorias


"A mi Julio, muchos besos en la frente, cerca de los ojos azules. (Te extraño). Tu amiguita dés lettres, Alejandra. Bs. As, 1969", en Nombres y figuras.
 ***


"A mis queridos Aurora y Julio, este pequeño Árbol de Diana prisionera —esta promesa de portarme mejor a partir de hoy —25 de febrero de 1963— y esta otra de hacer poemas más puros y hermosos —si me esperan.

Y sobre todo y ante todo un inmenso y minucioso abrazo (es decir: 2) de Alejandra", en Árbol de Diana.
***


"A Aurora y Julio con el amor infinito de Alejandra. Junio de 1965", en Los Trabajos y las Noches.
 ***



"Enero de 1967
Buenos mis [xxx]

Julio [el niño]
Aurora [la niña]
Alejandra [debajo de la tierra] a los 50 años (ej: 'la [xxx] au lit'y 'cantar del Tuyo Nod'

Besos infinitos a mis amiguitos Julio y Aurora y Aurora y Julio de su Alejandra

P.S. ¿Quién le teme al complejo de [xxx]?", en Noche compartida en el recuerdo de una huida.
***


"A Aurora,
a Julio,
con amor,
sin locura,
con hiedra,
sin piedra,
con brío y bravura,
que no locura,
con abrazo
no brezo
con 2 + 2= 43
un y dos
abrazos
y un barco fantasma pour aller à la campagne
et un rûe [xxx] e` éte´
et un autre par l'hiver
a [xxx] fait 2 reves (pas [xxx] du tent)

10/11/67

el 43 no es retraso es el ejemplar más pulcro y crocante como un  pull cuando vos en moto [xxx xxx xxx] Gabriela Mistral", en Extracción de la piedra de locura.
***


"Julio este textículo les parece joda. Solamente vos sabés que el más mínimo chiste se crea en momentos en que la vida est à l’auteur de la morte. Muy tuya Alejandra.

    Julio fui tan abajo. Pero no hay fondo
    Julio, creo que no tolero más las perras palabras
    La locura, la muerte. Nadja no escribe. Don Quijote tampoco.
    Julio, odio a Artaud (mentira) porque no quisiera entender tan sospechosamente bien sus posibilidades de la imposibilidad.

    PS
    Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, oh Julio) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio —que fracasó, hélas)

    PS En el hospital aprendo a convivir con los últimos desechos. Mi mejor amiga es una sirvienta de 18 años que mató a su hijo. Empecé a leer Diarios. Te apruebo mucho políticamente. Tu poema de Panorama es grande porque me hizo bien (lo leí en el hospital)", en La pájara en el ojo ajeno.



***
Imágenes: libros pertenecientes a la biblioteca de Julio Cortázar. Las fotografías fueron tomadas del Centro Virtual Cervantes.
Textos: transcripciones de las decicatorias de Alejandra Pizarnik realizadas por Blanca Berasategui, Centro Virtual Cervantes y alejandrapizarnik.blogspot.com

12.12.11

Ya es de día, arráncate los ojos...


Ya es de día, arráncate los ojos más grandes del mundo.

Ya es de día, desnúdate de tu cuerpo de ángel perfumado. Ya es de día. Vístete con cáscaras de tortugas asesinadas, cúbrete de pelos polvorosos y de residuos de sangre. Arrástrate por las paredes en busca de alimentos, bebe donde orinan los muertos. Levántate, desconocida con alas de arpillería, vuela cargada de tierra por las piedras silenciosa. Sacrifica tu sueño y cúbrelo de cenizas. Incorpórate, es de día y los justos ya trabajan. Reintégrate a la grasa, al sudor y al polvo. Confiesa hoy también que aún estás viva. Levántate y anda, pobre bestia, y sin llorar.

                                        Alejandra Pizarnik


***
Imágenes: carta de Alejandra Pizarnik a Ana María Barrenechea, tomada de Alejandra Pizarnik. Evolución de un lenguaje poético de Susana Haydu.
Texto: transcripción de la carta (sin fecha conocida) de Pizarnik a Barrenechea.

11.12.11

A Sylvia


A la hora de oro
no dores las palabras,
al duro sol de la poesía
A la hora sin oro
dedícate una mirada sin tiempo
una mirada sin oro sin horas
dedícale el deseo de no pasar más tiempo
para que el tiempo corra ingenuo
como el agua de una fuente
para que los días pierdan su nombre
para que el tiempo pierda pie
y tú puedas, al fin,
mirar antes del primer día.

                                       Alejandra

Sábado 13 de junio 1964



***
Texto: poema de Alejandra Pizarnik a Sylvia Molloy. Texto tomado de Alejandra Pizarnik. Evolución de un lenguaje poético de Susana Haydu.
Imágenes: carta de Alejandra Pizarnik a Sylvia Molloy. 
Alejandra Pizarnik y Sylvia Molloy en el museo de Cluny, París, 1962, fotografía de Olga Orozco. Imágenes tomadas de Alejandra Pizarnik. Evolución de un lenguaje poético de Susana Haydu.

2.12.11

Carta de Cortázar a Pizarnik

París, 30 de noviembre de 1964

Querida Alejandra:

     Esta mañana recibí una carta de Paco Porrúa. Me enteré de que habías ido a verlo, y de que le resultaste lo que era de esperar tratándose de una niña de tan sobresalientes condiciones. Me dijo también que Sudamericana te publicará tu libro, cosa que me produjo como te imaginarás un entusiasmo raliano en el termocauterio. (By the way, y por si no estabas enterada oficialmente de eso, guardáte la noticia muy en secreto, pues es sabido que nada es más pernicioso que anunciar algo antes de que realmente ocurra. Pero supongo que si Paco me lo dice es porque así será.)
     Por tu carta me entero de que la revista se demorará hasta el año que viene. En consecuencia, tengo que pedirte un gran favor. He perdido la única copia que me quedaba de “El otro cielo”, y en cambio, mirando un sucio borrador (el tercer estado, como diría un grabador) veo que ha llegado el momento de hacerle unos toques sutiles al cuento en cuestión. Lo que te pido es: a) que tengas la gentileza de mandarme por sobre certificado el cuento; b) yo a mi vez prometo revisarlo, hacer nuevas copias, y remitirte una con el tiempo suficiente, siempre que la revista no haya fenecido del todo, cosa que espero no ocurra. Perdóname la molestia, pero es que realmente no tengo ninguna copia aparte de la tuya y la que está en Einaudi (donde lo editarán junto con todos mis cuentos en un volumen gigante).
     Como el envío por avión y certificado de mi cuento te va a costar gran parte de tus prótesis, me encantaría que me citaras cualquier libro francés que te interese y que yo pueda enviarte, no exactamente como retribución, pero sí como paga-conciencia-culpable. ¿De acuerdo?
     Paco me dice que leyó tu reportaje sobre mí y que le gustó mucho. ¿Dónde salió que yo, naturalmente, no lo he visto? ¿No tenés un ejemplar para mandarlo envolviendo el cuento, y de paso medio kilo de manteca pastorizada? Andá, sé buena.
     Querida, aquí te extrañamos incurablemente. Se habla de vos en todos esos lugares donde Aurora y yo te encontrábamos, y sobre todo en este bulín donde tantas veces vimos llegar la una de la mañana y fuimos inmortales. Contáme de tus planes, y un gran abrazo de nosotros dos,
Julio



***
Imagen 1: acuarela y lápiz del artista Julián Matías Roldán.
Texto: carta escrita por Julio Cortázar para Alejandra Pizarnik, incluida en Cortázar, Julio. Cartas 1964-1968, editorial Alfaguara.
Imagen 2: detalle de carta enviada por Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik, fechada el 11 de noviembre de 1964 e incluida en Cortázar, Julio. Cartas 1964-1968, editorial Alfaguara.

6.5.10

La Alejandra de Julio Cortázar

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… Por allá anda Alejandra Pizarnik, poeta argentina y encantador cronopio. Creo que algún día te llamará para darte noticias mías, y si tenés un rato me gustaría que te tomaras un café con ella, porque realmente vale la pena. Te mandaré apenas salga el ejemplar de Les Lettres Nouvelles donde Alejandra presentó admirablemente a los cronopios, como proemio a una pequeña selección de textos bastante bien traducidos…

Carta a Francisco Porrúa. París, 13 de febrero de 1964.

***

…¿La viste a alejandra? Es un bicho encantador a quien hemos llegado a querer mucho. Lo de bicho es el más alto elogio que yo puedo hacerle a alguien y ella lo merece…

Carta a Ana María Barrenechea. París, 19 de abril de 1964.

***

… Y me alegro que me hables de Alejandra, porque esta gorda infame (estás autorizado a mostrarle este pedazo, refregándoselo minuciosamente por la cara) no me escribe desde hace eones…

Carta a Francisco Porrúa. París, 4 de septiembre de 1965.

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… Me alegro de que te gustaran los cuentos, y no me extraña que “El otro cielo” sea tu preferido. También lo es de Alejandra, de todos los que conocen París y se han asomado a su olor y a sus paredes mohosas…

Carta a Saúl Yurkievich. Saignon, 23 de junio de 1966.

***

…Hay dos poetas latinoamericanos que me hacen sentir lo que estoy tratando de decirle: Octavio Paz y usted. Otros a quienes amo —Pizarnik, Juárroz— tocan otros registros en mi sensibilidad; y qué maravilla que eso sea siempre poesía, como un agua que a veces viene desde la nube y otras veces desde el manantial…

Carta a Graciela de Sola. Saignon, 10 de agosto de 1968.

***

Nota (imagen): Collage Cortázar y Pizarnik.
Nota (texto): Julio Cortázar. Cartas 1964- 1968. Edición a cargo de Aurora Bernárdez. Editorial: Alfaguara. Biblioteca Cortázar.

30.4.10

Carta a Elizabeth Azcona Cranwell


Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son:

Una niña en busca de su nombre secreto
Una muchacha corriendo detrás del amor
                                                                       o, tal vez,
una mano blanca que toca el cielo —ya está llegando—
si no fuera por una palabras que lo impide. Por eso tú pierdes las aventuras. Por eso yo las he perdido. Hemos perdido sin haber empezado. Es que no hay comienzo. Ni fin. Sólo hay palabra, la única palabra, la gran impedidora, la que nos encadena en una sed sin desenlace. No obstante, la única palabra por la que vale el vivir. Y ahora, elizabeth,
   PROHIBIDO OLVIDARSE
  de
  alejandra
  25 de agosto de 1958*

*En el mismo número, donde también aparece una evocación de Pizarnik del poeta Rodolfo Alonso, se incluye un dibujo de Alejandra con la siguiente inscripción:
            “Ne me quitte pas. Regarde moi avec mes yeux qui te regardent tour et nuit”.
Es decir: “No me abandones (éste es el título de una célebre canción de Jacques Brel). Mírame con mis ojos que te guardan día y noche”.
            Aparte del hermoso juego de palabras que asocia en francés a “regarder” con “garder” (mirar-guardar dos veces), este texto recuerda el del poema “En tu aniversario”, de Los trabajos y las noches:
                                               “… Recibe este amor que te pido
                                               Recibe lo que hay en mí que eres tú.”

Nota (imagen): Foto tomada del libro Alejandra Pizarnik. Una biografía de Cristina Piña.
Nota (texto): Correspondencia de Alejandra Pizarnik de Ivonne Bordelois. 

27.4.10

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik

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París, 14 de julio (ALLONS,
ENFANTS DE LA PATRE…) de 1965

Alejandrísima:

No estés enojada conmigo por este largo silencio. También los silencios atan y yo he visto más de cuatro paquetes de masitas atados con hilo negro; basta desmoronar el moñito para que aparezcan los merengues, los relámpagos y las religiosas, sin contar los horribles (3 fr. 25 les 100 gr.). Cosas así todos los días.
Bicho lejano, la semana pasada fuimos a Montmachoux a cenar con Laure y Philippe, y todo el mundo habló tanto de vos que yo traje otra silla y la puse por las dudas. Gracias a mi sistema de espionaje me he enterado también de que las socias del Club de las Piantadas (1) se reúnen en los cafés para acordarse de su amiguita de la calle Montesdeoka. Tu popularidad secreta (sic.) puebla las terrazas del barrio latino. Hay un pintor que firma Piza; otro, Arnik. Hay un cocktail que se llama Alexandra. Un infame plagiario llamado Hesiodo ha publicado un libro que se titula “Los trabajos y los días”. En el patio de casa, debajo de la pawlownia, juega una gatita negra que imita tu manera de abrir grandes los ojos. Ya ves que no te pudiste ir.
Y entonces, mientras nosotros estábamos en nuestro ranchito de Saignon (que todo el mundo llama Saigón para ofendernos y vilipendiarnos), llegó a París tu libro (2), y lo encontramos hace diez días cuando tuvimos que volver para trabajar en la Ionesco. Aurora lo leyó de un tirón, y no te escribió todavía; yo lo leí anoche despacito, con coñac y una pipa, y ahora te escribo. Vos sabrás valorar los méritos respectivos de estas conductas.
Es muy difícil no ser idiota en una carta, cuando uno es lo que es y nada más. Hace años que me revienta convertir una carta en una especie de reseña para uso privado del autor. A lo mejor todo lo que me da tu libro es preferible insinuarlo con palabras sueltas o con dibujos. Dibujos no sé hacer; palabras sueltas sí:
Cafard
    mandrágora
             farol
                   unicornio
                              polilla
                                       hueco (tan lleno, tan lleno)
            Me dolió tu libro, es tan tuyo, sos tan vos en cada línea, tan reticentemente clara, tan por debajo y por adentro. ¿Conocés el sistema que consiste en hojear un libro e ir citando versos o pasajes, con algún comentario o elogio o censura? A mí no me gusta. Pero te voy a decir: lo que siento es lo mismo que frente a algunos (muy pocos) cuadros o dibujos surrealistas: que estoy del otro lado por un segundo, que me han hecho pasar, que soy vos, que estoy colgando de la punta de la tela como una de esas arañas rojas que hay en la Provenza y que tienen, parece, alianza con lo Oscuro. Ahora sé (ya lo sabía, pero ahora lo sé de alguien que está vivo, cuya mejilla he besado alguna vez) que todo o casi todo puede ser dicho en muy pocas palabras. Cada poema tuyo es el cubo de una inmensa rueda. Otros hacen la rueda entera, y hay que ver cómo se atasca en las cunetas; vos dejás que la rueda sea otra cosa, algo que unos pocos ven dibujarse mucho más allá de la página. Y entonces Ben Hur gana con sus ruedas de aire que dejan atrás todas las ruedas de roble y bronce. Tus poemas me parecen pequeñísimos grabados, o mejor todavía cilindros babilónicos, y un día cuando vengas a ocupar esa silla que puse para vos y que siempre pondré en casa y en todas las casas y hasta en los ómnibus y en los pararrayos, entonces te llevaré al Louvre para mostrarte un cilindro que descubrí hace poco, en la sala etrusca, y que no es en absoluto un cilindro etrusco entre otras razones porque los etruscos nunca tuvieron cilindros esos atrasados de mierda, pero el conservador o el radical del Louvre lo ha puesto en la sala de los etruscos de puro cronopio que es, o porque no queda lugar entre los cilindros babilónicos. Y te lo mostraré, y darás grandes saltos.
            Recibí hace varias calendas una carta tuya que después se me perdió gracias a un hespléndido hacto fayido, porque me pedías colaboración para no sé qué colección ornitológica o ictiológica (¿Cormorán y Delfín? ¿Tía Vicente?) (3). Desde luego no tengo nada para mandar, como no sea la cuenta del albañil que nos agregó una pieza a la casita de Saigón y que nos dejó tecleando por varios meses, el muy artesano. Si me pagan esa cuenta, se las dejo publicar; tiene unas faltas de ortografía muy decorativas, y en cierto modo es un acto letrista. La mejor parte es donde dice:

            Sf. S.V.P., à raison de… 45, 67 fr., à valoirsur ch.p.,
            soustrait de 54,25 fr. pour des imp. colmatés… 456,27 fr.

            Hacía mucho que no leía un poema tan ceñido. Ni tan caro.
            Qué bonita la edición de tu libro. La tapa me dejó maravillado. ¿La hiciste vos misma? No es nada frecuente que en Buenos Aires salgan libros tan cuidados y con un papel y unas tintas tan buenos. El azul es hermosísimo, y la erótica viñeta (ya sé, ya sé, pero es así, cada uno ve lo que puede) me parece perfecta. Te discuto un poco el título; no me acaba de gustar. Será quizá porque toda mención del trabajo me estremece.
            Pocos serán los elegidos por tu libro, me temo. Pocos habrán vivido en la dimensión que permite encontrar tanto con tan poco —aparentemente— correlato verbal. No es que yo tenga nada contra los poemas largos (los Olga, por ejemplo, son maravillosos, y tengo que escribirle sin falta uno de estos meses; lo haré desde Saigón, decíselo si la ves; tardé mucho en leer su libro, por esas cosas, pero ahora sí, ahora es mío y me ha dado todo lo que tiene, creo, y me ha hecho muy feliz, a mi manera de ser feliz, y a la manera de ella, of course; nos entendemos). Sigo: no es que yo tenga nada contra los poemas largos, pero siempre hay como un milagro en un gran poema breve. (Esos hai-kai, a veces, o Natalia Crane, o Char, a veces, o Juarroz).
            Aurora está grillando un bifacho, y llega el bálsamo hasta mi hestudio. ¿No te parece una noticia sensacional? La gatita negra acaba de ver una paloma en la pawlownia y se ha trepado como una loca a ver si la chapa. Debo admitir que en este momento no se te parece nada. Yo puedo verte muy bien persiguiendo palomas pero seguro que pondrías una buena escalera contra el tronco y te ajustarías un paracaídas. La paloma emprendió el vuelo, como dicen ahora por tus pagos.
            No me guardes rencor (¿cómo podrías? ¡Imposible!) y escribíme. Mi silencio, diría Binetti, es una operación cósmica por la cual las begonias se convierten en miel. Pero ahora que lo pienso nunca vi una abeja en una begonia, seguro que les repugna.
            Te quiero mucho,
            Julio



1 Así llamaba Cortázar al trío de amigas formado por Claribel Alegría, Esther Calvino y Aurora Bernárdez.
2 Los trabajos y las noches. 
3 Cormorán y Delfín, revista de poesía. Tía Vicenta, revista humorística.

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Imagen 1: foto de Julio Cortázar.
Texto: Julio Cortázar. Cartas 1964-1968. Editorial Alfaguara.
Imagen 2: Gata y paloma.

27.10.06

Carta a Ana Mª Barrenechea

Querida Anita:

Estoy en un café pensando en vos y en Susana. Como no tengo el carnet de direcciones te envío cartas para las dos. Te ruego hacérsela llegar a Susana.
Te rememoramos siempre con los Cortázar y los Octavio Paz. Me gutaría saber cómo van tus cosas (seguro que muy bien).
Yo ando mejor que nunca. Escribo, publico en las revistas de aquí y -lamentablemente- trabajo en sitios infames para ganarme el duro pan de cada noche.
A pesar de los amigos de aquí las extraño mucho a vos y a Susana. De allí que les escriba estas apresuradas líneas -sin mi estilo genial pues está por comenzar la función cinematográfica.
Te escribiré después y te contaré muchas cosas.
Un abrazo de tu amiguita
Alejandra

9, rue de Luynes
Paris 7é

Nota: Atención de Ana María Barrenechea en: Haydu, Susana. 1996. Alejandra Pizarnik. Evolución de un lenguaje poético. EE.UU.: INTERAMER Serie Cultural: pág. 145