17.11.06

In memoriam: Alejandra Pizarnik

Literatura

In memoriam: Alejandra Pizarnik

(* 29.4.1936 - Ü 24.9.1972)

Ricardo Bada



Muchas, y muy calificadas, habrán sido las voces que hayan celebrado hace unos días el centenario del nacimiento de Luis Cernuda. Y no es para menos. Cuando nadie hablaba de él, cuando estaba poco menos que náufrago en el Leteo más crecido, gracias a Carlos Barral descubrí toda la poesía de Cernuda asequible en aquellos momentos, y con esa audacia maximalista que a veces se adueña de mí, les dije a mis amigos que se olvidasen de García Lorca y de Salinas, de Jorge Guillén y Alberti, porque el gran poeta de la generación del 27 es Luis Cernuda.

Sigo pensándolo así, y a mis 63 años es bastante difícil que vaya a cambiar de opinión. Pero respeto al cien por cien las de ustedes, quiero que conste en acta, como se dice en las películas americanas que transcurren en los tribunales.

Ahora bien, como estoy seguro de que Áncora no ha dejado pasar sin su debido recuerdo el centenario del gran Cernuda, de quien hoy quiero hablarles es de Alejandra Pizarnik, la poeta argentina que se suicidó hace treinta años, el 24 de setiembre de 1972, en Buenos Aires, mi Buenos Aires querido, su también Buenos Aires querido.

En estos días ha aparecido en España una antología que se titula Las ínsulas extrañas, y que se propone como un canon de la poesía en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX. En ella no figuran nombres como los de Álvaro Mutis, Mario Benedetti y Alejandra Pizarnik, y al respecto de esta última ausencia, una de las cuatro personas responsables de la antología, la poeta peruana Blanca Varela, ha dicho lo siguiente: "Cada poema elegido tenía que ser aprobado por unanimidad. Los cuatro teníamos nuestras listas y leíamos los versos. Luego discutíamos. Alejandra Pizarnik no pasó el examen: pensábamos que había más literatura en torno al personaje que en su propia obra".

De alguna oscura manera creo que tiene razón en lo que dice, y sin embargo, me duele que Alejandra Pizarnik no encontrase un hueco en ese canon. Como me dolería que lord Byron no figurase en el canon de la poesía inglesa del XIX solo porque hay más literatura en torno a él que en su propia obra, para decirlo con las mismas palabras que la antóloga de Insulas extrañas.

Creo, también de alguna oscura manera, que hay poetas cuya poesía es su vida. En el caso de un Arthur Rimbaud se da la fenomenal coincidencia de una gran poesía escrita y una gran poesía vivida y sufrida. No es lo habitual. Pero hay más ejemplos, y pienso en otro de los dioses de mi parnaso: León de Greiff. O en ese cholo divino que fue César Vallejo, quien padecía el don de ser profeta y anunció su propia muerte en versos que todos conocemos. ¿Y Konstantinos Kavafis y Fernando Pessoa: es que no cuentan sus vidas entre sus mejores poemas? ¿Y Pushkin, que oído recitar en su original es como si estuviésemos escuchando hablar a la pachamama rusa, y saber de su destino hace pensar en el sacrilegio? ¿Y Hölderlin, por los dioses todos, Hölderlin, cuya vida es la más trágica elegía jamás vivida por un elegido de esos mismos dioses?

De acuerdo, dirán ustedes, pero al mismo tiempo que su vida fue poesía, escribieron una poesía imperecedera. De acuerdo, contesto yo: y me pliego con el corazón adolorido ante el dictamen de los sabios. Alejandra Pizarnik, a lo mejor (a lo peor), no daba el nivel que requería ese cuadro de honor de la poesía en la segunda mitad del siglo XX.

La recuerdo, pequeña y desconcertada, aquél día de 1967 en que alguien nos presentó al término de una velada poética que tuvo lugar en una galería de la calle Florida, en Buenos Aires. Desconcertada, explico, al enterarse de que soy español y hablaba como un latinoamericano. Fue un encuentro fugaz del que solo retengo el asombro de sus ojos cuando luego, más avanzada la noche, me oyó recitar "El pasado efímero", de don Antonio Machado, en casa de unos amigos comunes, y creo que supo que las ces y las zetas no me abandonarán nunca jamás cuando se trate de lo más hondo de la poesía: allí donde la fonética define el sentido de un poema, donde no es lo mismo decir "del pasado masiso de la rasa" que decir "del pasado maCiZo de la raZa". Y ese recuerdo de sus ojos, es, si así lo quieren ustedes, mi homenaje a Alejandra Pizarnik en estos treinta años desde que nos dejó.


Nota: Artículo tomado del periódico La Nación, Costa Rica. http://www.nacion.com/ancora/2002/noviembre/24/ancora2.html

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo amo a Alejandra y su obra, pero tambien creo que su vida y suicidio contribuyeron para su valoración en muchisimos ambitos... Es una gran poeta, pero yo misma no se si la hubiera leído con la misma atención de no haber sabido algo de su historia personal...
Saludos

Anónimo dijo...

Yo amo a Alejandra y su obra, pero tambien creo que su vida y suicidio contribuyeron para su valoración en muchisimos ambitos... Es una gran poeta, pero yo misma no se si la hubiera leído con la misma atención de no haber sabido algo de su historia personal...
Saludos

Anónimo dijo...

Yo amo a Alejandra y su obra, pero tambien creo que su vida y suicidio contribuyeron para su valoración en muchisimos ambitos... Es una gran poeta, pero yo misma no se si la hubiera leído con la misma atención de no haber sabido algo de su historia personal...
Saludos

Carmen López Iglesias Patente dijo...

Te agradezco me pongas en conocimiento de esta verdadera animalidad de esos auténticos mierdas que se autollaman o el academicismo vida facilitada, ¡y examinan que si otros vivieran unas eternas adolescencias al calor de sus papás, estos verdaderos parásitos de la lengua los sentimientos!, les llama ¿poetas? ¡Hosú con su poesííía de muchas ííí acentuadas tan nada y tan mierda, dedicada en el cobarde cuerpo que tienen, ya que alma no, a pergeñar antologías=suicidios-asesinatos de la gente que vale encumbramiento de los mierdas cual ellos!
Carmen López Iglesias http://soloveorosas2.blogspot.com

Alvaro dijo...

En un espacio físico bastante hostil, me encuentro con tu blog y lo devoro. Me puedo ir feliz acasa. Gracias.

la maga dijo...

¡Gracias a los tres: Flora, Carmen y Álvaro! Recuerden que este espacio es suyo y mío, por supuesto.

Vuelvan cuando quieran y hablen siempre...

"Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición."

Alejandra Pizarnik

¡Besos!

La Maga

meridiana dijo...

Bueno pues no concuerdo para nada con el mentado canon, y confieso que Blanca Varela es una de mis poetas preferidas. Ahora si tengo que elegir... me quedo con Alejandra, por suerte la poesía nos permite diferentes caminos.

Que la obra de Pizarnik tiene su peso en el personaje es desconecer la calidad absoluta de su poesía, su obsesivo trabajo con el lenguaje, su búsqueda de perfección, muy lejos de la mera pose chica desválida y suicida.


Saludos

Lilián