29.6.12

Las máquinas de escribir de Alejandra Pizarnik


25 de noviembre (1955)

    Pensé que, teniendo la máquina de escribir, ya no necesitaría más estos morbosos cuadernillos, Mas creo que no es así: escribo como siempre, por lo de siempre, me estoy ahogando.
    El calor me inunda dejándome yerta de fatiga, débil, amargada. Vnego del mundo, de ese mundo que no es mío, del mundo exterior.
    ¡Oh, claro que no entiendo mi tierra! Dura y cruel falacia. Mi pureza. Mis cánticos. Todo derruido y enviado lejos, allá, al cajón de las cosas onservibles.
    ¡Poesía! ¡Dulce poesía de Huidobro y de Vallejo!¿Dónde estás? ¡Dónde tus cristales han venido a quebrarse? Sí. Ahora comprendo claramente que la asesinan. Mejor dicho, la asesinamos. Recorro mi breve itinerario lírico y me vuelvo loca de dolor, de remordimientos. Yo he contribuido (contribuyo) a perderla. Millones de epígonos con cuadernillos indigestos que vagan junto a los prostitutos del arte a comprar una aprobación. Excusas: juventud, inexperiencia, falta de tiempo, cotejo con los arrastrados inferiores aun que uno mismo. ¡Oh, infierno de mis horas! ¡Oh, calumnia de mi alma! ¡Crispación de mis dones naturales! ¡Mercachifle vana y superflua! ¡Meretriz del arte!



***
Imágenes: máquinas de escribir pertenecientes a Alejandra Pizarnik y mostradas durante el homenaje en el museo Larreta, Buenos Aires, Argentina. La fotografías fueron tomadas de Hablo de mí y 5.1. megapixels. Prohibido irse de Buenos Aires.
Texto: transcrito de los Diarios (Lumen) de Alejandra Pizarnik.

3 comentarios:

Aitor Artaiz dijo...

Este blog revive a Alejandra Pizarnik haciéndola salir de los libros de mi estantería y aparecerse en este ordenador de rutina y trabajo gritando desde ese mundo tan puro de existencial y poético que era, digo es, el de ella.
Muchas gracias a quien (o quienes) lleve el blog haciendo de secretario de ella.

Laura dijo...

Comentarios como el tuyo, Aitor, son siempre agradecidos. Ser la secretaria de Pizarnik, como lo decís, es mi trabajo predilecto en este momento.

Albin Arlane dijo...

la máquina de hacer sueños