Domingo, 1 [1961]
Dentro de muy poco me suicidaré. Siento claramente que estoy llegando al final. Veo cerrado. Ni afuera ni adentro. Simplemente no tengo fuerzas y la locura me domina (una histeria atroz: imposibilidad absoluta de quedarme tranquila, quieta).
Cuando entré en mi cuarto tuve miedo porque la luz ya estaba prendida y mi mano seguía insistiendo hasta que dije: Ya está prendida. Me saqué los pantalones y me subí a una silla para mirar cómo soy con el buzo y el slip; vi un cuerpo adolescente; después bajé de la silla y me acerqué al espejo nuevamente: Tengo miedo, dije. Revisé mis rasgos y me aburrí. Tenía hambre y ganas de romper algo. Me dirigí a la mesa con el mantel rojo con libros y papeles, demasiados libros y papeles y quise escribir pero me dio miedo aumentar el desorden y me pregunté para qué lo aumentaría con un poema más que luego exigiría ser pasado a máquina y guardado en una carpeta. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos. Yo misma me asustaba porque me miraba a mí misma en mi piecita desordenada, andando y viniendo en slip y pullover sin pensar, con la memoria petrificada, con la boca devorándose. Pasé junto a la silla y me subí de nuevo en el espejo pero mi cuerpo me dio rabia y me tiré en la carga creyendo confiada en el llanto vendría.
Imagen: extraída de la película Las Horas.
Texto: Diarios de Alejandra Pizarnik. Lumen.
13.10.10
27.9.10
Alejandra Pizarnik: 25 de setiembre de 1972
Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido.
Nota (imagen): Retrato de Alejandra Pizarnik por Silvina Ocampo.
Nota (texto): Fragmento de La extracción de la piedra de locura.
23.9.10
La familia literaria de Alejandra Pizarnik
Creo no exagerar si considero a Bajarlía [Juan Jacobo] una especie de Virgilio para la Alajandra de dieciocho años que, por primera vez, se aventuraba en lo que luego sería 'su' medio por derecho propio, pues además de revelarle algunos de los nombres fundamentales para la configuración de su "familia literaria" y su línea de filiación poética, fue la primera mirada 'autorizada' a quien le mostró sus poemas —en largas conversaciones y lecturas por los cafés donde circulaban los escritores de la época—, quien la ayudó a corregir todos los textos que después formarían parte de su primer libro, La tierra más ajena —pagado por su padre—, quien le presentó a su primer editor, Arturo Cuadrado, y quien la introdujo entre los primeros artistas con los que entró en contacto —Juan Batle Planas, Oliverio Girondo, Aldo Pellegrini—, es decir, algunas de las figuras centrales del grupo surrealista e invencionista argentino.
Nota (imagen): 'Beatriz intercede por Dante ante Virgilio" por Gutavo Doré.
Nota (texto): Alejandra Pizarnik por Cristina Piña.
Nota (imagen): 'Beatriz intercede por Dante ante Virgilio" por Gutavo Doré.
Nota (texto): Alejandra Pizarnik por Cristina Piña.
12.8.10
5 de octubre de 1963: Espera del milagro...
Espera del milagro. Igualmente de niña, cuando caminaba dichosa, segura de que me seguía una presencia protectora, divina. Cuántas veces le ofrecí la ocasión de manifestarse... Me detenía con los ojos cerrados: "Va a suceder, háblame, está por suceder, háblame...".
Y ahora. Llueve y lo espero y tal vez no venga y lo amo.
Nota (imagen): Tomada de Echomolise. La niña no es Alejandra Pizarnik.
Nota (texto): Diarios. Alejandra Pizarnik.
Y ahora. Llueve y lo espero y tal vez no venga y lo amo.
Nota (imagen): Tomada de Echomolise. La niña no es Alejandra Pizarnik.
Nota (texto): Diarios. Alejandra Pizarnik.
27.5.10
Diarios: 2 de enero [1961]
Vi una vieja mendiga durmiendo en el suelo abrazada a una muñeca. (Yo no la vi. Mis ojos la vieron). Por qué esta mujer en el suelo frío, por qué duerme y hace la noche en ella y por qué necesita en su gran oscuridad abrazar a una mueca (sic.) [muñeca] enorme, nueva, bella, y por qué no duerme sin abrazarse a nada, así como vino a este mundo y por qué la gente necesita abrazarse a algo en particular esta vieja a una muñeca. Las muñecas no necesitan abrazar viejas para dormir…
Vi una vieja mendiga durmiendo en el suelo abrazada a una muñeca. Yo no la vi. Mis ojos la vieron. Y tuve miedo porque me dije por qué tantos pies y paraguas y perros y árboles y esta mujer en el suelo frío y por qué duerme y hace la noche en ella y por qué necesita —en su gran obscuridad— abrazar una muñeca enorme, nueva, bella, y por qué la gente necesita abrazarse a algo, y en particular esta vieja a una muñeca.
Nota (imagen): Memento mori: niña con muñecas.
Nota (texto): Alejandra Pizarnik. Diarios. Editorial Lumen.
6.5.10
La Alejandra de Julio Cortázar
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… Por allá anda Alejandra Pizarnik, poeta argentina y encantador cronopio. Creo que algún día te llamará para darte noticias mías, y si tenés un rato me gustaría que te tomaras un café con ella, porque realmente vale la pena. Te mandaré apenas salga el ejemplar de Les Lettres Nouvelles donde Alejandra presentó admirablemente a los cronopios, como proemio a una pequeña selección de textos bastante bien traducidos…
Carta a Francisco Porrúa. París, 13 de febrero de 1964.
***
…¿La viste a alejandra? Es un bicho encantador a quien hemos llegado a querer mucho. Lo de bicho es el más alto elogio que yo puedo hacerle a alguien y ella lo merece…
Carta a Ana María Barrenechea. París, 19 de abril de 1964.
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… Y me alegro que me hables de Alejandra, porque esta gorda infame (estás autorizado a mostrarle este pedazo, refregándoselo minuciosamente por la cara) no me escribe desde hace eones…
Carta a Francisco Porrúa. París, 4 de septiembre de 1965.
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… Me alegro de que te gustaran los cuentos, y no me extraña que “El otro cielo” sea tu preferido. También lo es de Alejandra, de todos los que conocen París y se han asomado a su olor y a sus paredes mohosas…
Carta a Saúl Yurkievich. Saignon, 23 de junio de 1966.
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…Hay dos poetas latinoamericanos que me hacen sentir lo que estoy tratando de decirle: Octavio Paz y usted. Otros a quienes amo —Pizarnik, Juárroz— tocan otros registros en mi sensibilidad; y qué maravilla que eso sea siempre poesía, como un agua que a veces viene desde la nube y otras veces desde el manantial…
Carta a Graciela de Sola. Saignon, 10 de agosto de 1968.
***
Nota (imagen): Collage Cortázar y Pizarnik.
Nota (texto): Julio Cortázar. Cartas 1964- 1968. Edición a cargo de Aurora Bernárdez. Editorial: Alfaguara. Biblioteca Cortázar.
30.4.10
Carta a Elizabeth Azcona Cranwell
Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son:
Una niña en busca de su nombre secreto
Una muchacha corriendo detrás del amor
o, tal vez,
una mano blanca que toca el cielo —ya está llegando—
si no fuera por una palabras que lo impide. Por eso tú pierdes las aventuras. Por eso yo las he perdido. Hemos perdido sin haber empezado. Es que no hay comienzo. Ni fin. Sólo hay palabra, la única palabra, la gran impedidora, la que nos encadena en una sed sin desenlace. No obstante, la única palabra por la que vale el vivir. Y ahora, elizabeth,
PROHIBIDO OLVIDARSE
de
alejandra
25 de agosto de 1958*
*En el mismo número, donde también aparece una evocación de Pizarnik del poeta Rodolfo Alonso, se incluye un dibujo de Alejandra con la siguiente inscripción:
“Ne me quitte pas. Regarde moi avec mes yeux qui te regardent tour et nuit”.
Es decir: “No me abandones (éste es el título de una célebre canción de Jacques Brel). Mírame con mis ojos que te guardan día y noche”.
Aparte del hermoso juego de palabras que asocia en francés a “regarder” con “garder” (mirar-guardar dos veces), este texto recuerda el del poema “En tu aniversario”, de Los trabajos y las noches:
“… Recibe este amor que te pido
Recibe lo que hay en mí que eres tú.”
Nota (imagen): Foto tomada del libro Alejandra Pizarnik. Una biografía de Cristina Piña.
Nota (texto): Correspondencia de Alejandra Pizarnik de Ivonne Bordelois.
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