Espera del milagro. Igualmente de niña, cuando caminaba dichosa, segura de que me seguía una presencia protectora, divina. Cuántas veces le ofrecí la ocasión de manifestarse... Me detenía con los ojos cerrados: "Va a suceder, háblame, está por suceder, háblame...".
Y ahora. Llueve y lo espero y tal vez no venga y lo amo.
Nota (imagen): Tomada de Echomolise. La niña no es Alejandra Pizarnik.
Nota (texto): Diarios. Alejandra Pizarnik.
12.8.10
27.5.10
Diarios: 2 de enero [1961]
Vi una vieja mendiga durmiendo en el suelo abrazada a una muñeca. (Yo no la vi. Mis ojos la vieron). Por qué esta mujer en el suelo frío, por qué duerme y hace la noche en ella y por qué necesita en su gran oscuridad abrazar a una mueca (sic.) [muñeca] enorme, nueva, bella, y por qué no duerme sin abrazarse a nada, así como vino a este mundo y por qué la gente necesita abrazarse a algo en particular esta vieja a una muñeca. Las muñecas no necesitan abrazar viejas para dormir…
Vi una vieja mendiga durmiendo en el suelo abrazada a una muñeca. Yo no la vi. Mis ojos la vieron. Y tuve miedo porque me dije por qué tantos pies y paraguas y perros y árboles y esta mujer en el suelo frío y por qué duerme y hace la noche en ella y por qué necesita —en su gran obscuridad— abrazar una muñeca enorme, nueva, bella, y por qué la gente necesita abrazarse a algo, y en particular esta vieja a una muñeca.
Nota (imagen): Memento mori: niña con muñecas.
Nota (texto): Alejandra Pizarnik. Diarios. Editorial Lumen.
6.5.10
La Alejandra de Julio Cortázar
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… Por allá anda Alejandra Pizarnik, poeta argentina y encantador cronopio. Creo que algún día te llamará para darte noticias mías, y si tenés un rato me gustaría que te tomaras un café con ella, porque realmente vale la pena. Te mandaré apenas salga el ejemplar de Les Lettres Nouvelles donde Alejandra presentó admirablemente a los cronopios, como proemio a una pequeña selección de textos bastante bien traducidos…
Carta a Francisco Porrúa. París, 13 de febrero de 1964.
***
…¿La viste a alejandra? Es un bicho encantador a quien hemos llegado a querer mucho. Lo de bicho es el más alto elogio que yo puedo hacerle a alguien y ella lo merece…
Carta a Ana María Barrenechea. París, 19 de abril de 1964.
***
… Y me alegro que me hables de Alejandra, porque esta gorda infame (estás autorizado a mostrarle este pedazo, refregándoselo minuciosamente por la cara) no me escribe desde hace eones…
Carta a Francisco Porrúa. París, 4 de septiembre de 1965.
***
… Me alegro de que te gustaran los cuentos, y no me extraña que “El otro cielo” sea tu preferido. También lo es de Alejandra, de todos los que conocen París y se han asomado a su olor y a sus paredes mohosas…
Carta a Saúl Yurkievich. Saignon, 23 de junio de 1966.
***
…Hay dos poetas latinoamericanos que me hacen sentir lo que estoy tratando de decirle: Octavio Paz y usted. Otros a quienes amo —Pizarnik, Juárroz— tocan otros registros en mi sensibilidad; y qué maravilla que eso sea siempre poesía, como un agua que a veces viene desde la nube y otras veces desde el manantial…
Carta a Graciela de Sola. Saignon, 10 de agosto de 1968.
***
Nota (imagen): Collage Cortázar y Pizarnik.
Nota (texto): Julio Cortázar. Cartas 1964- 1968. Edición a cargo de Aurora Bernárdez. Editorial: Alfaguara. Biblioteca Cortázar.
30.4.10
Carta a Elizabeth Azcona Cranwell
Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son:
Una niña en busca de su nombre secreto
Una muchacha corriendo detrás del amor
o, tal vez,
una mano blanca que toca el cielo —ya está llegando—
si no fuera por una palabras que lo impide. Por eso tú pierdes las aventuras. Por eso yo las he perdido. Hemos perdido sin haber empezado. Es que no hay comienzo. Ni fin. Sólo hay palabra, la única palabra, la gran impedidora, la que nos encadena en una sed sin desenlace. No obstante, la única palabra por la que vale el vivir. Y ahora, elizabeth,
PROHIBIDO OLVIDARSE
de
alejandra
25 de agosto de 1958*
*En el mismo número, donde también aparece una evocación de Pizarnik del poeta Rodolfo Alonso, se incluye un dibujo de Alejandra con la siguiente inscripción:
“Ne me quitte pas. Regarde moi avec mes yeux qui te regardent tour et nuit”.
Es decir: “No me abandones (éste es el título de una célebre canción de Jacques Brel). Mírame con mis ojos que te guardan día y noche”.
Aparte del hermoso juego de palabras que asocia en francés a “regarder” con “garder” (mirar-guardar dos veces), este texto recuerda el del poema “En tu aniversario”, de Los trabajos y las noches:
“… Recibe este amor que te pido
Recibe lo que hay en mí que eres tú.”
Nota (imagen): Foto tomada del libro Alejandra Pizarnik. Una biografía de Cristina Piña.
Nota (texto): Correspondencia de Alejandra Pizarnik de Ivonne Bordelois.
29.4.10
Aniversario 74 de Alejandra Pizarnik
22
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá
Nota (imagen): Fondo de escritorio con fotos de Alejandra Pizarnik. Espero lo bajen y lo disfruten en su computadora.
Nota (texto): Poema número 22 de Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik.
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá
Nota (imagen): Fondo de escritorio con fotos de Alejandra Pizarnik. Espero lo bajen y lo disfruten en su computadora.
Nota (texto): Poema número 22 de Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik.
27.4.10
Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik
París, 14 de julio (ALLONS,
ENFANTS DE LA PATRE …) de 1965
Alejandrísima:
No estés enojada conmigo por este largo silencio. También los silencios atan y yo he visto más de cuatro paquetes de masitas atados con hilo negro; basta desmoronar el moñito para que aparezcan los merengues, los relámpagos y las religiosas, sin contar los horribles (3 fr. 25 les 100 gr.). Cosas así todos los días.
Bicho lejano, la semana pasada fuimos a Montmachoux a cenar con Laure y Philippe, y todo el mundo habló tanto de vos que yo traje otra silla y la puse por las dudas. Gracias a mi sistema de espionaje me he enterado también de que las socias del Club de las Piantadas (1) se reúnen en los cafés para acordarse de su amiguita de la calle Montesdeoka. Tu popularidad secreta (sic.) puebla las terrazas del barrio latino. Hay un pintor que firma Piza; otro, Arnik. Hay un cocktail que se llama Alexandra. Un infame plagiario llamado Hesiodo ha publicado un libro que se titula “Los trabajos y los días”. En el patio de casa, debajo de la pawlownia, juega una gatita negra que imita tu manera de abrir grandes los ojos. Ya ves que no te pudiste ir.
Y entonces, mientras nosotros estábamos en nuestro ranchito de Saignon (que todo el mundo llama Saigón para ofendernos y vilipendiarnos), llegó a París tu libro (2), y lo encontramos hace diez días cuando tuvimos que volver para trabajar en la Ionesco. Aurora lo leyó de un tirón, y no te escribió todavía; yo lo leí anoche despacito, con coñac y una pipa, y ahora te escribo. Vos sabrás valorar los méritos respectivos de estas conductas.
Es muy difícil no ser idiota en una carta, cuando uno es lo que es y nada más. Hace años que me revienta convertir una carta en una especie de reseña para uso privado del autor. A lo mejor todo lo que me da tu libro es preferible insinuarlo con palabras sueltas o con dibujos. Dibujos no sé hacer; palabras sueltas sí:
Cafard
mandrágora
farol
unicornio
polilla
hueco (tan lleno, tan lleno)
Me dolió tu libro, es tan tuyo, sos tan vos en cada línea, tan reticentemente clara, tan por debajo y por adentro. ¿Conocés el sistema que consiste en hojear un libro e ir citando versos o pasajes, con algún comentario o elogio o censura? A mí no me gusta. Pero te voy a decir: lo que siento es lo mismo que frente a algunos (muy pocos) cuadros o dibujos surrealistas: que estoy del otro lado por un segundo, que me han hecho pasar, que soy vos, que estoy colgando de la punta de la tela como una de esas arañas rojas que hay en la Provenza y que tienen, parece, alianza con lo Oscuro. Ahora sé (ya lo sabía, pero ahora lo sé de alguien que está vivo, cuya mejilla he besado alguna vez) que todo o casi todo puede ser dicho en muy pocas palabras. Cada poema tuyo es el cubo de una inmensa rueda. Otros hacen la rueda entera, y hay que ver cómo se atasca en las cunetas; vos dejás que la rueda sea otra cosa, algo que unos pocos ven dibujarse mucho más allá de la página. Y entonces Ben Hur gana con sus ruedas de aire que dejan atrás todas las ruedas de roble y bronce. Tus poemas me parecen pequeñísimos grabados, o mejor todavía cilindros babilónicos, y un día cuando vengas a ocupar esa silla que puse para vos y que siempre pondré en casa y en todas las casas y hasta en los ómnibus y en los pararrayos, entonces te llevaré al Louvre para mostrarte un cilindro que descubrí hace poco, en la sala etrusca, y que no es en absoluto un cilindro etrusco entre otras razones porque los etruscos nunca tuvieron cilindros esos atrasados de mierda, pero el conservador o el radical del Louvre lo ha puesto en la sala de los etruscos de puro cronopio que es, o porque no queda lugar entre los cilindros babilónicos. Y te lo mostraré, y darás grandes saltos.
Recibí hace varias calendas una carta tuya que después se me perdió gracias a un hespléndido hacto fayido, porque me pedías colaboración para no sé qué colección ornitológica o ictiológica (¿Cormorán y Delfín? ¿Tía Vicente?) (3). Desde luego no tengo nada para mandar, como no sea la cuenta del albañil que nos agregó una pieza a la casita de Saigón y que nos dejó tecleando por varios meses, el muy artesano. Si me pagan esa cuenta, se las dejo publicar; tiene unas faltas de ortografía muy decorativas, y en cierto modo es un acto letrista. La mejor parte es donde dice:
Sf. S.V.P., à raison de… 45, 67 fr., à valoirsur ch.p.,
soustrait de 54,25 fr. pour des imp. colmatés… 456,27 fr.
Hacía mucho que no leía un poema tan ceñido. Ni tan caro.
Qué bonita la edición de tu libro. La tapa me dejó maravillado. ¿La hiciste vos misma? No es nada frecuente que en Buenos Aires salgan libros tan cuidados y con un papel y unas tintas tan buenos. El azul es hermosísimo, y la erótica viñeta (ya sé, ya sé, pero es así, cada uno ve lo que puede) me parece perfecta. Te discuto un poco el título; no me acaba de gustar. Será quizá porque toda mención del trabajo me estremece.
Pocos serán los elegidos por tu libro, me temo. Pocos habrán vivido en la dimensión que permite encontrar tanto con tan poco —aparentemente— correlato verbal. No es que yo tenga nada contra los poemas largos (los Olga, por ejemplo, son maravillosos, y tengo que escribirle sin falta uno de estos meses; lo haré desde Saigón, decíselo si la ves; tardé mucho en leer su libro, por esas cosas, pero ahora sí, ahora es mío y me ha dado todo lo que tiene, creo, y me ha hecho muy feliz, a mi manera de ser feliz, y a la manera de ella, of course; nos entendemos). Sigo: no es que yo tenga nada contra los poemas largos, pero siempre hay como un milagro en un gran poema breve. (Esos hai-kai, a veces, o Natalia Crane, o Char, a veces, o Juarroz).
Aurora está grillando un bifacho, y llega el bálsamo hasta mi hestudio. ¿No te parece una noticia sensacional? La gatita negra acaba de ver una paloma en la pawlownia y se ha trepado como una loca a ver si la chapa. Debo admitir que en este momento no se te parece nada. Yo puedo verte muy bien persiguiendo palomas pero seguro que pondrías una buena escalera contra el tronco y te ajustarías un paracaídas. La paloma emprendió el vuelo, como dicen ahora por tus pagos.
No me guardes rencor (¿cómo podrías? ¡Imposible!) y escribíme. Mi silencio, diría Binetti, es una operación cósmica por la cual las begonias se convierten en miel. Pero ahora que lo pienso nunca vi una abeja en una begonia, seguro que les repugna.
Te quiero mucho,
Julio
1 Así llamaba Cortázar al trío de amigas formado por Claribel Alegría, Esther Calvino y Aurora Bernárdez.
2 Los trabajos y las noches.
3 Cormorán y Delfín, revista de poesía. Tía Vicenta, revista humorística.
***
Imagen 1: foto de Julio Cortázar.
Texto: Julio Cortázar. Cartas 1964-1968. Editorial Alfaguara.
Imagen 2: Gata y paloma.
22.4.10
La luz caída de la noche
vierte esfinge
tu llanto en mi delirio
crece con flores en mi espera
porque la salvación celebra
el manar de la nada
vierte esfinge
la paz de tus cabellos de piedra
en mi sangre rabiosa
yo no entiendo la música
del último abismo
yo no sé del sermón
del brazo de hiedra
pero quiero ser del pájaro enamorado
que arrastra a las muchachas
ebrias de misterio
quiero al pájaro sabio en amor
el único libre
Nota (texto): Las aventuras perdidas (1958).
Nota (imagen): “La jaula del pájaro” de Nicoletta Ceccoli.
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